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#Cofrentes17: La lucha por poder luchar

Cuando la noCofrentes17ticia es que quien lucha por un mundo mejor se sienta en el banquillo de los acusados, sientes que algo está mal, muy mal. Sientes que no puedes llamar justicia a un sistema en el que las acciones pacíficas de protesta se convierte en un riesgo para la integridad de los participantes o simplemente son delito.

Algo no funciona, cuando la única manera que tiene la ciudadanía para expresar su descontento con el sistema es realizar acciones llamativas para poner en el centro del debate político cuestiones de máximo calado para nuestro presente y nuestro futuro. Si los medios de comunicación no respaldan el debate, si las autoridades emprenden políticas sin oir a la ciudadanía, si no hay foros de discusión y participación en la toma de decisiones estratégicas ¿qué nos queda para hacernos oir?

La acción de la armada en Canarias y el juicio a los activistas de Cofrentes se enmarcan dentro de la gran tradicción activista y de protesta de Greenpeace en defensa del medio ambiente y despertando conciencias sobre las consecuencias que la acción de la humanidad tiene sobre nuestro entorno. Pero no son los únicos, personas de toda condición y edad están sufriendo también los recortes en derechos fundamentales como la libertad de expresión o de manifestación. Las cargas policiales, las multas, la denegación de permisos, las detenciones… todo es parte de una estrategia de miedo y disuasión a la protesta que se verá reforzada y sancionada con rango de ley si finalmente se aprueba la llamada Ley Mordaza.

#Cofrentes17 es un símbolo de la lucha antinuclear, sí, pero también de quienes arriesgan por ir a contracorriente, por denunciar los abusos del sistema, por representar opiniones contrarias a la política y a la economía de los poderosos.

Apoyo a #Cofrentes17, y a todas y a cada una de las personas que se arriesgan, cada día un poco más, por hacer llegar su lucha allí donde el poder no les deja: a los medios de comunicación y al debate político. Tenemos derecho a protestar, y seguiremos haciéndolo, pacífica y constantemente.

La energía, siempre la energía

Estos días hemos vivido tres noticias a cual más vergonzosa e indignante: La indemnización a FLorentino Pérez por el Proyecto Castor, el ataque de la armada a activistas Greenpeace que protestaban contras las prospecciones en Canarias y el escándalo de 3.500 millones de euros perdonados a las eléctricas hasta 2010. ¿Qué tienen en común estás 3 noticias?

La energía, siempre la energía. ¿Por qué no cambiamos entonces el modelo energético?

Conclusiones #EnergiaYEmpleo

EnergiaGEF_BilbaoEl pasado 4 de Abril se celebró en Bilbao una jornada organizada por la Green European Foundation y la Fundación Equo sobre Energía y Empleo. Aún no siendo una experta en energía y todas sus vertientes y derivadas, me tocó presentar las conclusiones de todo lo mucho e interesante que se habló a lo largo de la mañana.

La primera idea que me vino a la cabeza es que hablar de energía y empleo supone abordar dos cuestiones claves en nuestra sociedad: por una parte la creación de empleo que no es ya una prioridad, sino una urgencia en un país con 6 millones de parados; y por otra hablar de energía supone abordar la base de todo nuestro sistema (económico, productivo, social y político).

Y después de todo lo oido lo que queda más que claro es la necesidad de cambiar el modelo energético. Alcanzar un modelo de generación de energía limpio, autónomo y sostenible; democrático y controlado por la ciudadanía; de generación distribuida y según las necesidades; que sea eficiente y respete los límites del Planeta. Sin embargo, el cambio de modelo energético para consolidarse y tener sentido tiene que venir ligado a un cambio en el modelo social, político, económico y de consumo. Sólo así podremos evitar que el nuevo modelo replique los errores del desfasado modelo que nos rige hoy: grandes centros de producción controlados por multinacionales, especulación y conflictos geopolíticos, despilfarro y pobreza energética.

Las renovables están tecnológicamente listas para el dar el salto e inicar la transición definitiva hacia un 100% de energía generada con estas fuentes de energías. En Euskadi por ejemplo, existen fuentes y tecnología suficientes para ir a objetivo de 100% renovables (aunque haya aún margen de mejora técnica en almacenamiento, por ejemplo).

