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Mujeres de Mongolia

Rosa Martínez y Guillermo Rodríguez

Artículo publicado en el blog de Guillermo Rodríguez Desde el Este (29/12/2014)

De la convivencia con familias nómadas mongolas puedes contar muchas cosas, revivir experiencias únicas e incluso sacar lecciones de vida. Sin embargo, elegimos compartir nuestras impresiones sobre el papel de la mujer en la sociedad de Mongolia. En los miles de kilómetros recorridos por estepas y desiertos, fuimos testigos de la invisibilidad y el silencio de muchas mujeres. Asumían la responsabilidad del hogar, del ganado, de la alimentación y del bienestar de los huéspedes, pero lo hacían desde la discreción, desde un segundo plano, que no era evidente, ni grosero, ni manifiestamente discriminatorio. Y sin embargo, para nosotros, viajeros occidentales con gafas violetas, la vida cotidiana de las mujeres en los ger no dejaba de sacudirnos una y otra vez en cada familia y en cualquier momento del día: no oíamos su voz, no compartían ni la conversación ni el momento de descanso que los hombres de la casa (maridos, padres, hermanos) disfrutaban con nosotros, los huéspedes, en el centro de la estancia, mientras ellas se movían en la sombra y el silencio de la periferia del hogar siempre ocupadas.

Y sin embargo, habíamos leído sobre el empoderamiento de la mujer en Mongolia. En los últimos años, las tasas universitarias de las mujeres han sido entre un 60% y un 70% mayores que las de los hombres. Quienes emprenden en Mongolia son ellas, en la medida en que los hombres se quedan con el ganado y abandonan la formación, y comprobamos que los negocios –tiendas, comercios o restaurantes– en núcleos urbanos como la capital o los polvorientos pueblos en medio del desierto eran gestionados mayoritariamente por mujeres.

Pensando en lo que vivimos en Europa, nos preguntábamos si esa liberación que percibíamos en las zonas urbanas tendría un impacto en el hogar y en la relación con sus parejas, si las familias de esas emprendedoras serían diferentes a las que habíamos conocido en la Mongolia rural: ¿sería la emancipación económica un primer paso hacia la emancipación real, como lo había supuesto en Occidente?

Foto de Rosa Martínez
Foto de Rosa Martínez

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Hemos de confesar que, en realidad, después de reflexionar sobre esa evidente invisibilidad de las mujeres, no éramos capaces de enumerar grandes diferencias con lo que hasta hace bien poco han vivido las mujeres españolas y siguen viviendo en muchos contextos: El desequilibrio en la carga de trabajo, la sumisión y el servicio a los demás (hombres, familia, huéspedes), el nulo valor o reconocimiento al trabajo de cuidados, la ausencia de voz… Es verdad que en nuestra sociedad se han producido cambios, y que en una gran parte de la sociedad la evidencia ha dejado paso a la sutileza en las formas de discriminación de la mujer. Pero la realidad es que la opresión y discriminación de la mujer hoy en Occidente viene dada precisamente por las aparentes conquistas de empoderamiento y libertad, que se han convertido en parte de los elementos sustentadores del patriarcado del siglo XXI: el trabajo remunerado fuera de casa que se convierte en doble jornada; la libertad para vestirse y mostrar el cuerpo que se ha convertido en la principal herramienta de objetivación sexual de la mujer; o la libertad sexual, que a menudo se ha subordinado a la sexualidad masculina.

El sometimiento de la mujer en las familias nómadas nos fue evidente. Y esto nos hizo por una parte darnos cuenta de que en realidad eran situaciones para nada extrañas o impensables en nuestra sociedad; y por otra recelar de la libertad y emancipación que la independencia económica puede traer a las mujeres mongolas, tal y como ha supuesto a las mujeres en Occidente. En realidad, lejos de hacernos sentir satisfechos por el camino recorrido, esta experiencia nos ha hecho pensar en la profundidad que todavía tiene la discriminación de la mujer en nuestra cultura. Y por supuesto, nos ha recordado la necesidad de continuar la lucha por la igualdad real de las mujeres, tanto allí como aquí.

