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Feministas consideran impostergable un proceso constituyente

Contribución al articulo de Feminicidio (18/06/2014)

  1. Referéndum: ¿ sí o no?, ¿Por qué? 
  2. Proceso constituyente: ¿sí o no? ¿Por qué?

1.- Resulta inexplicable e injustificable el temor de los gobernantes a usar la fórmula del referéndum en general y, ahora en particular, sobre un tema de tal trascendencia como el modelo de Estado. Aunque algunos insistan en que el debate entre monarquía y república se cerró con el respaldo ciudadano a aquella constitución, se equivocan. La importancia de la cuestión hubiera merecido un referéndum específico antes de elaborar la constitución, y esta tendría que haberse redactado después de que la ciudadanía eligiera si quería una monarquía o una república. Por lo tanto, referéndum sí, ya que nunca nos hemos pronunciado explícitamente sobre este punto. Personalmente, yo votaría a favor de una república. Sin embargo, la república por sí misma no garantiza nada, sólo es la base sobre la que construir un nuevo sistema social y político basado en la igualdad y la democracia. Y para ello es necesario e imprescindible un nuevo proceso constituyente, abierto, participativo y transparente. Es decir, todo lo contrario que en 1978.

2.- Me gustaría un proceso constituyente en el que los partidos fueran un actor más, una herramienta para la participación, y en el que se involucrara a representantes de la sociedad civil y a personas sin ninguna vinculación a organizaciones de ningún tipo. En el que las consultas y debates fueran abiertos a toda la ciudadanía y se rindiera cuentas de las negociaciones y los procesos. Por supuesto, las mujeres y los movimientos feministas tendrían que estar presentes y bien representadas. Además este proceso constituyente no deberá solo decidir el modelo institucional y de protección de los derechos, sino que deberá incluir en los debates otros aspectos muy importantes y con influencia directa en la vida de las personas: el modelo productivo, energético y alimentario, la articulación de los cuidados o el sistema de protección social. Sin duda, trabajando y decidiendo sobre estos temas desde una perspectiva feminista, la desigualdad se reduciría y la vida de las mujeres mejoraría sustancialmente.

Mi deseo sería que este proceso constituyente terminara en una república democrática, social y ecológica. En la que se asegure el derecho a construir, participar y decidir de toda la ciudadanía; en la que las personas estén en el centro de las decisiones, y donde se respeten, defiendan y promuevan los derechos humanos, sociales y políticos, especialmente los de las mujeres; y que respete los límites del planeta para asegurar una vida digna a todas las personas.

Entre pitos y flautas, siempre sobran pitos

Las diLopez-Uralde-Rejon-Garzon_EDIIMA20140528_0752_13chosas gafas violetas. O como he leido en alguna ocasión, esa “manía” que tenemos las feministas de contar mujeres allá donde vamos. Lo malo es que ahora ni siquiera hace falta ir a ningún sitio: puedes contar desde casa y a cualquier hora. Abres twitter, lees un par de periódicos y las cuentas siguen sin salir.

¿Dónde están las mujeres de la izquierda? Hacer recuento de la presencia pública de mujeres representando a los partidos de izquierdas en debates, reuniones, fotos o entrevistas en las últimas dos semanas está siendo además de deprimente, un duro baño de realidad “desigualitaria” que debería hacer que nos replantearamos muchas cosas, como personas y como organizaciones.

A raíz del 25M y la reinvidicación republicana se han multiplicado y generado multitud de espacios mediáticos conjuntos con Izquierda Unida, Podemos y Equo. Las imágenes que nos dejan no sólo hacen daño por el exceso de testosterna visual que desprenden, sino porque ponen en evidencia la ausencia total de mujeres con peso en todos y cada uno de los partidos. Hagamos un repaso.

