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Feliz Día del Trabajo (de todos los trabajos)

Artículo publicado originalmente en el blog Más de la Mitad de 20 Minutos (01/05/2015)

Manifestación por los derechos de las limpiadoras del hogar. (C) Territorio doméstico

Hoy me levanté pensando “Qué bien que hoy no trabajo” y de repente me di cuenta que tenía que recoger la casa, vestir a los niños, ir a la compra, pasar por casa de mis padres, etc. Nunca nos paramos a pensar en todo el trabajo que hay que hacer, y que sin embargo nadie considera un trabajo, pero ¿Qué pasaría si esta semana me declaro en huelga y no hago nada de eso? ¿Y si todas las mujeres nos declarásemos en huelga?

Me gustaría que cuando hablemos del Día del Trabajo, tuviéramos en mente todos los trabajos. Sí, también ese que la sociedad no valora, no remunera y ni siquiera reconoce: el de los cuidados, el reproductivo, el de sacar la vida adelante.

Ese trabajo que realizan mayoritariamente las mujeres en todo el mundo, ese que es imprescindible y que no aparece en ninguna estadística ni indicador de progreso o riqueza. Así somos. En nuestra sociedad tiene más reconocimiento el gerente de una fábrica de armas o el banquero que desahucia a la gente de sus casas, que las mujeres que se ocupan de sus criaturas o de sus familiares dependientes.

Ellos (porque en ese tipo de puestos son mayoritaria y aplastantemente ellos) cobran algo más que un buen sueldo, tienen prestigio y estatus social; se les reconoce su contribución a la sociedad y a la economía. Ellas tienen más riesgo de caer en la pobreza y sufrir violencia, y su trabajo no es valorado ni social, ni económicamente.

Para el sistema no existe la mitad de la población, sin embargo somos imprescindibles. Son las mujeres en todo el mundo las que trabajan a diario y asumen la responsabilidad de la crianza, la alimentación, la salud, la limpieza, la educación… En definitiva del cuidado de su familia.

Nuestro modelo de sociedad, producción y consumo está basado precisamente en esa fuerza de trabajo gratuita que somos las mujeres y que realizamos las tareas básicas para la vida. Si tuviéramos que pagar ese trabajo en la sombra el sistema se colapsaría

Estos días estamos hablando, y mucho, de trabajo. Lo que fue un castigo divino, hoy es un regalo del cielo. Somos conscientes de la transformación profunda que el sistema necesita para crear empleos dignos y sostenibles. Pero cualquier cambio de nuestro modelo productivo quedará incompleto si no aborda el reparto de trabajo reproductivo. La conciliación no basta, acaba siendo una trampa para las mujeres ¿os suena la doble jornada? Y hasta triple. Hay que trabajar por la corresponsabilidad, los hombres y las instituciones deben asumir su parte en este trabajo esencial para la sociedad.

Porque no nos engañemos, la desigualdad social, económica y política de las mujeres tiene su origen y es consecuencia de asumir sin remuneración, sin visibilización y sin reconocimiento el trabajo más básico que necesitamos como sociedad: el de cuidar de la vida

Feliz Día del Trabajo, de todos los trabajos.

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Nos acordamos del agua

Artículo publicado originalmente en Eldiario.es (19/04/2015) 11078092_817201934995651_2188747313206450403_n

El pasado 3 de abril  Jose Luis Gallego escribía un artículo más que pertinente sobre la ausencia del agua en la agenda política. Argumentaba que más allá de la reinvindicación del acceso al agua como un derechos humano básico, nadie se acuerda del agua ni habla de ella como un bien imprescindible en el equilibro ecológico del planeta.

Estando muy de acuerdo con el planteamiento, no me resisto a hacer dos precisiones. La primera es que sí hay un partido político que defienda el agua y la incluya en su programa electoral; de hecho en el programa de las europeas de EQUO hay un punto específico sobre aplicación de la Directiva del Agua, algo que se ha incluido también en el  programa marco de las municipales de mayo 2015.

La segunda precisión es sobre la falsa dicotomía entre el derecho al agua de las personas y el agua de la naturaleza. Efectivamente, defender el acceso a un agua de calidad, con una gestión eficiente y transparente, sin tener en cuenta los condicionantes ecológicos del lugar donde viven esas personas es irresponsable. Eso comprometería seriamente el presente y el futuro del derecho que precisamente se quiere defender.