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Por qué es imprescindible una política feminista

Rosa Martínez, coportavoz de EQUO y Carmen Muñoz, Red Equo Mujeres

Artículo publicado en Eldiario.es  (20/11/2014)

No deja de resultar curioso que en una sociedad donde la palabra feminismo aún ponga a la defensiva casi por igual a hombres y mujeres, izquierdas y derechas, nos encontremos de repente debatiendo en los medios de comunicación sobre el grado feminismo de los partidos políticos. Saquemos el “feministómetro” y pongámonos a medir: cómo de paritarios son los órganos de dirección, número de feministas por cada 100 militantes, referencias a políticas de la mujer en el programa, etc. Y esto, ¿de verdad importa?

Pues importa muchísimo. Primero porque demuestra que la conciencia sobre la desigualdad estructural entre hombres y mujeres ha salido de las esferas estrictamente feministas y ha llegado nada menos que a la política; y segundo porque se reconoce que hablar de mujer en términos de igualdad y con perspectiva de género es hacerlo desde el feminismo.

Sin duda, esta situación es parte del momento político en el que nos encontramos y en el que la ciudadanía quiere sacudirse las cargas de un sistema agotado política y socialmente. La transformación que se busca parte de los principios de igualdad y democracia. Algo que pasa inevitablemente por que la mitad de la población tengamos la mitad de todo . Históricamente en todas las luchas sociales y políticas se ha priorizado la lucha contra el sistema, con la promesa de ocuparse luego de las mujeres. Y así estamos, esperando desde la Revolución Francesa. No, las mujeres somos parte del todo y sólo incorporando el feminismo a la política evitaremos reproducir las desigualdades que queremos combatir. Ha llegado el momento de hacer política feminista, hacia dentro y hacia fuera. Sin duda, eso es parte de la nueva política.

Lo cierto es que, a pesar de que no esté bajo el foco mediático, EQUO lleva funcionando desde sus inicios de la manera en que la sociedad española pide hoy a gritos. Además de la horizontalidad, transparencia y democracia interna, funciona de forma feminista desde sus inicios. La paridad es una de nuestras señas de identidad: desde la coportavocía a cualquier órgano territorial.

Y sin embargo, no nos conformamos. La paridad ha de ser también política no sólo cuantitativa. Por eso, uno de los objetivos políticos que nos hemos marcado en esta nueva etapa es dar respuesta a los dos grandes retos que existen hoy en política desde el punto de vista feminista: lograr que más mujeres participen en política y fomentar y apoyar los liderazgos femeninos. La visibilidad pública de las mujeres en política, más allá de la foto en actos y ruedas de prensa, y su participación en los ámbitos de decisión, es decir allí donde está el poder, es condición sine qua nonpara una política feminista.

Pero esto no es suficiente. Nosotras creemos que los partidos políticos somos una herramienta de transformación social al servicio de la ciudadanía, y que el feminismo debe trascender nuestra propia casa. Un partido político será más o menos feminista en la medida en que las acciones y medidas políticas propuestas lo sean.

Aunque no se analicen como deberían, todas y cada una de las acciones políticas de las instituciones tienen un impacto positivo o negativo sobre la igualdad de género. Estos días ha aparecido una denuncia en los medios referida a que el estudio sobre el impacto de género de los presupuestos del Estado es insuficiente, no establece ningún tipo de recomendación, y además no utiliza la perspectiva de género. Exactamente a esto nos referimos: una política feminista analizaría las acciones planeadas desde la perspectiva de género, vería en que medida afecta a la igualdad social, económica o política de las mujeres y adoptaría las medidas correctoras necesarias, llegando incluso a desestimarlas si contribuyen a aumentar la desigualdad.

Si algo nos ha enseñado el feminismo es a mirar con otros ojos la realidad, a detectar y a luchar contra la discriminación y la desigualdad. Aplicado a la política, el feminismo nos muestra, por ejemplo, cómo el dinero público está contribuyendo a crear o reproducir desigualdades de género y con ello a perpetuar esterotipos sexistas.

No podemos dejar pasar la oportunidad de cambio que estamos viviendo para transformar radicalmente el sistema, no aceptamos parches cortoplacistas ni remedios parciales. En EQUO creemos que para que el nuevo modelo sea sostenible y socialmente justo debe incluir en sus planteamientos los límites del Planeta y el feminismo. Esta visión, apoyada en tres años de trabajo hacia dentro y hacia fuera, con unas propuestas serias y coherentes, creemos que nos convierte en un actor imprescindible para el cambio. Un cambio, que o será feminista, o no será. Al menos para la mitad de la población, algo que nos afecta a todas y todos en su globalidad.