  • Izquierda Unida: No soy capaz de recordar el nombre de ninguna mujer dentro del aparato más consolidado. Dentro de las nuevas caras, ¿Tania Sánchez quizá? pero ni de lejos tiene el protagonismo mediático y político que se le da a Alberto Garzón por ejemplo (mención aparte merecen los bochornosos y patriarcales intentos de vincular su actividad política a su vida privada, por ejemplo el ABC)
  • Podemos: Tres caras visibles, tres hombres omnipresentes en los medios de comunicación. Teresa Rodríguez, segunda en las listas europeas apenas tiene visibilidad ni peso en la organización del partido (¿tendrá que ver que es Anticapitalista?). Hace unos días he oido por primera vez el nombre de Carolina Bescansa, una de las firmas que registra Podemos.
  • EQUO: La cara más visible es sin duda Juantxo López de Uralde. El liderazgo de Inés Sabanés es indiscutible en Madrid, pero tiene una visibilidad limitada fuera de la Comunidad. Tras la dimisión de Reyes Montiel, queda por ver como las mujeres de Equo, algunas muy activas y con peso en los territorios, gestionamos personal y colectivamente el desafío de no quedarnos fuera de estos nuevos tiempos políticos.

La paradoja es que estamos hablando de partidos que tienen asumidos los derechos de las mujeres y la lucha feminista en su programa, sus listas electorales son paritarias, y en el caso de Equo también todos sus órganos gestión. No voy a escribir sobre las razones sociales y culturales que interactuan e influyen en que por un lado las mujeres participemos menos en política, y que cuando lo hagamos tendamos a mantenernos (o a que nos mantengan) en un segundo plano. Asumo, que eso lo tenemos ya todas claro, y quien no, debería pensar en invertir un poco de tiempo en lectura feminista.

Pero también hay que preguntarse si la sociedad (y más concretamente el electorado y los simpatizantes de la izquierda) está dispuesta a aceptar a mujeres líderes. Hagamos un ejercicio de ciencia ficción crítica: ¿Estaríamos hoy hablando de Podemos si sus promotoras hubieran sido Paula, Juana Carlota e “Iñiga”? Si has dudado un instante la respuesta, por favor considera nuevamente dedicar algo de tiempo a lecturas feministas y a analizar la realidad desde la perspectiva de género. Por si necesitas un ejemplo: ¿por qué a Ada Colau, la única mujer con presencia mediática y liderazgo indiscutible dentro del cambio social que estamos viviendo, en una tertulia televisiva la descalifican llamándola “gordita” y a Pablo Iglesias “comunista bolivariano”? Razona tu respuesta.

Analizando las causas y razones de cada partido para explicar su situación, seguro que formalmente las encontramos razonables e irreprochables. Pero al igual que aceptamos que cuando el problema se replica mayoritariamente en individuos que comparten ciertas características, deja de ser personal para convertirse en político; debemos considerar que la ausencia de mujeres relevantes y con peso en los partidos de la izquierda es un problema estructural al que hay que dar respuesta.

Las mujeres que integramos estos partidos no podemos permitirnos quedarnos fuera de esta nueva realidad política que se está construyendo, tenemos que asumir nuestras propias responsabilidades en el cambio que queremos. Y los hombres…, pues deberían empezar a integrar la igualdad no sólo en sus relaciones personales con las mujeres, sino también en las políticas. A veces sus discursos y sus actos recuerdan mucho a aquella frase de Groucho Marx de “le dejaría mi silla, pero es que estoy sentado en ella”.

Insisto: no acuso, constato. Detrás de cada foto, debate, entrevista o acto, habrá unas circunstancias objetivas, pero al final, entre pitos y flautas, siempre sobran pitos.

Y además, el optimismo

OptimismoCoincidencia o Equo-telepatía, el caso es que esta mañana me he despertado con un debate interno parecido al que ha planteado hoy Guillermo Rodríguez sobre qué debe tener preeminencia en el discurso político: la acción inmediata o el horizonte deseable. Usando sus palabras: ¿Impactar o reinventar? (en referencia a Florent Marcellesi).

