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Guanyem y Municipalia: unidad y diversidad por una causa común

Florent Marcellesi, futuro eurodiputado de EQUO – Primavera Europea, y Rosa Martínez, miembro de EQUO

Artículo publicado en Público (07/07/2104)

En nuestro país la política local ha replicado el modelo político existente a nivel nacional. En muchos casos, y especialmente en las grandes ciudades, la política local se ha alejado de la ciudadanía y de sus necesidades directas. Se ha apostado por inversiones millonarias en proyectos insostenibles y de poco o nulo valor social, poniendo el acento en los intereses económicos y no en sus habitantes. No es de extrañar por tanto, que sean Guanyem en Barcelona y Municipalia en Madrid las dos iniciativas ciudadanas municipalistas que estén abanderando el movimiento ciudadano para recuperar el protagonismo la política local y cambiarla profundamente.

Sin embargo, más allá de las pésimas políticas locales de los últimos años, Guanyem y Municipalia son hijas del momento de hartazgo político en el que vivimos. La indignación empieza a transformarse en acción con el 15M. El empoderamiento ciudadano y la toma de conciencia de la responsabilidad individual que cada uno tenemos en la transformación social han permitido que desde 2011 muchas personas canalicen su activismo político en movimientos ciudadanos de todo tipo (contra los desahucios, por un nuevo modelo energético, por una democracia real…), pero también en nuevos partidos políticos que apuestan por nuevas formas de hacer política (EQUO, Partido X, Podemos…).

Lo innovador de estas iniciativas ciudadanas de cara a las próximas elecciones locales es que nacen con el objetivo de hacer confluir la política ciudadana con la política institucional. En estos años hemos entendido que la acción y transformación desde abajo son imprescindibles para el cambio. De la misma manera, la negligencia e incompetencia de los poderes públicos ante la urgencia democrática, social y ecológica (así como su connivencia con el poder económico) nos ha demostrado que la presencia en política es igualmente irrenunciable. Es decir, necesitamos tener un pie en la calle y otro en las instituciones.

Por su parte, la ecología política debe alimentar estos movimientos ciudadanos. Entre otras cosas, puede ayudar a construir programas coherentes y alternativos, y que den soluciones completas, creíbles y a largo plazo a los retos sociales, democráticos y medioambientales. Integrar los tres aspectos en las políticas locales es clave para invertir en un modelo socio-económico que ponga a las personas en el centro, siempre respetando los límites del Planeta. La ecología política nos muestra que hay que pensar global y actuar local, que detrás de cada injusticia social hay una injusticia medioambiental, o que detrás de la crisis de régimen hay una crisis de civilización. No se trata de elegir entre unas u otras, sino que se pueden y se deben afrontar a la vez para que triunfe la dignidad y el buen vivir. Y además, debe hacerse con principios y mecanismos sencillos y directos de participación ciudadana, horizontalidad y transparencia.

En este sentido, la iniciativa Guanyem Barcelona está sabiendo articular muy bien su propuesta más allá de la indignación y de una simple reacción contra las políticas de recortes y neoliberales. Su manifiesto trasmite una visión en positivo e ilusionante del cambio que quiere. Además introduce transversal y acertadamente democracia, justicia y ecología lo que sin duda le da un contenido y una trascendencia política potente. Otro de sus aciertos es darle un papel protagonista a la ciudadanía más allá de la notoriedad pública y liderazgo colectivo de sus promotores. Por último, su proyección más allá del ámbito local la convierte en un estímulo y germen para otras iniciativas parecidas.

Dicho esto, estas iniciativas ciudadanas tienen grandes y apasionantes retos por delante. Principalmente tienen que articular la relación y cooperación entre sus tres tipos de integrantes: movimientos sociales, partidos políticos y personas sin adscripción a ninguna organización. De hecho hay tres ejes de coordinación: 1) entre movimientos sociales y partidos políticos; 2) entre los diferentes partidos políticos; y 3) entre movimientos/partidos y personas independientes. Las interrelaciones se cruzan y se superponen aumentando la complejidad del reto y condicionando los objetivos, funcionamiento y organización de las plataformas. De su correcta articulación, a su vez basada en una buena dosis de creatividad, humildad y generosidad, dependerá su éxito social y político.