La separación ficticia entre sociedad y naturaleza está anclada en nuestra visión del mundo desde hace siglos. Aceptemos y reconozcamos que somos parte del medio ambiente, incluso las ciudades hormigonadas y asfaltadas en las que vivimos son naturaleza: tienen aire, se asientan sobre suelo y en ellas hay agua.

El agua efectivamente es imprescindible en nuestras vidas y nuestra sociedad. Y la gestión del agua debe ser algo transversal en todas y cada una de las políticas que se lleven a cabo desde las instituciones. Por ejemplo, la apuesta de modelo productivo que hagamos es clave para la sostenibilidad de nuestros recursos hídricos: la agricultura intensiva, la explotación de ciertos recursos energéticos (fracking o minería de uranio), la industria química o la siderurgia son sectores muy intensivos en agua o con procesos y residuos altamente contaminantes para el agua.

El agua que bebemos, el agua que defendemos como derecho humano, es el agua de la naturaleza: la de nuestros ríos, nuestros acuíferos, nuestros humedales, nuestros océanos, nuestra lluvia. No es posible garantizar ese derecho universal si no garantizamos el equilibrio y la calidad ecológica del agua que nos rodea.

Justicia social y justicia ambiental van de la mano. El buen vivir de las personas es precisamente eso: que todas las personas tengan sus necesidades básicas cubiertas, sus derechos garantizados, hoy y mañana en equilibrio con la naturaleza. En el siglo XXI hablar de derechos es hablar de ecología. Por eso nos acordamos del agua, porque como muchos otros derechos depende de políticas verdes para que efectivamente lo sea.

8M: Mayor participación política

Artículo publicado en El Diario de Córdoba (04/03/2015)

Como todos los años por estas fechas los medios se llenan de artículos y reportajes sobre la mujer y su situación en el mundo. Existe una marea informativa que pone excepcionalmente los derechos de las mujeres en todas las portadas.

A punto de comenzar la campaña electoral en Andalucía, nos parece más que relevante aprovechar este hueco que los medios nos dejan a las mujeres para poner sobre la mesa el problema. Sí, porque, lo queramos ver o no, la menor participación política de las mujeres es un problema de democracia y de igualdad.

Siendo la mitad de la población, en un contexto donde la educación y los valores sociales fueran igualitarios, por pura estadística los partidos políticos, los ministerios, el congreso, los sindicatos y los movimientos sociales deberían estar mucho más equilibrados en cuanto a número de hombres y mujeres. Y no lo están, no solo en el número, sino también y más escandalosamente en los puestos de responsabilidad y poder. Se ha hablado mucho de la ausencia de mujeres en el Gobierno de Grecia, pero ¿y aquí? ¿Podemos afirmar que seamos un ejemplo de igualdad en cuanto a la participación política de las mujeres? No lo creo.

Se ha escrito mucho sobre las razones de la menor presencia de las mujeres en política, desde el estereotipo del “menor interés de las mujeres por las cuestiones públicas” o el eterno lastre de las mujeres para conquistar el espacio público: “la conciliación”. No es una cuestión baladí y por ello debemos recordar por qué es importante fomentar y asegurar una participación de la mujer en la política institucional.

Mientras el porcentaje de participación de la mujer no se aproxime a su peso porcentual en el total de la población (¡51%!) habrá que seguir hablando de barreras y desigualdad. Si realmente queremos una nueva cultura política, hay que poner los medios necesarios para eliminar obstáculos y facilitar esa participación.

A día de hoy, la principal vía de acceso a la política son los partidos políticos. Por este motivo, son los propios partidos los que tienen la responsabilidad y el deber de trabajar para facilitar la presencia de las mujeres en sus filas, no sólo en número sino también en visibilidad, responsabilidad y liderazgo. La paridad en los órganos de gestión y dirección sigue siendo una excepción en nuestro sistema político, y solo EQUO funciona con una doble portavocía paritaria.

El próximo día 22 Andalucía votará su Parlamento y con él, la Presidencia de la Junta. De los principales partidos con representación parlamentaria o posibilidades de obtenerla sólo hay dos mujeres candidatas: Susana Díaz (PSOE) y Teresa Rodríguez (Podemos). Y de estos mismos grupos, solo IU y Podemos presentan el mismo número de cabeza de lista mujeres que hombres.