Ni que decir tiene, que ambos verbos son complementarios e irrenunciables en la acción política, y que están conectados por la ideología: en nuestro caso, la ecología política define un horizonte que condiciona y valida las acciones inmediatas. No se llega al horizonte, sin pequeñas acciones; y las acciones de impacto en Europa no tendrán sentido para nuestro proyecto si no contribuyen a llegar al horizonte que pretende reinventar Europa.

Este trabalenguas de horizonte y acciones nos demuestra que podemos jugar dialécticamente hasta el infinito, y que volveríamos una y otra vez al mismo punto: un partido político sin proyecto a largo plazo no tiene futuro, y representates políticos que sistemáticamente sacrifican el día a día por abstracciones ideológicas son catastróficos para las personas.

Mi reflexión matutina, sin embargo, venía de la mano del optimismo. Hay una frase de Chomsky que lleva unos días conmigo: “El optimismo es una estrategia para hacer un futuro mejor. Porque si no crees que el futuro puede ser mejor, no parece que vayas a dar el paso de responsabilizarte de que así sea. Si asumes que no hay esperanza, garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto por la libertad, hay oportunidad de cambiar las cosas, hay una oportunidad de que puedas contribuir a hacer un mundo mejor. Es tu elección”

Entiendo que quienes estamos en Equo somos optimistas: creemos en un futuro mejor, en que hay esperanza e instinto de libertad, y así hemos hecho nuestra elección. Mi preocupación es cómo contagiar este optimismo, cómo hacer ver a la gente que las posibilidades de cambio son reales y hacerles dar ese paso hacia la responsabilidad, primero individual y luego colectiva.

Desde el punto de vista de las elecciones europeas, le daba yo vueltas esta mañana a cómo hacer ver a la gente que nuestro proyecto de una Europa democrática, sostenible y para las personas (proyecto global, integrador y a largo plazo) es factible, realizable y posible. Y lo que se me vino a la cabeza fue trasmitir con la dignidad de las grandes decisiones estratégicas cada una de las pequeñas victorias que nuestrx eurodiputadx consiga en el Parlamento junto con el PVE: una frase que matice, un endurecimiento de condiciones, la visibilización de cierto problema… Y sin embargo, es necesario tener las cosas muy claras, tener bien orientada la brújula política para que ser consecuente con el horizonte al que aspiras y que tus votantes te han encargado defender.

La lista de aspectos y actos con los que un representante puede influir en la Política con mayúsculas es larga, pero también desconocida, imprevisible, ardua, y para que lo vamos a negar, muy poco glamourosa mediáticamente. En el caso de la política europea aún mucho más, debido al desconocimiento y la complejidad en la toma de decisiones en las instituciones europeas. No hay más que darse una vuelta por la equomunidad para ver lo que está costando traducir nuestros principios, nuestro horizonte, en propuestas concretas, en acciones dentro de las competencias europeas.

Pero nadie dijo que fuera fácil. El reto de nuestrx representante será lograr la máxima coherencia de sus acciones con nuestro horizonte dentro del marco europeo, nuestro reto como partido comunicarlo y trasmitirlo en cuatro ejes: el impacto, la ecología política, Europa y el optimismo. 

Imaginando la triste realidad

Hoy ha sido un día duro a la hora de conciliar mis roles de madre y candidata. La agenda de campaña no entiende de horas de cena infantiles, y la agenda de la red de apoyo familiar no entiende de política.

Esto me ha hecho reflexionar sobre las dificultades que tenemos la ciudadanía de a pie para participar activamente en la vida política. Empecemos por lo más obvio: los partidos políticos. A priori parece que no hay problema: no hay ninguna discriminación para afiliarse (bueno, para poner pasta, no suele haber problemas). ¿Y una vez dentro qué?

Pues yo me lo imagino de la siguiente manera: las posibilidades de acceder a puestos de responsabilidad, son directamente proporcionales a los años que lleves pegando carteles o currándote la protección de algún jerifaltillo local. Según tu apellido, las relaciones o la pasta que tengas, esta fase te la puedes saltar. Una vez dentro del meollo, nada de ideas propias y valores por los que luchar, hay unas directrices y consignas que vienen de arriba (a veces de tan arriba que vienen de fuera de la cúspide del partido: bancos, empresas, lobbies varios…) Y entonces, sólo entonces, si no has mordido la mano que apunta con su dedo el orden de las listas y tienes cierta valía (según tu apellido, las relaciones o la pasta que tengas, esto último no suele tenerse en cuenta) puedes tener la suerte de salir elegido representante de la ciudadanía y participar activamente en las instituciones.