¿Y qué pasaría si se decisiese apostar por el cambio, planificar e invertir en la transición hacia un modelo energético diferente? Pues que se crearían millones de empleos en Europa y en España. Y no sólo empleos de alta cualificación en investigación, generación y distribución; sino también habría millones de empleos para perfiles menos cualificados como por ejemplo en la rehabilitación energética de edificios (sector de la construcción). Sin embargo, para completar la transición de cambio de modelo y efectivamente no cometer los mismos errores de nuestro actual sistema estos empleos deberán ser dignos, de calidad y saludables, asegurando la igualdad de oportunidades y facilitando el acceso a ellos a los grupos sociales más castigados por el desempleo, como mujeres y jóvenes.

La pregunta más obvia es también la más fácil de responder: Si apostar por un nuevo modelo energético basado en las renovables, de generación distribuida, democrático y que utilice menos recursos, supondría dar una respuesta a dos de los grandes retos de nuestra sociedad, el empleo y el cambio climático ¿por qué no se está impulsando decididamente y desde ya mismo?

Pues porque no hay voluntad política. En primer lugar es escandalosa la falta de estrategia global y a largo plazo en cuanto política energética. En segundo lugar esta falta de visión de futuro y de responsabilidad viene dada por proteger los intereses económicos de las empresas energéticas (petroleras, eléctricas, etc.). En el caso de España, la amortización de las inversiones nucleares y de ciclos combinados de gas siguen condicionando la política energética de los sucesivos gobiernos. Pero además, me parece relevante que una apuesta por una producción de la energía basada en renovables y descentralizada, daría el control de la misma a la ciudadanía con la pérdida de negocio y especulación que supondría para las oligarquías. Y sin embargo, a nadie parece importarle que los que más sufren las consecuencias de este model injusto, oportunista y contaminante sean precisamente los que menos contribuyen a él por la injusticia que existe en el consumo (desde las familias que sufren pobreza energética en nuestro país a la brutal diferencia de consumo entre el Norte y el Sur)

Aunque analizando las personas que han intervenido, he de decir que hay mucha voluntad en cambiar el modelo, en las decisiones personales y las iniciativas ciudadanas: Joan Groizard, miembro de la Red Equo Joven e ingeniero, que renuncia a vivir en su Mallorca natal por poder trabajar en el sector de las renovables o las diferentes cooperativas (Goiner, Energia Gara, Barrizar, Igkarratu) que han apostado por un modelo de negocio que contribuya al cambio y mejore la calidad de vida de las personas.

Y las decisiones personales también son política, pero nos sigue faltando la política de las instituciones. Y en este punto, Florent Marcellesi, candidato de Equo a las elecciones europeas deja claro su mensaje: ecología y empleo van de la mano. Ver video aqui.

Un modelo con pocas luces

He de reconocer que en el día a día no pienso demasiado en el origen de la energía que consumo. Como casi todo el mundo, me acuerdo de Santa Bárbara cuando truena, y las subidas del petróleo, los accidentes nucleares o los datos sobre el cambio climático me recuerdan que estamos pagando un precio demasiado alto por preparar la cena, usar el ordenador, coger el coche el fin de semana o disfrutar de las luces de Navidad.

Esto es preocupante porque resulta que si no vemos u oímos el problema, este no existe. O sea que cuando hacemos una lista de cosas que queremos cambiar en el mundo, ésta está en directa relación con los titulares de los últimos días.

Las noticias sobre nuestro modelo energético suelen estar cuidadosamente elegidas para no alarmar demasiado a la población, recordarnos el poder de las multinacionales, asegurarnos de que hay petróleo y gas por mucho tiempo; y que tecnológicamente estamos tan avanzados que podemos permitirnos centrales nucleares y prospecciones de fractura hidráulica –fracking- sin riesgo alguno. ¡JA!

La verdad es que esta manera nuestra de producir energía no hay por donde cogerla. Debería ser limpia, segura y asequible, y es altamente contaminante, peligrosa y costosa. Tendríamos que usar fuentes de energías renovables, y nos agarramos a los combustibles fósiles (es más fácil especular así). Invertimos grandes, pero muy grandes, cantidades de dinero en traerla de muy lejos cuando podríamos producirla en nuestra casa (literalmente). La transición hacia un modelo más eficiente y sostenible debería ser prioritario en la agenda política, además de motor del cambio económico (eco-empleos, inversión en I+D…) y ni siquiera se debate.

Señores, señoras, es la hora de hacer propuestas concretas. ¡Necesitamos nuevas energías ya!