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Nos acordamos del agua

Artículo publicado originalmente en Eldiario.es (19/04/2015) 11078092_817201934995651_2188747313206450403_n

El pasado 3 de abril  Jose Luis Gallego escribía un artículo más que pertinente sobre la ausencia del agua en la agenda política. Argumentaba que más allá de la reinvindicación del acceso al agua como un derechos humano básico, nadie se acuerda del agua ni habla de ella como un bien imprescindible en el equilibro ecológico del planeta.

Estando muy de acuerdo con el planteamiento, no me resisto a hacer dos precisiones. La primera es que sí hay un partido político que defienda el agua y la incluya en su programa electoral; de hecho en el programa de las europeas de EQUO hay un punto específico sobre aplicación de la Directiva del Agua, algo que se ha incluido también en el  programa marco de las municipales de mayo 2015.

La segunda precisión es sobre la falsa dicotomía entre el derecho al agua de las personas y el agua de la naturaleza. Efectivamente, defender el acceso a un agua de calidad, con una gestión eficiente y transparente, sin tener en cuenta los condicionantes ecológicos del lugar donde viven esas personas es irresponsable. Eso comprometería seriamente el presente y el futuro del derecho que precisamente se quiere defender.

La separación ficticia entre sociedad y naturaleza está anclada en nuestra visión del mundo desde hace siglos. Aceptemos y reconozcamos que somos parte del medio ambiente, incluso las ciudades hormigonadas y asfaltadas en las que vivimos son naturaleza: tienen aire, se asientan sobre suelo y en ellas hay agua.

El agua efectivamente es imprescindible en nuestras vidas y nuestra sociedad. Y la gestión del agua debe ser algo transversal en todas y cada una de las políticas que se lleven a cabo desde las instituciones. Por ejemplo, la apuesta de modelo productivo que hagamos es clave para la sostenibilidad de nuestros recursos hídricos: la agricultura intensiva, la explotación de ciertos recursos energéticos (fracking o minería de uranio), la industria química o la siderurgia son sectores muy intensivos en agua o con procesos y residuos altamente contaminantes para el agua.

El agua que bebemos, el agua que defendemos como derecho humano, es el agua de la naturaleza: la de nuestros ríos, nuestros acuíferos, nuestros humedales, nuestros océanos, nuestra lluvia. No es posible garantizar ese derecho universal si no garantizamos el equilibrio y la calidad ecológica del agua que nos rodea.

Justicia social y justicia ambiental van de la mano. El buen vivir de las personas es precisamente eso: que todas las personas tengan sus necesidades básicas cubiertas, sus derechos garantizados, hoy y mañana en equilibrio con la naturaleza. En el siglo XXI hablar de derechos es hablar de ecología. Por eso nos acordamos del agua, porque como muchos otros derechos depende de políticas verdes para que efectivamente lo sea.

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El Buen Vivir: una alternativa al capitalismo

Resumen de la ponencia en la III Asamblea de Equo Asturias. 12 Claves de Futuro
Publicado en la web de Equo Asturias (15/02/2015)

Si en los años 60 los movimientos de lucha y reivindicación se les consideraban subversivos, era porque efectivamente buscaban subvertir el sistema y sustituirlo por otro diferente. En los últimos 15-20 años, lo que se ha buscado es consolidar y expandir nuestro concepto de desarrollo basado en la acumulación material. Esto se ha hecho sin tener en cuenta dos aspectos:

  1. Los límites el Planeta, no estamos teniendo en cuenta la imposibilidad material de que toda la población mundial produzca y consuma en los niveles que los países occidentales lo estamos haciendo en nombre del desarrollo;

  2. No cuestionamos el modelo ni el concepto de desarrollo, aunque esa acumulación material no está asegurada para la mayoría de la población, y aunque su mantenimiento es una amenaza para la seguridad, la libertad y la identidad de miles de millones de personas en el mundo.

Este tipo de desarrollo es el defendido y promovido por el capitalismo, un sistema explotador de personas y recursos que pone la democracia a su servicio con el fin último del crecimiento económico y la creación de riqueza. Pero este sistema en el que vivimos tiene tres grandes limitaciones que son las que están en el origen de la crisis social, económica y ecológica en la que nos encontramos:

  • Su visión economicista de la sociedad y de la actividad humana deja de lado todo aquello que no tiene valor monetario, sin importar el valor social que pueda tener: los trabajos de cuidados, la salud o la calidad del aire que se respira.

  • No redistribuye la riqueza material. El capitalismo genera desigualdades, que suponen la violación continua de derechos lo que inevitablemente mina la democracia.