En una sociedad donde las mujeres parten de una desigualdad tan clara en tantos ámbitos de la vida, lo raro sería que precisamente fueran iguales en el acceso al poder desde el que poder revertir esta situación. Si hablamos de derechos e igualdad de las mujeres, hemos de hacerlo también desde el derecho a participar y contribuir desde la política institucional. En plena campaña electoral, reivindicamos mayor participación política de las mujeres. Porque la menor presencia en número y cargos de responsabilidad no es fruto del azar o de la menor preparación, sino otra manifestación de la desigualdad que las mujeres sufrimos por el mero hecho de serlo.

* Coportavoz federal de EQUO. Firma también este artículo Carmen Molina, coportavoz de EQUO Andalucía y candidata de Podemos por Málaga

La transformación que la gente pide y Andalucía necesita

Rosa Martínez y Carmen Molina Cañadas, coportavoz de EQUO Andalucía

Articulo publicado en Eldiario.es Andalucia (25/02/2015)

Andalucía: 34,2% de tasa de paro (59% en jóvenes menores de 25 años); más de 3 millones de personas en riesgo de pobreza; desertificación de zonas agrícolas; corrupción galopante…

Estas son sólo algunas de las razones para la confluencia, para trabajar conjuntamente. El momento social y político que vivimos no deja margen para heróicas luchas individuales sino para sumar y trabajar por la transformación. Porque es transformación lo que Andalucía necesita; ni cambio, ni reformas, ni parches: transformación radical de las políticas que se llevan a cabo, primero, y de la forma de hacer política, después.

No olvidemos que el PSOE lleva 35 años ocupando el Gobierno de la Junta de Andalucía, con lo todo lo que ello supone. Prácticas irregulares, o cuando menos anómalas, son la norma y el funcionamiento general de la administración y las instituciones que se van degradando sin que eso sea noticia ya.

Para Equo y Podemos la prioridad absoluta es darle otro rumbo a la política andaluza. Una apuesta por las personas y sus derechos, por una economía que cree empleo sin comprometer el futuro y una regeneración democrática que ponga fin a 4 décadas de amiguismo y corrupción. Para que esta transformación por la que apostamos sea posible, debemos sumar. Las resistencias van a ser duras, pero hay que dejar claro que tras las propuestas hay una gran mayoría social que apoya y desea una nueva política.

La crisis económica, social, política y ecológica que nos sacude, ha atizado igualmente nuestra conciencia política. Las plataformas ciudadanas de confluencia han sido los primeros espacios en los que se han dado los primeros pasos para un entendimiento y colaboración entre agentes políticos y sociales para dar un giro a la política. Esta visión compartida, que no idéntica, tiene la suficiente fuerza como para lanzar un proyecto común para Andalucía.

El momento de excepcionalidad política exige nuevas formas de entender las alianzas y los acuerdos, primando la colaboración sobre la competencia, para trabajar por el objetivo común de recuperar la política para las personas, pensando en la sostenibilidad de nuestra sociedad y recuperando la calidad democrática.

Siempre hemos considerado EQUO como una herramienta de transformación social y participación. Queremos que nuestras propuestas de cambio de modelo de producción y consumo, de buen vivir y de democracia participativa sean parte de la ola de transformación que ya está en marcha. Y después de las elecciones seguiremos trabajando en cada pueblo y en cada municipio por lograr la confluencia y defender la justicia social y ambiental.

Estamos viviendo un momento excepcional, trascendente y novedoso. Seamos conscientes también de que muchas miradas están puestas en Andalucía, que seremos pioneros en demostrar que la nueva forma de hacer política, basada en la generosidad y el interés de la sociedad por encima de egos personales y colectivos.

Y en este proceso de transformación es imprescindible la participación y el compromiso de todos y de todas, no sólo de los agentes políticos, sino también de la ciudadanía. Contamos con sumar votos, sí, pero también apoyos, ilusiones, fuerza y legitimidad para hacer viable la alternativa que Andalucía necesita y se merece.

Ganemos, una visión desde la ecología política

Rosa Martínez, coportavoz de EQUO y Florent Marcellesi, futuro eurodiputado de EQUO – Primavera Europea

Artículo publicado en Revista Transversales (número 33 octubre 2014-enero 2015)

En nuestro país la política local ha replicado el modelo político existente a nivel nacional. En muchos casos, especialmente en las grandes ciudades, la política local se ha alejado de la ciudadanía y de sus necesidades directas. Se ha apostado por inversiones millonarias en proyectos insostenibles y de poco o nulo valor social, poniendo el acento en los intereses económicos y no en sus habitantes. No es de extrañar, por tanto, que sean Barcelona y Madrid las ciudades en las que sus dos iniciativas ciudadanas municipalistas han abanderando el movimiento ciudadano para recuperar el protagonismo de la política local y cambiarla profundamente.