En este sentido, será clave como se organicen las listas electorales. A estas alturas, nadie duda ya de que deben hacerse a través de primarias abiertas. Al mismo tiempo, tendrán que diseñarse de manera que la lista sea representativa de la diversidad que caracteriza a estas iniciativas ciudadanas: paridad, pluralidad ideológica, respeto de las minorías, equilibrio y relevo intergeneracional, etc. Y en este punto, no nos resistimos a recordar la responsabilidad que tienen estas iniciativas en asegurar que las mujeres, muy activas y presentes en los movimientos y organizaciones locales de base (asociaciones vecinales, AMPAs, voluntariado, etc.) participen y lideren también la construcción de esta nueva política institucional a la que se aspira.

La forma de articulación y de relación entre sus integrantes es lo que les va a permitir aglutinar más o menos apoyos en su constitución; pero su contenido y su forma de funcionar la que se los dará en las elecciones. Las iniciativas han de tener unos principios y causas comunes irrenunciables que deben ser asumidos por todas las partes. Nuestra apuesta: ecología política, equidad, democracia e igualdad de género. La transparencia en el funcionamiento de la plataforma hacia el exterior y horizontalidad efectiva en el funcionamiento interno deben ser prácticas generales. Sólo mostrando coherencia en el discurso y en las prácticas (tolerancia 0 con la corrupción, financiación transparente e independiente de los bancos, etc.) se puede regenerar confianza en la ciudadanía.

Creemos que con estas condiciones, las iniciativas ciudadanas municipalistas estarán dando respuesta a la demanda ciudadana de cooperación frente a las políticas neoliberales y de recortes. Pero además, lo hacen con el valor añadido de no ceñirse a los partidos políticos, sino que suman e integran a otras organizaciones sociales y lo que es más importante, a la ciudadanía. Y todo ello, cooperando por una causa común: ganar la política local para las personas.

Conclusiones #EnergiaYEmpleo

EnergiaGEF_BilbaoEl pasado 4 de Abril se celebró en Bilbao una jornada organizada por la Green European Foundation y la Fundación Equo sobre Energía y Empleo. Aún no siendo una experta en energía y todas sus vertientes y derivadas, me tocó presentar las conclusiones de todo lo mucho e interesante que se habló a lo largo de la mañana.

La primera idea que me vino a la cabeza es que hablar de energía y empleo supone abordar dos cuestiones claves en nuestra sociedad: por una parte la creación de empleo que no es ya una prioridad, sino una urgencia en un país con 6 millones de parados; y por otra hablar de energía supone abordar la base de todo nuestro sistema (económico, productivo, social y político).

Y después de todo lo oido lo que queda más que claro es la necesidad de cambiar el modelo energético. Alcanzar un modelo de generación de energía limpio, autónomo y sostenible; democrático y controlado por la ciudadanía; de generación distribuida y según las necesidades; que sea eficiente y respete los límites del Planeta. Sin embargo, el cambio de modelo energético para consolidarse y tener sentido tiene que venir ligado a un cambio en el modelo social, político, económico y de consumo. Sólo así podremos evitar que el nuevo modelo replique los errores del desfasado modelo que nos rige hoy: grandes centros de producción controlados por multinacionales, especulación y conflictos geopolíticos, despilfarro y pobreza energética.

Las renovables están tecnológicamente listas para el dar el salto e inicar la transición definitiva hacia un 100% de energía generada con estas fuentes de energías. En Euskadi por ejemplo, existen fuentes y tecnología suficientes para ir a objetivo de 100% renovables (aunque haya aún margen de mejora técnica en almacenamiento, por ejemplo).

¿Y qué pasaría si se decisiese apostar por el cambio, planificar e invertir en la transición hacia un modelo energético diferente? Pues que se crearían millones de empleos en Europa y en España. Y no sólo empleos de alta cualificación en investigación, generación y distribución; sino también habría millones de empleos para perfiles menos cualificados como por ejemplo en la rehabilitación energética de edificios (sector de la construcción). Sin embargo, para completar la transición de cambio de modelo y efectivamente no cometer los mismos errores de nuestro actual sistema estos empleos deberán ser dignos, de calidad y saludables, asegurando la igualdad de oportunidades y facilitando el acceso a ellos a los grupos sociales más castigados por el desempleo, como mujeres y jóvenes.

La pregunta más obvia es también la más fácil de responder: Si apostar por un nuevo modelo energético basado en las renovables, de generación distribuida, democrático y que utilice menos recursos, supondría dar una respuesta a dos de los grandes retos de nuestra sociedad, el empleo y el cambio climático ¿por qué no se está impulsando decididamente y desde ya mismo?