  • Funciona de espaldas y a expensas de la naturaleza. Ha prevalecido la idea de que la sociedad es algo contrapuesto o que está fuera de la naturaleza, cuando la humanidad es parte de la naturaleza, y que todo nuestro entorno, incluidas las asfaltadas y hormigonadas ciudades son naturaleza.

El Buen Vivir

En este contexto mundial están surgiendo cada vez más iniciativas y propuestas que buscan un modelo diferente. Una de ellas es el concepto de Buen Vivir, que algunos países de Latinoamérica están incluyendo en sus constituciones, recuperando conceptos y filosofías de las comunidades indígenas. Sin embargo, no es algo tan lejano culturalmente ya que el Buen Vivir se nutre y recoge aportaciones de filosofías políticas occidentales como el marxismo, el ecologismo o el feminismo.

El Buen Vivir es otra manera de organizar y vertebrar los objetivos y los recursos de la sociedad de forma que se respeten los derechos de las personas, se construya un nuevo régimen económico y se recuperen las diversas soberanías que hemos ido cediendo a los poderes económicos.

Los derechos humanos, apoyados y ampliados con garantías sociales, económicas, ambientales son la base del Buen Vivir. La base y objetivo de toda acción política deben ser los derechos, pero unos derechos y ampliados que incluyan la justicia social y también la ambiental. Esto incluiría la alimentación, el agua potable, la energía, la vivienda; un acceso universal y gratuito a la sanidad, educación y servicios sociales, el derecho a un medio ambiente sano, y a la cultura y el ocio, siempre desde el respeto a la diversidad.

Respecto al nuevo régimen económico, la primera premisa es que debe estar en armonía con la naturaleza, esto es respetar los límites del Planeta, teniendo como objetivo la dignidad humana y la calidad de vida de las personas. La apuesta es una economía social y solidaria con otros valores que la competencia y el beneficio económico, como por ejemplo la dimensión colectiva de las actividades económicas.

Por último, el Buen Vivir exige el fortalecimiento de la democracia, con una mayor participación y la promoción de las decisiones conjuntas y comunitarias, en detrimento de las minorías que hoy ejercen el poder: élites poĺíticas y económicas.

Otro desarrollo y desmercantilización

Si bien mucho de lo defendido por el Buen Vivir se da o puede darse dentro del capitalismo, hay dos aspectos fundamentales que cuestionan el corazón de la lógica actual del sistema. Una es el concepto de desarrollo. Para el Buen Vivir una sociedad desarrollada es aquella que asegura las mismas posibilidades cuando no se tienen los mismos recursos. La calidad de vida, las oportunidades y las decisiones de las personas no deben ser fruto del azar y de las circunstancias. El desarrollo llegará cuando las condiciones materiales y económicas o culturales o de género, no condicionen las opciones de vida de una persona.

En segundo lugar, el Buen Vivir promueve la desmercantilización de los recursos naturales (agua, alimentación o energía), pero también de las personas. Tanto los recursos como las personas tienen que dejar de ser considerados como meros instrumentos de producción del sistema capitalista. Esto cambiaría la lógica imperante del funcionamiento de la sociedad, la economía y la política, la mercantil, dando paso a la lógica de los derechos.

Una transformación radical del sistema

Aplicar el Buen Vivir supone una transformación radical del sistema. Lo que se busca es un sistema que no genere desigualdad; no viole sistemáticamente los derechos humanos; no ponga en peligro el equilibrio ambiental y no anule a la democracia.

Para lograr esta transformación es imprescindible poner la ética en el centro de nuestras acciones: el respeto y cuidado de la vida debe ser el objetivo de la sociedad, no la economía. El crecimiento económico y el beneficio económico deben dejar paso a conceptos como libertad, igualdad, equidad, solidaridad como principios rectores del funcionamiento del sistema. Inevitablemente necesitamos construir, de forma democrática, sociedades democráticas que recuperen lo público, lo universal y lo gratuito.

El Buen Vivir es por tanto lo opuesto a lo que nos ha traído aquí y es, sin duda, el horizonte al que nos debemos dirigir para salir de aquí.

Sin ecología no hay futuro, sin mujeres no hay democracia

B7dwdYgCUAAXrzbEste post recoge algunas ideas de mi intervención en el I Foro del Sur de Europa, donde partidos verdes y de izquierda nos reunimos para intercambiar puntos de vista sobre las alternativas a las políticas de austeridad y neoliberales que se han impuesto a los estados del Sur de Europa.

