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El éxito de la inteligencia colectiva

15503270197_ea929a71bc_bEn la última Asamblea Federal, una de las cosas que pedí en mi discurso como recién elegida coportavoz fueron “trabajo, fuerza e inteligencia colectiva”. Creo que lo logrado ayer es precisamente el resultado de la combinación de esas tres cosas. La apuesta que se hizo desde la Mesa Federal en Septiembre de 2014 por las confluencias apenas llenaba una página. Con tres simples criterios y total libertad y autonomía, el trabajo de los diferentes EQUO territoriales ha logrado:

  • más de 90 concejalías y 3 representantes en parlamentos autonómicos
  • una repercusión mediática mucho mayor que hasta ahora
  • convertir a EQUO en actor político de referencia
  • reconocimiento y prestigio por parte de los colectivos y ciudadanía implicadas en las confluencias
  • incluir en los programas electorales la dimensión ecológica y feminista de las políticas, además de cuestiones claves para la transformación como el urbanismo sostenible, la energía, la soberanía alimentaria local, la economía local, los cuidados, la democracia participativa, etc.
  • empoderar a una parte importante de la afiliación cuyo paso por los procesos de confluencia ha resultado un aprendizaje político de primer orden y pasa a ser parte del ya excelente capital humano con el que contamos.

Estos logros compartidos son una consecuencia de la cohesión ideológica que existe en EQUO. Y hablo de ideología tanto desde el punto de vista de propuestas (ecología política) como de forma de entender la política en cuanto a formas y procedimientos.

Visto lo visto, esta coherencia inter-territorial es cuando menos sorprendente en un partido federal, horizontal y mostrada dentro de unas dinámicas complejas e independientes unas de otras. Los procesos se han llevado a cabo sin liderazgos centralizados (ni personales ni orgánicos) no ha habido directrices, ni consultas, ni autorizaciones. No deja de ser paradójico, como el trabajar en espacios abiertos, compartidos y diversos, lejos de diluirnos o debilitarnos ha reforazado nuestra identidad política.

Y sin embargo, la identidad de EQUO, la identidad verde, ha resultado ser tan inclusiva que ha permitido el entendimiento, la simpatía y el acercamiento de muchas personas que sin ser ecologistas o ni siquiera tener conciencia de los límites del Planeta han mostrado interés por colaborar, trabajar, aprender y hacer suyas nuestras propuestas de transformación. Y esto va a hacer crecer las asambleas locales.

Quiero destacar también de manera especial el papel destacado que las mujeres de EQUO han jugado en los procesos de confluencia: han liderado procesos, negociado, creado programas, participado en asambleas, redactado documentos, han sido candidatas y ahora muchas van a ser concejalas (y una diputada autonómica). Esto debe ser el principio de una mayor participación de las mujeres de EQUO tanto en el trabajo interno como externo. Y desde luego, tiene que traducirse en un mayor peso político de las mujeres en los órganos de gestión y organización del partido. En EQUO llevamos tiempo reinvindicando el papel transformador de las mujeres en política, y ahora más que nunca, que el mensaje está claro en los análisis políticos debemos seguir abanderando este discurso.

Sin duda EQUO ha salido reforzado de este proceso electoral: representación institucional, reconocimiento político y social, reafirmación del proyecto en términos ideológicos, mayor experiencia y capacidad política de las personas y empoderamiento de las mujeres. Todos estos logros nos ponen en situación inmejorable de cara a los retos políticos que nos enfrentamos: cambiar las políticas municipales, activar políticamente a la ciudadanía y trabajar por la confluencia para las elecciones generales.

Mi apuesta está clara: trabajo, fuerza e inteligencia colectiva.

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Leyes Mordaza: ¿quién se lo puede permitir?

Artículo publicado orginalmente en Nueva Tribuna (26/03/2015)

Poco más se puede decir de lo que se ha dicho ya sobre las Leyes Mordaza (Reforma del Código Penal, Ley de Seguridad Ciudadana y Pacto Antiterroristas) que simple y llanamente legalizan la violación de los derechos humanos en nuestro país. Esto no lo digo yo, lo dicen juristas internacionales y lo dice la ONU. Pero por desgracia esto no va a cambiar nada, ya sabemos que el PP en materia de derechos le hace poco a ningún caso a la ONU (ya quedó claro con el informe que exigía un cambio en la política de la memoria histórica de la Guerra Civil y el Franquismo).

Presiones y recomendaciones internacionales aparte, lo que es innegable es que la mayoría absoluta del gobierno no sólo se ha asegurado de recortar nuestros derechos sociales, sino que se ha puesto como objetivo reducir nuestros derechos y libertades políticos y civiles. No es casual que esta estrategia de penalización de la movilización social, la protesta, la libertad de expresión e información tenga lugar 4 años después del 15M, sino que además va en paralelo a un repunte de la acción social frente a las consecuencias de la crisis, en la que mareas, plataformas ciudadanas y colectivos de todo tipo han articulado en la calle la indignación ciudadana.

Y es que, a quién se le ocurre que la gente salga a la calle a decir lo que piensa, y mucho menos a organizarse para la defensa de lo común. En qué cabeza cabe que se pueda permitir informar o denunciar abusos policiales. Y es que el PP, es ante todo un partido de orden. Hasta la crisis, el orden social estaba asegurado por la estabilidad económica que nos hacía estar entretenidos en casa, o en el centro comercial, disfrutando de lo que nos habían vendido, y nosotros habíamos comprado, como calidad de vida.

La represión y el miedo es lo único que les queda para evitar que la gente ponga en evidencia la perversión del sistema. Los poderes económicos, encubiertos y apoyados por el poder político, hacen negocio con los alimentos, energía, agua, salud, vivienda, educación, etc., y por nada del mundo van a dejar que se cuestione ese trasvase de riqueza desde la vida de las personas a la cuenta corriente de unos pocos.

En realidad, lo que ha conseguido la crisis es acelerar y catalizar muchas iniciativas personales y comunitarias de transformación, sacarlas a la calle y ponerlas en las portadas de los periódicos. Los valores y actitudes que mueven a la gente están en la antípodas de los principios que rigen nuestro sistema explotador de recursos y personas. No se pueden permitir que la opinión pública se ponga de su parte; no se pueden permitir que la ciudadanía se organice, denuncie, proteste; no se pueden permitir simple y llanamente que se les desmonte el chiringuito.

Porque, en realidad, se trata de eso de penalizar y reprimir todo aquello que impulsa la transformación social y económica desde abajo. Las Leyes Mordaza son sin duda un ataque inaceptable a nuestros derechos y libertades, pero también lo son a nuestra capacidad y a nuestro derecho a decidir como queremos que sean las cosas. Si ellos no pueden permitirse una sociedad organizada y activa, nosotros no podemos permitirnos no serlo.