Esto, repito, es como yo creo que funcionan la gran mayoría de partidos políticos. Si me equivoco, por favor que alguien me lo demuestre pero con hechos: elecciones primarias para conformar las listas electorales, independencia económica de bancos y empresas, debates internos abiertos a todas las personas afiliadas y simpatizantes, elaboración del programa abierta y colaborativa, organización horizontal y participativa…

Mi experiencia en Equo Euskadi ha sido bien distinta. Y como ejemplo, mi propio caso: madre de dos niños pequeños y profesional autónoma, sin experiencia política pero con ganas de participar y cambiar las cosas. ¿Qué partido en Euskadi me hubiera dejado ser cabeza de lista con estas credenciales? ¿Y qué partido hubiera dejado que dos de sus tres cabezas de lista tuvieran este perfil?

Desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento a las personas de Equo Berdeak que han apostado por hacer las cosas de distinta manera, y que no sólo nos apoyan a Mónica Monteagudo y a mí como cabezas de lista, si no que nos animan y nos arropan en nuestra responsabilidad como madres y candidatas.

Treinta años no es nada

Uno de mis primeros recuerdos es oir en casa que mi padre estaba en el paro. Yo no tendría más de 3 años, y sin embargo esa frase la recuerdo alta y clara. Siendo un poco más mayor, recuerdo parados pidiendo de puerta en puerta, acordarse solidariamente de los parados en Navidad y en general de ser consciente de que el paro era algo grave que afectaba a mucha gente.

Luego llegó el dinero europeo. Nos dedicamos a asfaltar, hormigonar y alicatar todo aquello asfaltable, hormigonable y alicatable (y si no lo era se decretaba como tal). Nos modernizamos y crecimos, el bienestar mejoró, nos convertimos en una sociedad de consumo y ocio, y el desempleo dejó de convertirse en preocupación nacional, que no en un drama para las personas que lo sufrían.

Y henos aquí, treintaytantos años después, en el mismo punto: cifras de desempleo inasumibles dentro una crisis económica a la que no se ve salida. La lección parece clara, la creación de empleo, sea cual sea su naturaleza, no es garantía de futuro para nadie, ni para las personas ni para el país.

Los únicos puestos de trabajo que pueden asegurar nuestro presente, y el futuro de nuestros hijos e hijas, son los empleos verdes o eco-empleos: puestos de trabajo de calidad, socialmente responsables que contribuyan a cambiar nuestro modelo económico y energético, haciéndolo viable en el futuro sea cual sea la coyuntura económica, financiera y productiva del exterior. Sectores como la agricultura ecológica, las energías renovables, la movidlidad sostenible, los servicios sociales o la conservación de la biodiversidad, están en crecimiento y expansaión y ofrecen además grandes posibilidades de devolver el protagonismo a la economía local.

Es una cuestión de voluntad política: invertir en generar empleo con fecha de caducidad o apostar por un empleo sostenible y durable en el tiempo. Y tú eliges a quién ha de tomar la decisión. No lo olvides.

De personas y máquinas

Cuando hablo o debato sobre pacificación, convivencia o el nuevo marco político de Euskadi, a veces tengo la sensación de hablar con máquinas de respuestas programadas y clonadas, para propagar verdades universales e inefalibles, en vez de con personas con voluntad de escuchar para aprender y comprender. Dicho de otro de modo, echo de menos cierta apertura de mente en mis interlocutoras.