Pues porque no hay voluntad política. En primer lugar es escandalosa la falta de estrategia global y a largo plazo en cuanto política energética. En segundo lugar esta falta de visión de futuro y de responsabilidad viene dada por proteger los intereses económicos de las empresas energéticas (petroleras, eléctricas, etc.). En el caso de España, la amortización de las inversiones nucleares y de ciclos combinados de gas siguen condicionando la política energética de los sucesivos gobiernos. Pero además, me parece relevante que una apuesta por una producción de la energía basada en renovables y descentralizada, daría el control de la misma a la ciudadanía con la pérdida de negocio y especulación que supondría para las oligarquías. Y sin embargo, a nadie parece importarle que los que más sufren las consecuencias de este model injusto, oportunista y contaminante sean precisamente los que menos contribuyen a él por la injusticia que existe en el consumo (desde las familias que sufren pobreza energética en nuestro país a la brutal diferencia de consumo entre el Norte y el Sur)

Aunque analizando las personas que han intervenido, he de decir que hay mucha voluntad en cambiar el modelo, en las decisiones personales y las iniciativas ciudadanas: Joan Groizard, miembro de la Red Equo Joven e ingeniero, que renuncia a vivir en su Mallorca natal por poder trabajar en el sector de las renovables o las diferentes cooperativas (Goiner, Energia Gara, Barrizar, Igkarratu) que han apostado por un modelo de negocio que contribuya al cambio y mejore la calidad de vida de las personas.

Y las decisiones personales también son política, pero nos sigue faltando la política de las instituciones. Y en este punto, Florent Marcellesi, candidato de Equo a las elecciones europeas deja claro su mensaje: ecología y empleo van de la mano. Ver video aqui.

Y además, el optimismo

OptimismoCoincidencia o Equo-telepatía, el caso es que esta mañana me he despertado con un debate interno parecido al que ha planteado hoy Guillermo Rodríguez sobre qué debe tener preeminencia en el discurso político: la acción inmediata o el horizonte deseable. Usando sus palabras: ¿Impactar o reinventar? (en referencia a Florent Marcellesi).

Ni que decir tiene, que ambos verbos son complementarios e irrenunciables en la acción política, y que están conectados por la ideología: en nuestro caso, la ecología política define un horizonte que condiciona y valida las acciones inmediatas. No se llega al horizonte, sin pequeñas acciones; y las acciones de impacto en Europa no tendrán sentido para nuestro proyecto si no contribuyen a llegar al horizonte que pretende reinventar Europa.

Este trabalenguas de horizonte y acciones nos demuestra que podemos jugar dialécticamente hasta el infinito, y que volveríamos una y otra vez al mismo punto: un partido político sin proyecto a largo plazo no tiene futuro, y representates políticos que sistemáticamente sacrifican el día a día por abstracciones ideológicas son catastróficos para las personas.

Mi reflexión matutina, sin embargo, venía de la mano del optimismo. Hay una frase de Chomsky que lleva unos días conmigo: “El optimismo es una estrategia para hacer un futuro mejor. Porque si no crees que el futuro puede ser mejor, no parece que vayas a dar el paso de responsabilizarte de que así sea. Si asumes que no hay esperanza, garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto por la libertad, hay oportunidad de cambiar las cosas, hay una oportunidad de que puedas contribuir a hacer un mundo mejor. Es tu elección”

Entiendo que quienes estamos en Equo somos optimistas: creemos en un futuro mejor, en que hay esperanza e instinto de libertad, y así hemos hecho nuestra elección. Mi preocupación es cómo contagiar este optimismo, cómo hacer ver a la gente que las posibilidades de cambio son reales y hacerles dar ese paso hacia la responsabilidad, primero individual y luego colectiva.

Desde el punto de vista de las elecciones europeas, le daba yo vueltas esta mañana a cómo hacer ver a la gente que nuestro proyecto de una Europa democrática, sostenible y para las personas (proyecto global, integrador y a largo plazo) es factible, realizable y posible. Y lo que se me vino a la cabeza fue trasmitir con la dignidad de las grandes decisiones estratégicas cada una de las pequeñas victorias que nuestrx eurodiputadx consiga en el Parlamento junto con el PVE: una frase que matice, un endurecimiento de condiciones, la visibilización de cierto problema… Y sin embargo, es necesario tener las cosas muy claras, tener bien orientada la brújula política para que ser consecuente con el horizonte al que aspiras y que tus votantes te han encargado defender.