Por fin, hablamos de la mujer

femninismPor fin hablamos de las mujeres en las Primarias de EQUO. Se ha debatido de muchos temas: democracia, energía, sector bancario, recortes sociales, política exterior, incluso de juventud. Pero nadie ha mencionado a las mujeres, hasta que hoy Florent Marcellesi reflexiona sobre Mujeres, Naturaleza e igualdad, y nos expone su opinión sobre los derechos reproductivos y sexuales.

Y es que estamos tan ocupadas cambiando el mundo, hablando de las grandes políticas, de alternativas, que nos olvidamos de que no hay cambio real sin igualdad real. Asumo mi responsabilidad como candidata, de no haber visibilizado y haber hecho presentes los problemas de los mujeres en los debates de la primera vuelta. Y me gustaría que todas las mujeres candidatas reflexionásemos conjuntamente sobre ello. A excepción de Carolina López, que abordó la cuestión de los cuidados y la militancia, el resto ¿Por qué no hemos hablado de nosotras? ¿Por qué se nos olvida nuestra lucha del día a día por ser consideradas como iguales en todos los ámbitos? ¿Por qué no hemos dado voz a esas mujeres que ni siquiera se plantean que la igualdad es un derecho fundamental no una concesión?

Si la dramática situación de la juventud en Europa merece nuestra atención y nuestro espacio en el debate, mucho más lo merecen las mujeres, ya que somos el 51% de la población en Europa. Hay que recordar que la mitad de la población en Europa, por el simple hecho de nacer mujer:

  • Es más pobre (las mujeres cobramos menos, tenemos empleos más precarios, somos mayoría en jornadas parciales, economía sumergida o simplemente nuestra tasa de desempleo es superior a la de los hombres).
  • Tiene más posibilidades de sufrir violencia (física, sexual o psicológica y con independencia de nuestra edad, lugar de residencia, clase social y educación)
  • Asume mayoritariamente los trabajos de cuidados y domésticos (de ascendientes y descendientes, por roles interiorizados, por presión social, por inercia, por ser mujer)
  • Tiene más díficil llegar a los ámbitos donde se toman las decisiones, en las empresas y las instituciones.
  • Se la valora por la imagen y la edad en mucha mayor medida que a los hombres (siendo esto un obstáculo para su desarrollo personal, social y laboral)
  • Su cuerpo es considerado un bien público que hay que regular y controlar (tanto en el sentido reproductivo como en el estético)

Y estas son sólo algunas de las cosas a las que las mujeres tenemos que dedicar mucha energía extra para sobrevivir. La vida y el sistema ya son de por sí duros, labrarse un presente y un futuro laboral cuesta mucho esfuerzo, el doble o el triple si hay que asumir el trabajo reproductivo, demostrar que somos personas y ganarnos el respeto; además cumplir con los cánones sociales de belleza y nuestro “destino” de ser madres. Reto a cualquier hombre a pararse a pensar en ello.

Primero la revolución, luego vuestros derechos” esta frase repetida desde la Revolución Francesa a compañeras de lucha en distintos momentos de la historia, muestra que no hay un orden cronológico en la resolución de la desigualdad de la mujer. Fracasaremos si nuestras propuestas no tienen en cuenta a la mujer y sus condicionantes sociales, culturales y económicos. Nuestros grandes planes de regeneración democrática, de transición ecológica de la economía, de hacer política para las personas no tienen sentido si no resuelven los problemas estructurales que hace de las mujeres ciudadanas de segunda.

Pero aquí estaremos las feministas, mal que les pese a algunos, para recordar que la mitad de la población tenemos problemas y limitaciones específicas; y que EQUO tiene que tenerlos en cuenta si de verdad quiere ser diferente. Y estaremos todas, las más y las menos activistas, las de unas corrientes y las de otras, las que teorizan sobre feminismo y las que sin más lo sentimos. Todas y todos los que sientan la lucha por la igualdad como suya deben integrar el feminismo en su discurso.

Esta es mi invitación, este es mi reto.

Cómo no, las personas

Esta entrada es un resumen mi contribución al acto colaborativo de presentación de candidaturas organizado por Equo Alava el 23 de Enero en Vitoria-Gasteiz. 