 

La transformación radical del sistema a la que aspiramos debe tener como punto de partida la democracia y los derechos, pero con dos perspectivas claves: la ecológica y la feminista.

Para establecer este sistema social y económico han tenido que desmontar la democracia. Revertirlo pasa inevitablemente por reconstruirla. Esto significa una regeneración democrática del sistema y los partidos; y una verdadera democracia participativa en la que la ciudadanía sea agente activo en la toma de decisiones políticas. Sin embargo, no podremos llamarle democracia mientras la mitad de la población esté infra-representada en la política. No hablo sólo de porcentajes o de cuotas, sino de visibilidad, liderazgo, responsabilidad, poder. No hay más vieja política que la hecha exclusivamente por hombres.

Por su parte, los derechos deben ser la base, el objetivo y la guía de todas las políticas. Recuperar la política para las personas significa defender, asegurar y promover los derechos humanos y sociales. Sin embargo, la lucha por los derechos debe evolucionar con la sociedad, y debemos incorporar nuevos derechos claves en el siglo XXI, ambientales y digitales, y asegurar los derechos a colectivos a los que aún se les niega, LGTBi+, por ejemplo.

Hoy en día hablar de exclusión social es asumir la violación sistemática de los derechos humanos de las personas que en ella se encuentran. Las mujeres sufren en mayor número y con mayor fuerza la pobreza en nuestra sociedad, y gran parte de las personas que intentan atravesar las fronteras sur de Europa en busca de una oportunidad son refugiados climáticos (así en masculino, porque las mujeres migran mucho menos, y cuando lo hacen son doblemente explotadas por las mafias).

Estas breves ideas, son una pequeña muestra de que cualquier propuesta, alternativa, fuerza, coalición o visión de cambio sólo será realmente transformadora si:

  • incluye los derechos y la justicia ambiental. La lucha del siglo XXI será por el control de los recursos: energía, agua, alimentos ( necesidades básicas de las personas)
  • incorpora la lucha feminista, ya que no hay mayor opresión que la del patriarcado y no se puede obviar los derechos de la mitad de la población mundial.

A la hora de formar gobierno Alexis Tsipras ha tenido en cuenta la primera parte. Ha nombrado secretario de estado de Medio Ambiente a un miembro del partido ecologista que era parte de Syriza. Veremos que margen de maniobra tiene dentro del macro-ministerio de producción, pero el gesto es simbólico y asegura que al menos se dará la lucha en el gobierno por asegurar que la transción de la economía griega se haga con criterios ecológicos.

Sin embargo, una vez más, las mujeres se han quedado fuera de la revolución. Ni una mujer entre sus 11 ministros. ¿Significa eso que no hay mujeres capaces de dirigir un ministerio en Grecia o que Tsipras no ha querido mirar más allá de los tradicionales círculos de poder masculinos? La izquierda nos debe a las mujeres la lucha feminista desde que existe. En Grecia, esta deuda sigue aumentando.

Ojalá que aquí lo sepamos entender: sin ecología no hay futuro, sin mujeres no hay democracia.

#Cofrentes17: La lucha por poder luchar

Cuando la noCofrentes17ticia es que quien lucha por un mundo mejor se sienta en el banquillo de los acusados, sientes que algo está mal, muy mal. Sientes que no puedes llamar justicia a un sistema en el que las acciones pacíficas de protesta se convierte en un riesgo para la integridad de los participantes o simplemente son delito.

Algo no funciona, cuando la única manera que tiene la ciudadanía para expresar su descontento con el sistema es realizar acciones llamativas para poner en el centro del debate político cuestiones de máximo calado para nuestro presente y nuestro futuro. Si los medios de comunicación no respaldan el debate, si las autoridades emprenden políticas sin oir a la ciudadanía, si no hay foros de discusión y participación en la toma de decisiones estratégicas ¿qué nos queda para hacernos oir?

La acción de la armada en Canarias y el juicio a los activistas de Cofrentes se enmarcan dentro de la gran tradicción activista y de protesta de Greenpeace en defensa del medio ambiente y despertando conciencias sobre las consecuencias que la acción de la humanidad tiene sobre nuestro entorno. Pero no son los únicos, personas de toda condición y edad están sufriendo también los recortes en derechos fundamentales como la libertad de expresión o de manifestación. Las cargas policiales, las multas, la denegación de permisos, las detenciones… todo es parte de una estrategia de miedo y disuasión a la protesta que se verá reforzada y sancionada con rango de ley si finalmente se aprueba la llamada Ley Mordaza.