La lista de aspectos y actos con los que un representante puede influir en la Política con mayúsculas es larga, pero también desconocida, imprevisible, ardua, y para que lo vamos a negar, muy poco glamourosa mediáticamente. En el caso de la política europea aún mucho más, debido al desconocimiento y la complejidad en la toma de decisiones en las instituciones europeas. No hay más que darse una vuelta por la equomunidad para ver lo que está costando traducir nuestros principios, nuestro horizonte, en propuestas concretas, en acciones dentro de las competencias europeas.

Pero nadie dijo que fuera fácil. El reto de nuestrx representante será lograr la máxima coherencia de sus acciones con nuestro horizonte dentro del marco europeo, nuestro reto como partido comunicarlo y trasmitirlo en cuatro ejes: el impacto, la ecología política, Europa y el optimismo. 

¿Educación para el empleo o simplemente educación?

De Erasmus+ me ha llamado la atención la cantidad y frecuencia de palabras como mercado de trabajo, empleo, competitividad, mundo laboral o empleabilidad. Me ha quedado la impresión, de esas que se quedan flotando en no sabes bien dónde, que se apuesta por una educación al servicio del mercado laboral. Se me puede discutir, y con razón, ya que sobre el papel1  esto no es así, pero hay muchos elementos que sí dejan claro que se ha decidido priorizar la función más economicista de la educación.

Es cierto que la formación profesional, debe y tiene que estar en directa relación con las necesidades del mercado laboral, al igual que, hasta cierto punto, la universidad. Pero la educación escolar y la educación para adultos deben educar a personas en valores y habilidades, que les permitan desarrollarse como personas, ciudadano/as y también como profesionales.

¿Para qué queremos la eduación, y con qué conocimientos y competencias debe equipar a la ciudadanía en un mundo cambiante como este? Interesante debate, que se debería poner sobre la mesa, de preferencia a escala europea ya que la educación tiene que ayudar a afrontar retos comunes como la crisis ecológica y el cambio climático, la globalización, la participación ciudadana y el pensamiento crítico. Sí, alcanzar el pensamiento crítico es un reto, tanto o más que el pleno empleo. Pero en tiempos de crisis no hay lugar para la lírica. Todo aquello que no aporte beneficio económico, es considerado como no prioritario y prescindible. Y eso, va en el ADN de nuestro sistema, ese que algunos queremos cambiar.

Mi pero es pues, no tanto a la estrategia de educación europea, que en general me parece bastante acertada, sino a la manera a la que se articula el programa Erasmus+, o sea en que se va a invertir el dinero. Porque además, una buena educación y formación no es garantía de acceder al mercado de trabajo o sinónimo de competitividad económica. Y no es que lo diga yo, lo dicen nuestras cifras de jóvenes con buena formación que están en paro.

 ¿Qué pasa entonces cuando el problema no es que la educación y la formación no den respuesta al mercado de trabajo, sino que el mercado de trabajo es el problema? Antes muertos que reconocerlo. Bienvenidos y bienvenidas al contradictorio mundo de la Unión Europea:

  •  La Comisión Europea, con las aportaciones del Parlamento Europeo (importantes en muchos casos): impulsa y logra que el Consejo adopte una estrategia educativa válida, consigue un presupuesto para impulsarla más que importante, toma la decisión política de priorizar la parte más economicista de la educación (discutible pero bien fundamentada) y pone como prioridad el desempleo juvenil.
  •  La troika (uno de cuyos miembros es la Comisión Europea), exige recortes en educación, impone reformas laborales que penalizan la calidad de los empleos y con sus exigencias de déficit impide que los estados inviertan en políticas de empleo basadas en el conocimiento y que requieran mano de obra cualificada (por ejemplo empleos verdes).

 En resumen, que mientras se mantenga el modelo económico impulsado por no sé sabe bien quién a través de la troika (¿los bancos? ¿Merkel? ¿los lobbys económicos? ¿una conjura neo-liberal?), todos los esfuerzos que se hagan desde la educación resultarán en balde. Una pena.

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1la Estrategia de Educación y Formación 2020, considera que la finalidad de los sistemas educativos es lograr a) la realización personal, social y profesional de todos los ciudadanos y b) la prosperidad económica sostenible y la empleabilidad, al tiempo que se promueven los valores democráticos, la cohesión social, una ciudadanía activa y el diálogo intercultural.