EQUO Euskadi ha partido de cero para debatir y consesuar su postura sobre el nuevo marco político, oyendo todo lo que las personas afiliadas y sus simpatizantes teníamos que decir al respecto. El resultado es, desde mi punto de vista, una propuesta innovadora e integradora, que costará digerir sin la debida amplitud de miras. Pienso especialmente en dos puntos: la construcción de un nuevo marco político basado en una ciudadanía multi-identitaria y no en identidades nacionales; y la formación de una mesa social y ciudadana de diálogo.

Entendemos que hay que abrir el proceso de construcción y debate a toda la ciudadanía y no limitarlo a los partidos políticos. En primer lugar, porque no representan a toda la sociedad, sólo a su porcentaje de votantes, y además porque muchas personas, y más en estos tiempos que corren, desconfían de ellos como organizaciones al servicio del bien general. Y en segundo lugar, sería un error, además de arrogante, pensar que sólo en los partidos políticos podemos encontrar personas válidas y preparadas para llevar a cabo un debate de tal trascendencia para toda la sociedad.

La legitimidad del resultado dependerá de cómo de activa y participativa sea la ciudadanía en todo el proceso,  más allá de la simple aceptación o rechazo del producto precocinado entre bambalinas políticas. En cuantas más voces sumemos, más posibilidades tendremos de dar respuesta los importantes retos económicos, sociales, ecológicos e identitarios que tendrá que afrontar Euskadi en los próximos años.

Llamadme ingenua, pero yo tengo fe las personas; no tanto en sus creaciones.

Depende de ti

Me gusta pensar que soy parte del problema, porque eso me permite ser parte de la solución.  No se trata de entonar la cantinela del “por mi culpa, por mi gran culpa”, si no de ver que es lo que podría hacer yo para corregir las cosas, y si resulta que puedo hacer algo, entonces soy en parte responsable del problema porque no lo estoy haciendo.

Llevamos años (sí, años ya, desde 2008 más o menos) señalando culpables  de la crisis, Según de quien es la mano así apunta el dedo: Zapatero, los bancos, la clase política, la especulación financiera, las personas que han vivido por encima de sus posibilidades, la prima de riesgo, el estado del bienestar, la falta de productividad, el euro, etcétera, etcétera, etcétera.

Y nosotras, las personas de a pie, ¿qué hemos hecho para producir la crisis? Pues seguramente nada. ¿Qué hemos hecho para evitarla? Nada, tampoco.  Luego somos parte del problema. Busquemos la solución. Esto lo han entendido a la perfección las miles de personas que salieron a la calle para pedir un nuevo proceso constituyente, esto es establecer unas nuevas reglas de juego. (Digo esto porque si has seguido la noticia por la prensa es más que probable que no te enterases de qué era lo que estaban pidiendo).

Si hasta ahora no hemos prestado atención a la vida política, hagámoslo ahora; si nunca hemos hecho saber nuestro descontento o disconformidad a la clase política digámoselo ahora; si no estamos de acuerdo con el marco institucional, pidamos cambiarlo; si hemos votado a los que lo han hecho mal durante décadas, DEJEMOS DE VOTARLES DE UNA VEZ.

Las cosas se pueden cambiar, pero no se cambian solas. Depende de ti, de mí, de todas las personas que así lo queremos. En Euskadi tenemos una oportunidad dentro de 3 semanas aprovechémosla.

How are things in Spain?

A pesar de todo el pesimismo que rodea la vida pública y política,  las energías y la ilusión de la gente de EQUO Euskadi, junto con convencimiento de que nuestras propuestas no sólo pueden servir, sino que son la única alternativa para salir de la crisis, me ayuda a afrontar la realidad con optimismo. En el fondo creo que no podemos ser tan idiotas como para no darnos cuenta de lo inviable de un modelo basado en el crecimiento.