10336183-abstractas-personas-en-diferentes-situaciones-y-mapaDice una compañera que siempre hablo de las personas, de qué voy a hablar si no, pienso yo para mí. Leo a Iker Armentia reflexionar sobre las siguientes declaraciones de González-Pons “Una vez salvada la prima de riesgo, tenemos que dedicarnos a salvar a las personas”, y además de revolverme las tripas, me cuesta entender esa naturalidad de la clase política para deshumanizar y cosificar a las personas como otra parte más, de esta hacienda suya que regentan por mandato electoral irrevocable durante 4 años.

Se equivocan: las personas no somos un objeto más de administración, somos el único objeto de la política. Si cualquier aspecto de la acción política de un estado o administración no respeta y tiene en cuenta los derechos, las necesidades y la calidad de vida de las personas, deja de ser política y pasa a ser otra cosa.

Es difícil, hablar de una Europa de, por y para las personas en un contexto donde las decisiones de la Troika ha pasado como un rodillo sobre las personas. Y sin embargo, en las diferentes instituciones europeas encontramos áreas y líneas de trabajo, claramente en favor de las personas:

  • Lucha contra la pobreza: La Estrategia 2020 quiere una Europa inteligente, sostenible e inclusiva. El objetivo para 2020 es haber sacado de la pobreza a 20 millones de personas, para ello hay diferentes iniciativas desde dotación económica a través del Fondo Social Europeo como la coordinación de las políticas sociales y de inclusión de los estados miembros. El logro del objetivo es incierto, pero la importancia de poner en la agenda política la pobreza como problema y reto de Europa es muy relevante, en un contexto en el que todo vale a cambio de unos indicadores macroeconómicos, y que en nuestro entorno es un problema que no se aborda políticamente, porque no se reconoce políticamente.
  • Educación: La Estrategia Educación y Formación 2020 establece como objetivo de la educación el desarrollo personal, social y profesional de las personas. Es decir, no sólo somos potencial mano de obra. Además hace hincapié en la contribución de la educación a la cohesión social y a la ciudadanía activa. Ambos tienen una gran presencia en las políticas y estrategias de la UE, y se refieren precisamente a la capacidad de una sociedad de asegurar el bienestar de todos sus miembros y a la participación de las personas en la vida pública respetando los principios democráticos y los derechos humanos. Lo que en mi punto de vista, es por una parte poner el foco precisamente en las personas como objeto y sujeto de la vida política.
  • Igualdad de Género: Es uno de los principios fundacionales de la Comunidad Europea, teniendo en cuenta la fecha de la que estamos hablando (1957) hemos de considerar a Europa una pionera en este ámbito. Otro dato relevante es que Igualdad depende de la DG de Justicia, no de Asuntos Sociales como aquí estamos acostumbrados, lo que subraya el compromiso comunitario con la igualdad como un derecho fundamental. Aunque aún existen desigualdades la situación ha mejorado mucho en los 28 países gracias al trabajo hecho en la legislación, la introducción de la perspectiva de género en otras políticas y medidas específicas.

Sin embargo, el impacto es pequeño (o al menos no el deseable) y desde luego, no inmediato. En general, son áreas dentro de políticas subsidiarias, esto es que son competencia de los estados miembros, por lo que la UE, salvo que exista una voluntad política de los estados no puede imponerse. Aunque evidentemente todo este trabajo contribuye a la visibilización de ciertos temas, una influencia en las políticas y formas de hacer, nuevas líneas de trabajo, etc., los programas de financiación, no llegan a producir cambios estructurales. 

La clave está en definir los mecanismos necesarios para que la UE pueda hacer cumplir a los estados miembros los compromisos que adquieren voluntariamente. La cesión de soberanía de los estados a la UE no sólo es relevante en en las grandes políticas de estado, sino en otras muchas áreas que afectan directamente a la calidad de vida y derechos de las personas. Debemos, por tanto, buscar la manera de hacer valer y transferir los principios fundacionales de la UE (paz, solidaridad, igualdad, calidad de vida de las personas) a las políticas de los estados miembros. Y en este sentido, el Partido Verde Europeo trabaja desde el Parlamento Europeo precisamente por que las personas sean tenidas en cuenta en todas las políticas y estrategias europeas.

Y esta debería ser una prioridad de la persona que lleve la voz de Equo al Parlamento Europeo: poner las necesidades, derechos y calidad de vida por las personas en el punto del debate de cualquier iniciativa legislativa. 

Una de lazos

O de lila y rosa; o de Octubre y Noviembre. Muy de mujeres, eso sí. O sólo de mujeres, dos lazos que representan y visibilizan causas de dolor, sufrimiento y muerte entre mujeres.