Erasmus+: qué es y de dónde viene

Hacer una reflexión crítica del programa de educación de la Comisión Europea – Erasmus+- en un solo post es casi imposible, si además está pensado para gente que no necesariamente conoce las estrategias educativas ni el funcionamiento de estos programas, es un quimera. Asi que he decidido abordar el tema por etapas que permitan profundizar en temas tan apasionantes como para qué queremos la educación.

erasmus+

La primera estrategia europea para la educación educación fue la llamada Agenda de Lisboa (2000), cuyo objetivo era convertir Europa en una economía líder en el mundo basada en el conocimiento. Aunque no se lograron todos los objetivos, puso la educación en el centro de la agenda europea, marcando el inicio de la cooperación en el ámbito educativo, convirtiéndola en uno de los emblemas del proceso de construcción europea.

Hoy la cooperación en educación y formación está definida por la ET2020, que define los objetivos con los que los sistemas educativos europeos han de contribuir a la Estrategia 2020 (Crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo) y las prioridades que han de trabajarse para mejorar la calidad de la educación y la formación. Erasmus + es el programa operativo, el instrumento, mediante el que la Comisión Europea financiará diferentes tipos actividades de educación y formación que contribuyan y apoyen los objetivos de ambas estrategias. Esto incluye principalmente movilidad (intercambios, periodos y visitas de estudio), pero también proyectos pequeños que quieran desarrollar nuevos materiales, metodologías, intercambiar experiencias…

Si hasta ahora Erasmus se refería exclusivamente a la universidad, Erasmus+ 1cubre todos los ámbitos y niveles de la eduación y formación (además de la juventud y el deporte). Su base es el aprendizaje permanente, esto es que la educación no se termina en el periodo escolar o formativo sino que continua a lo largo de toda la vida, por lo que en Erasmus+ entran personas de todas las edades, desde la edad preescolar hasta la tercera edad. (De hecho el nombre es puro marketing, ya que Erasmus es el programa más conocido de la UE).

Pero también, recoge la idea que la educación no sólo se da en el ámbito formal (formación reglada), sino también en el no-formal (una conferencia, un taller) e informal (el día a día)2 Y por primera vez además, el programa de educación incluye todas las iniciativas de juventud y deporte. Esto significa que no sólo los centros oficiales de educación y formación tendrán acceso al programa, sino también otro gran número de entidades que realizan diferentes tipos de actividades educativas (incluido el voluntariado, por ejemplo).

¿Y cuánto dinero va a haber para todo esto? Pues bien, esa es la primera gran noticia. En un momento en el que por primera vez en la historia el presupuesto global de la UE es inferior al periodo presupuestario anterior, Erasmus+ tendrá 14.700 millones de euros, un incremento del 40% respecto al presupuesto anterior en todas las áreas. Es decir, la Unión Europea a pesar de la crisis y los recortes, va a invertir más no sólo en educación, sino también los programas de investigación y de cultura tendrán más presupuesto (¿a qué esto si se parece a la Europa que querríamos?)

El desglose del presupuesto nos indica que la prioridad es la movilidad (hasta el 63% del presupuesto), lo cual personalmente me parece positivo, puesto que es una forma de que los fondos tengan un impacto directo en las personas (estudiantes y personal educativo) y además es la clave de la construcción europea: salir, ver, conocer. (Un ejemplo cotidiano inexistente en los 90: los abuelos y abuelas, que viajan una o dos veces al año a ver a sus nietos/as fruto de una “pareja Erasmus”).

Sin embargo, el desglose por nivel educativo, es menos positivo desde mi punto de vista: educación superior (43%), formación profesional (22%), educación escolar (15%) y educación para adultos (5%). Esto tiene varias lecturas, la primera es que no se está primando la educación obligatoria que es la que cubre a la mayor parte de la población europea. Lo cual tiene una explicación y es que las diferencias nacionales en esta etapa son mayores, tanto a nivel curricular como enfoques pedagógicos. Además de ser un área de la que los estados guardan celosamente la llave, por el componente político que suelen tener las politicas educativas de la etapa obligatoria (de eso sabemos mucho aquí).

El hecho de que la educación superior sea prioritaria para Europa, es causa y consecuencia del famoso Espacio Europeo de Educación Superior (Proceso de Bolonia) y el Espacio Europeo de Investigación. Son areas educativas donde la integración, la cooperación y el reconocimiento de diplomas y competencias, está más avanzado. Pero también hay que decir, que es el ámbito de mayor valor añadido económico, lo que significa Europa está apostando y dando prioridad a los niveles educativos directamente relacionados con el mercado de trabajo y la economía: universidad y formación profesional.

¿Esto es malo de por sí? No necesariamente, pero este debate merece más espacio del que me queda.