#Cofrentes17 es un símbolo de la lucha antinuclear, sí, pero también de quienes arriesgan por ir a contracorriente, por denunciar los abusos del sistema, por representar opiniones contrarias a la política y a la economía de los poderosos.

Apoyo a #Cofrentes17, y a todas y a cada una de las personas que se arriesgan, cada día un poco más, por hacer llegar su lucha allí donde el poder no les deja: a los medios de comunicación y al debate político. Tenemos derecho a protestar, y seguiremos haciéndolo, pacífica y constantemente.

Por fin, hablamos de la mujer

femninismPor fin hablamos de las mujeres en las Primarias de EQUO. Se ha debatido de muchos temas: democracia, energía, sector bancario, recortes sociales, política exterior, incluso de juventud. Pero nadie ha mencionado a las mujeres, hasta que hoy Florent Marcellesi reflexiona sobre Mujeres, Naturaleza e igualdad, y nos expone su opinión sobre los derechos reproductivos y sexuales.

Y es que estamos tan ocupadas cambiando el mundo, hablando de las grandes políticas, de alternativas, que nos olvidamos de que no hay cambio real sin igualdad real. Asumo mi responsabilidad como candidata, de no haber visibilizado y haber hecho presentes los problemas de los mujeres en los debates de la primera vuelta. Y me gustaría que todas las mujeres candidatas reflexionásemos conjuntamente sobre ello. A excepción de Carolina López, que abordó la cuestión de los cuidados y la militancia, el resto ¿Por qué no hemos hablado de nosotras? ¿Por qué se nos olvida nuestra lucha del día a día por ser consideradas como iguales en todos los ámbitos? ¿Por qué no hemos dado voz a esas mujeres que ni siquiera se plantean que la igualdad es un derecho fundamental no una concesión?

Si la dramática situación de la juventud en Europa merece nuestra atención y nuestro espacio en el debate, mucho más lo merecen las mujeres, ya que somos el 51% de la población en Europa. Hay que recordar que la mitad de la población en Europa, por el simple hecho de nacer mujer:

  • Es más pobre (las mujeres cobramos menos, tenemos empleos más precarios, somos mayoría en jornadas parciales, economía sumergida o simplemente nuestra tasa de desempleo es superior a la de los hombres).
  • Tiene más posibilidades de sufrir violencia (física, sexual o psicológica y con independencia de nuestra edad, lugar de residencia, clase social y educación)
  • Asume mayoritariamente los trabajos de cuidados y domésticos (de ascendientes y descendientes, por roles interiorizados, por presión social, por inercia, por ser mujer)
  • Tiene más díficil llegar a los ámbitos donde se toman las decisiones, en las empresas y las instituciones.
  • Se la valora por la imagen y la edad en mucha mayor medida que a los hombres (siendo esto un obstáculo para su desarrollo personal, social y laboral)
  • Su cuerpo es considerado un bien público que hay que regular y controlar (tanto en el sentido reproductivo como en el estético)

Y estas son sólo algunas de las cosas a las que las mujeres tenemos que dedicar mucha energía extra para sobrevivir. La vida y el sistema ya son de por sí duros, labrarse un presente y un futuro laboral cuesta mucho esfuerzo, el doble o el triple si hay que asumir el trabajo reproductivo, demostrar que somos personas y ganarnos el respeto; además cumplir con los cánones sociales de belleza y nuestro “destino” de ser madres. Reto a cualquier hombre a pararse a pensar en ello.

Primero la revolución, luego vuestros derechos” esta frase repetida desde la Revolución Francesa a compañeras de lucha en distintos momentos de la historia, muestra que no hay un orden cronológico en la resolución de la desigualdad de la mujer. Fracasaremos si nuestras propuestas no tienen en cuenta a la mujer y sus condicionantes sociales, culturales y económicos. Nuestros grandes planes de regeneración democrática, de transición ecológica de la economía, de hacer política para las personas no tienen sentido si no resuelven los problemas estructurales que hace de las mujeres ciudadanas de segunda.

Pero aquí estaremos las feministas, mal que les pese a algunos, para recordar que la mitad de la población tenemos problemas y limitaciones específicas; y que EQUO tiene que tenerlos en cuenta si de verdad quiere ser diferente. Y estaremos todas, las más y las menos activistas, las de unas corrientes y las de otras, las que teorizan sobre feminismo y las que sin más lo sentimos. Todas y todos los que sientan la lucha por la igualdad como suya deben integrar el feminismo en su discurso.

Esta es mi invitación, este es mi reto.