Gracias a mi trabajo puedo charlar a menudo con gente de diferentes países europeos, y la situación de cada país es un tema recurrente. La semana pasada, ya en los postres, cuando me creía libre de tener que explicar lo mal que nos va aquí por el sur de Europa, el colega italiano lanza un: How are things in Spain?  (clarísima vendetta por los años que llevamos trabajando juntos y en los que él ha tenido que explicarnos la Italia de Berlusconi). Rápido repaso mental a los titulares de la semana: rescate-intervención-préstamo-hazloqueyotediga (¡buf!), Eurovegas (¡qué vergüenza!),  la manifestación de Cataluña (identidad, independentismo, explicarlo otra vez ¡no gracias!), los recortes, la reforma del código penal, la manipulación informativa, … “Cristiano Ronaldo está triste”. Ni sé de donde me salió, todo el mundo rió y cambiamos de tema.

Me quedé pensativa. Acababa de comprobar personalmente la efectividad del fútbol para evitar temas importantes. Me sentí triste. Realmente sentía vergüenza de tener que explicar a donde nos están llevando. Busqué dentro de mí, y encontré esperanza, y encontré más personas que cómo yo están convencidas de que estamos a tiempo. Me acordé de mi granito de arena, y de la gran playa que estamos construyendo en EQUO Euskadi.

Y me sentí mejor.

¿Por qué Equo?

Desde mis tiernos 18 hasta mis estupendos 36, mi voto mantuvo una relación estable con cierta formación política de cuyo nombre no quiero acordarme. Algún que otro escarceo creo recordar en autonómicas y europeas, pero por lo general y a pesar de que no me llenaba y ya no había ilusión, no sé si la rutina o un más-vale-lo-bueno-conocido-que-lo-bueno-por-conocer, el caso es que en el último momento mi voto no se atrevía a cambiar de papeleta.

Y llegó el flechazo. En Junio de 2011 mi voto y yo conocemos Equo. Leemos sus manifiestos, devoramos sus ideas y nos damos cuenta de que es el momento. Rompemos con el pasado y nos lanzamos en brazos de la ecología política, redescubriendo la pasión juvenil  por cambiar el mundo.

Seguro que hay alguna copla que dice algo parecido a “cuanto más te conozco más te quiero”, y es que la ilusión de los primeros momentos se van cimentando y convirtiendo en una emoción serena y racional, que cumple con mis expectativas y me hace sentir especial por ser parte de este gran proyecto.

Y si tengo que elegir, no sabría con qué quedarme…” dice la segunda estrofa. “Y no es lo que tienes, sino lo que eres” continua la canción. Las personas que forman Equo Euskadi; la forma de funcionar abierta, transparente y democrática; el respeto más absoluto por el Planeta y quienes formamos parte de él;  las propuestas realistas y serias para responder a la crisis y cambiar la sociedad; el optimismo y convencimiento de que otra forma de vivir es posible. Esto es Equo.

Mi consejo, atrévete a conocer Equo, para amistad o lo que surja…

¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?

Mujer, 37 años, dos niños pequeños, perfil profesional polivalente y responsable de logística familiar. No vivo donde he nacido, y liquidez es lo que mejor define mi identidad. Sin trayectoria ni experiencia política,  escasa participación en movimientos sociales o asociaciones. Mi lejana formación en Ciencias Políticas, no era un presagio ni era vocacional, era pura curiosidad por entender el funcionamiento de las cosas para poder mejorarlas (al menos aprendí a diferenciar la Política de la politiquería). Siento como mío lo público, y como deber el aportar algo a la sociedad, al engranaje  que me mantiene y del que soy parte. Esa soy yo, la chica.

El sitio: Octubre 2012, elecciones autonómicas en Euskadi, cabeza de lista en Bizkaia por EQUO Berdeak. Una parte de sociedad que no entiende lo que pasa, que tiene miedo, que desconfía y que acepta lo que le imponen. Una clase dirigente que no responde a las expectativas, guiados por los meros intereses económicos, que no suelen concordar con el interés general.  Y a pesar del ninguneo de las personas, la democracia y los derechos humanos hay gente que se mueve, se organiza, trabaja por los demás, defiende lo que cree, que contagia su entusiasmo, y su confianza en que las cosas se pueden hacer de otra manera. Hay alternativas, EQUO Berdeak.

¿Y qué hago? ACTUAR, me cansé de limitarme a comentar la situación y quejarme sentada en el sofá de casa.