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Toda la información sobre Erasmus + (de momento sólo disponible en inglés) http://ec.europa.eu/programmes/erasmus-plus/index_en.htm

2  Aprendizaje formal: el que tiene lugar en entornos organizados y estructurados (p.e. un centro educativo o formativo, o bien en el centro de trabajo) y que se designa explícitamente como formación. Por regla general, siempre da lugar a una validación y una certifi cación o titulación; Aprendizaje no-formal, derivado de actividades planifi cadas pero no designadas explícitamente como programa de formación. Aprendizaje informal, el resultante de actividades cotidianas relacionadas con el trabajo, la vida familiar o el ocio. Fuente: http://www.cedefop.europa.eu/en/Files/4064_EN.PDF

Treinta años no es nada

Uno de mis primeros recuerdos es oir en casa que mi padre estaba en el paro. Yo no tendría más de 3 años, y sin embargo esa frase la recuerdo alta y clara. Siendo un poco más mayor, recuerdo parados pidiendo de puerta en puerta, acordarse solidariamente de los parados en Navidad y en general de ser consciente de que el paro era algo grave que afectaba a mucha gente.

Luego llegó el dinero europeo. Nos dedicamos a asfaltar, hormigonar y alicatar todo aquello asfaltable, hormigonable y alicatable (y si no lo era se decretaba como tal). Nos modernizamos y crecimos, el bienestar mejoró, nos convertimos en una sociedad de consumo y ocio, y el desempleo dejó de convertirse en preocupación nacional, que no en un drama para las personas que lo sufrían.

Y henos aquí, treintaytantos años después, en el mismo punto: cifras de desempleo inasumibles dentro una crisis económica a la que no se ve salida. La lección parece clara, la creación de empleo, sea cual sea su naturaleza, no es garantía de futuro para nadie, ni para las personas ni para el país.

Los únicos puestos de trabajo que pueden asegurar nuestro presente, y el futuro de nuestros hijos e hijas, son los empleos verdes o eco-empleos: puestos de trabajo de calidad, socialmente responsables que contribuyan a cambiar nuestro modelo económico y energético, haciéndolo viable en el futuro sea cual sea la coyuntura económica, financiera y productiva del exterior. Sectores como la agricultura ecológica, las energías renovables, la movidlidad sostenible, los servicios sociales o la conservación de la biodiversidad, están en crecimiento y expansaión y ofrecen además grandes posibilidades de devolver el protagonismo a la economía local.

Es una cuestión de voluntad política: invertir en generar empleo con fecha de caducidad o apostar por un empleo sostenible y durable en el tiempo. Y tú eliges a quién ha de tomar la decisión. No lo olvides.

Un modelo con pocas luces

He de reconocer que en el día a día no pienso demasiado en el origen de la energía que consumo. Como casi todo el mundo, me acuerdo de Santa Bárbara cuando truena, y las subidas del petróleo, los accidentes nucleares o los datos sobre el cambio climático me recuerdan que estamos pagando un precio demasiado alto por preparar la cena, usar el ordenador, coger el coche el fin de semana o disfrutar de las luces de Navidad.

Esto es preocupante porque resulta que si no vemos u oímos el problema, este no existe. O sea que cuando hacemos una lista de cosas que queremos cambiar en el mundo, ésta está en directa relación con los titulares de los últimos días.

Las noticias sobre nuestro modelo energético suelen estar cuidadosamente elegidas para no alarmar demasiado a la población, recordarnos el poder de las multinacionales, asegurarnos de que hay petróleo y gas por mucho tiempo; y que tecnológicamente estamos tan avanzados que podemos permitirnos centrales nucleares y prospecciones de fractura hidráulica –fracking- sin riesgo alguno. ¡JA!

La verdad es que esta manera nuestra de producir energía no hay por donde cogerla. Debería ser limpia, segura y asequible, y es altamente contaminante, peligrosa y costosa. Tendríamos que usar fuentes de energías renovables, y nos agarramos a los combustibles fósiles (es más fácil especular así). Invertimos grandes, pero muy grandes, cantidades de dinero en traerla de muy lejos cuando podríamos producirla en nuestra casa (literalmente). La transición hacia un modelo más eficiente y sostenible debería ser prioritario en la agenda política, además de motor del cambio económico (eco-empleos, inversión en I+D…) y ni siquiera se debate.

Señores, señoras, es la hora de hacer propuestas concretas. ¡Necesitamos nuevas energías ya!