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No deja de sorprenderme la popularidad del  lazo rosa como símbolo solidaridad y reconocimiento de una enfermedad, que hasta hace bien poco era innombrable, mortal en muchos casos y con consecuencias inaceptables para la feminidad imperante. Octubre cubrió las redes sociales y el “whatsapp” de rosa, Chanel regalaba lazos a las puertas de las perfumerías, muchas las carreras y actos de concienciación, además de las consabidas cuestaciones. Todo muy solidario y con cierto tufillo de apoyo a causa benéfica más bien inofensiva (socialmente, se entiende).

Llega noviembre, y en la agenda de los medios de comunicación toca hacer recuento de mujeres asesinadas y denuncias de malos tratos; e incluso, a veces, con un poco de suerte se recuerdan otros tipos de violencia que sufrimos las mujeres. Y yo, ingenua de mí, que he vivido el cáncer de mama muy cerca en mi familia, y sé como han cambiado las cosas gracias a mucho años de lazos rosas, me sorprendo de que apenas 2 o 3 puntos o lazos lilas tiñan los perfiles de las redes, de que prácticamente no se vean en la calle; de que ninguna marca comercial contribuya a su visibilización y de que se hable otra vez de las denuncias falsas y de crímenes pasionales.

No se lleva el lila, ni en lazo ni en punto. Como sociedad nos hemos concienciado del daño de mutaciones genéticas, invertimos en luchar contra ello y tratamos de mejorar la situación de las afectadas, a las que, por cierto, nadie hace responsable del sufrimiento que padecen. Y sin embargo, se habla de las víctimas de la violencia machista con ambigüedad, los medios dedicados son muy escasos y apenas hay iniciativas que vayan a la raíz del problema.

Me endemonia este doble rasero de visibilización. Me repugna el “glamour” mediático que rodea a la sensibilización del cáncer de mama y la hipócrita indignación del recuento anual de víctimas mortales, seguidas de cualquier noticia, chismorreo o comentario sexista que sustenta la violencia contra las mujeres. Cuando un 25 de Noviembre contribuyamos monetariamente en la calle al sustento de programas de apoyo a mujeres maltratadas a cambio de una pegatina lila; cuando una marca comercial de público femenino declare invertir parte de sus beneficios en la lucha contra la violencia machista; cuando como personas empaticemos de la misma manera con la mujer que ha superado un cáncer de mama como la que ha hecho frente a su agresor en cualquiera de los niveles de violencia; y sobre todo cuando las instituciones dediquen los recursos necesarios a programas de prevención, educación y apoyo a las víctimas de la violencia de género. Entonces sí, me creeré que como sociedad, nos lo estamos tomando en serio.

Bueno, o al menos tanto como el cáncer de mama. Por desgracia, los derechos y la calidad de vida de las mujeres no suelen tomarse muy en serio.

Importa nuestra voz, no nuestro aspecto

noviolar2Doy fe que una vez que te pones las gafas moradas no dejas de ver actitudes, hechos y comentarios patriarcales allá donde miras; y de la misma manera, puedo aseguraros que tras leer “El mito de la belleza” de Naomi Wolf, le das una segunda vuelta de tuerca a cualquier discusión sobre la imagen de la mujer. Hace unas semanas una parte de la sociedad puso el grito en el cielo (y con razón) porque la televisión pública incluyó un noticia sobre un taller para padres (parece que no para madres) sobre la ropa provocativa de las adolescentes. La mayor parte de las reacciones clamaban contra la ola de moralina conservadora, mogigata y rancia que nos inunda, que sin duda es parte de la bien orquestada ofensiva de este nuestro gobierno (me abstengo de ponerle un adjetivo) contra las conquistas feministas. Estoy de acuerdo en que es una barbaridad considerar el aspecto físico de las mujeres como un asunto de importancia pública, pero echo de menos otra lectura.

Primero por qué creemos que si una mujer lleva cierto tipo de ropa está provocando (intentando excitar el deseo sexual en alguien, según la RAE). Enseñar el sujetador con una camiseta de hombro descubierto es provocar, pero enseñar los calzoncillos con unos pantalones de cintura baja es simplemente una moda desaliñada. Pero, ¿qué podemos hacer si en esta sociedad sólo existe, porque sólo se manifiesta, el deseo sexual masculino?. A las mujeres nos enseñan a ser  objeto de deseo, y no a desear. Y muy a pesar de algunos, las mujeres tenemos deseo sexual.