Cómo no, las personas

Esta entrada es un resumen mi contribución al acto colaborativo de presentación de candidaturas organizado por Equo Alava el 23 de Enero en Vitoria-Gasteiz. 

10336183-abstractas-personas-en-diferentes-situaciones-y-mapaDice una compañera que siempre hablo de las personas, de qué voy a hablar si no, pienso yo para mí. Leo a Iker Armentia reflexionar sobre las siguientes declaraciones de González-Pons “Una vez salvada la prima de riesgo, tenemos que dedicarnos a salvar a las personas”, y además de revolverme las tripas, me cuesta entender esa naturalidad de la clase política para deshumanizar y cosificar a las personas como otra parte más, de esta hacienda suya que regentan por mandato electoral irrevocable durante 4 años.

Se equivocan: las personas no somos un objeto más de administración, somos el único objeto de la política. Si cualquier aspecto de la acción política de un estado o administración no respeta y tiene en cuenta los derechos, las necesidades y la calidad de vida de las personas, deja de ser política y pasa a ser otra cosa.

Es difícil, hablar de una Europa de, por y para las personas en un contexto donde las decisiones de la Troika ha pasado como un rodillo sobre las personas. Y sin embargo, en las diferentes instituciones europeas encontramos áreas y líneas de trabajo, claramente en favor de las personas:

  • Lucha contra la pobreza: La Estrategia 2020 quiere una Europa inteligente, sostenible e inclusiva. El objetivo para 2020 es haber sacado de la pobreza a 20 millones de personas, para ello hay diferentes iniciativas desde dotación económica a través del Fondo Social Europeo como la coordinación de las políticas sociales y de inclusión de los estados miembros. El logro del objetivo es incierto, pero la importancia de poner en la agenda política la pobreza como problema y reto de Europa es muy relevante, en un contexto en el que todo vale a cambio de unos indicadores macroeconómicos, y que en nuestro entorno es un problema que no se aborda políticamente, porque no se reconoce políticamente.
  • Educación: La Estrategia Educación y Formación 2020 establece como objetivo de la educación el desarrollo personal, social y profesional de las personas. Es decir, no sólo somos potencial mano de obra. Además hace hincapié en la contribución de la educación a la cohesión social y a la ciudadanía activa. Ambos tienen una gran presencia en las políticas y estrategias de la UE, y se refieren precisamente a la capacidad de una sociedad de asegurar el bienestar de todos sus miembros y a la participación de las personas en la vida pública respetando los principios democráticos y los derechos humanos. Lo que en mi punto de vista, es por una parte poner el foco precisamente en las personas como objeto y sujeto de la vida política.
  • Igualdad de Género: Es uno de los principios fundacionales de la Comunidad Europea, teniendo en cuenta la fecha de la que estamos hablando (1957) hemos de considerar a Europa una pionera en este ámbito. Otro dato relevante es que Igualdad depende de la DG de Justicia, no de Asuntos Sociales como aquí estamos acostumbrados, lo que subraya el compromiso comunitario con la igualdad como un derecho fundamental. Aunque aún existen desigualdades la situación ha mejorado mucho en los 28 países gracias al trabajo hecho en la legislación, la introducción de la perspectiva de género en otras políticas y medidas específicas.

Sin embargo, el impacto es pequeño (o al menos no el deseable) y desde luego, no inmediato. En general, son áreas dentro de políticas subsidiarias, esto es que son competencia de los estados miembros, por lo que la UE, salvo que exista una voluntad política de los estados no puede imponerse. Aunque evidentemente todo este trabajo contribuye a la visibilización de ciertos temas, una influencia en las políticas y formas de hacer, nuevas líneas de trabajo, etc., los programas de financiación, no llegan a producir cambios estructurales. 

La clave está en definir los mecanismos necesarios para que la UE pueda hacer cumplir a los estados miembros los compromisos que adquieren voluntariamente. La cesión de soberanía de los estados a la UE no sólo es relevante en en las grandes políticas de estado, sino en otras muchas áreas que afectan directamente a la calidad de vida y derechos de las personas. Debemos, por tanto, buscar la manera de hacer valer y transferir los principios fundacionales de la UE (paz, solidaridad, igualdad, calidad de vida de las personas) a las políticas de los estados miembros. Y en este sentido, el Partido Verde Europeo trabaja desde el Parlamento Europeo precisamente por que las personas sean tenidas en cuenta en todas las políticas y estrategias europeas.

Y esta debería ser una prioridad de la persona que lleve la voz de Equo al Parlamento Europeo: poner las necesidades, derechos y calidad de vida por las personas en el punto del debate de cualquier iniciativa legislativa.