Segundo, quién decide lo que provoca el deseo sexual y lo que no. Obviamente, es una opinión subjetiva: no importa qué tipo de ropa lleves, qué actitud tengas; si un hombre dice que le has provocado, esto es aceptado y admitido por la sociedad como algo irrefutable, y puede justificar casi cualquier comportamiento. En este sentido, si la seguridad de las mujeres depende de la opinión de los hombres, por favor dennos algo cuantificable a lo que atenernos (falda 20 cm., escote 8 cm…).

Tercero, ¿cómo pueden las adolescentes en particular, y las mujeres en general, superar o conciliar la contradicción de mensajes que les llegan desde la sociedad? Juegan desde muy pequeñas con muñecas hipersexualizadas (Barbies, Bratz, Monster High)y según van creciendo las revistas y la publicidad las bombardean imágenes en las que se identifica belleza con sensualidad. Pero así todo aún se espera de ellas que no enseñen demasiado y la promiscuidad y la búsqueda activa de relaciones sexuales están mal vistas.

Y finalmente, ¿por qué hacemos responsables a las mujeres de los comportamientos de los hombres? ¿por qué queremos enseñar a las mujeres a no provocar en vez de enseñar a los hombres a no sentir el aspecto de las mujeres como una provocación? Si la preocupación de la sociedad es la seguridad de las mujeres, creemos un mundo seguro para ellas, no las obliguemos a esconderse bajo un burka o bajo un jersey de cuello alto. Enseñemos a los niños, a los jóvenes y a los hombres que el cuerpo y la mente de una mujer le pertenecen sólo a ella, y que ninguna prenda de vestir, comportamiento o palabra justifica no sólo una agresión, sino cualquier falta de respeto. 

Imaginando la triste realidad

Hoy ha sido un día duro a la hora de conciliar mis roles de madre y candidata. La agenda de campaña no entiende de horas de cena infantiles, y la agenda de la red de apoyo familiar no entiende de política.

Esto me ha hecho reflexionar sobre las dificultades que tenemos la ciudadanía de a pie para participar activamente en la vida política. Empecemos por lo más obvio: los partidos políticos. A priori parece que no hay problema: no hay ninguna discriminación para afiliarse (bueno, para poner pasta, no suele haber problemas). ¿Y una vez dentro qué?

Pues yo me lo imagino de la siguiente manera: las posibilidades de acceder a puestos de responsabilidad, son directamente proporcionales a los años que lleves pegando carteles o currándote la protección de algún jerifaltillo local. Según tu apellido, las relaciones o la pasta que tengas, esta fase te la puedes saltar. Una vez dentro del meollo, nada de ideas propias y valores por los que luchar, hay unas directrices y consignas que vienen de arriba (a veces de tan arriba que vienen de fuera de la cúspide del partido: bancos, empresas, lobbies varios…) Y entonces, sólo entonces, si no has mordido la mano que apunta con su dedo el orden de las listas y tienes cierta valía (según tu apellido, las relaciones o la pasta que tengas, esto último no suele tenerse en cuenta) puedes tener la suerte de salir elegido representante de la ciudadanía y participar activamente en las instituciones.

Esto, repito, es como yo creo que funcionan la gran mayoría de partidos políticos. Si me equivoco, por favor que alguien me lo demuestre pero con hechos: elecciones primarias para conformar las listas electorales, independencia económica de bancos y empresas, debates internos abiertos a todas las personas afiliadas y simpatizantes, elaboración del programa abierta y colaborativa, organización horizontal y participativa…

Mi experiencia en Equo Euskadi ha sido bien distinta. Y como ejemplo, mi propio caso: madre de dos niños pequeños y profesional autónoma, sin experiencia política pero con ganas de participar y cambiar las cosas. ¿Qué partido en Euskadi me hubiera dejado ser cabeza de lista con estas credenciales? ¿Y qué partido hubiera dejado que dos de sus tres cabezas de lista tuvieran este perfil?

Desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento a las personas de Equo Berdeak que han apostado por hacer las cosas de distinta manera, y que no sólo nos apoyan a Mónica Monteagudo y a mí como cabezas de lista, si no que nos animan y nos arropan en nuestra responsabilidad como madres y candidatas.