Sin embargo, más allá de las pésimas políticas locales de los últimos años, los diferentes Ganemos surgidos por toda la geografía son hijos del momento de hartazgo político en el que vivimos. La indignación empieza a transformarse en acción con el 15M. El empoderamiento ciudadano y la toma de conciencia de la responsabilidad individual que cada uno tenemos en la transformación social han permitido que desde 2011 muchas personas canalicen su activismo político en movimientos ciudadanos de todo tipo (contra los desahucios, por un nuevo modelo energético, por una democracia real…), pero también en nuevos partidos políticos que apuestan por nuevas formas de hacer política (EQUO, Partido X, Podemos…).

En estos años hemos entendido que la acción y transformación desde abajo son imprescindibles para el cambio. De la misma manera, la negligencia e incompetencia de los poderes públicos ante la urgencia democrática, social y ecológica (así como su connivencia con el poder económico) nos ha demostrado que la presencia en política es igualmente irrenunciable. Es decir, necesitamos tener un pie en la calle y otro en las instituciones. Lo innovador de estos movimientos de participación política es que surgen como espacios de confluencia entre el activismo social y local y el activismo político.

Pero, ¿quiénes son los Ganemos?

“Somos la gente” decía Ada Colau en la presentación de Guanyem Barcelona. Y eso es lo que son estos movimientos, la ciudadanía, personas: afiliadas a partidos políticos o no, activistas sociales y locales, personas sin adscripción que no militan ni participan en ninguna organización, con o sin ideología política. Gente que comparte un deseo: acceder al poder institucional para rescatar a las personas y el Planeta.

Y ese es el alma de los Ganemos. Personas que se reúnen en espacios de confluencia en torno a una causa común. Están surgiendo por todo el territorio, siempre en clave local y respondiendo a las características ciudadanas, políticas y militantes de cada lugar. No hay fórmulas universalmente a­pli­cables para organizar óptimamente estos espacios. La experiencia de Guanyem Bar­celona o Ganemos Madrid surgida des­de la ciudadanía y los movimientos sociales pue­de no ser replicable en ciudades don­de no exista ese humus de activismo social más o menos organizado ni tradición de autogestión o autoorganización de la ciudadanía.

En estos casos, pueden ser los partidos po­lí­ticos (evidentemente, aquellos que comparten el objetivo de recuperar la política para la ciudadanía) los que sirvan de catalizador para el lanzamiento de un Ganemos.

Sería un error fijarnos sólo en el origen o grupo promotor de cada uno de los movimientos para decidir si es un movimiento ciudadano o la tan temible “sopa de siglas de partidos”. Consideremos en cambio si tienen una actitud incluyente o excluyente, cómo se toman las decisiones, cómo se organizan sus integrantes (partidos políticos, movimientos sociales y personas sin adscripción), sus normas de funcionamiento interno, su compromiso con la igualdad de género y la radicalidad democrática, y por supuesto unos principios y causas comunes irrenunciables que deben ser asumidos por todas las partes. Nuestra apuesta: ecología política, democracia, equidad y feminismo.

El reto de hacer política sin parecerse a la política que queremos cambiar

Los Ganemos se integran en (y han integrado) las exigencias de regeneración democrática que la sociedad está reclamando. La distancia entre la clase política y la ciudadanía, el secuestro del interés general en nombre del beneficio de unos pocos y los escándalos de corrupción son los elementos que se quieren desterrar en las “nuevas formas de hacer política”.

En primer lugar, se exige una mayor participación ciudadana y una democratización de la toma de decisiones y del funcionamiento interno de los partidos políticos. Esto, trasladado a los Ganemos, ha de traducirse en una organización horizontal donde las decisiones se tomen de forma asamblearia y que la delegación de responsabilidades se asiente en estrictos procesos de rendición de cuentas. Además de la horizontalidad organizativa, deben ofrecer mecanismos de participación ciudadana en su desarrollo: contactos y consultas con asociaciones vecinales, reuniones abiertas en torno a temas de interés, etc.

En este sentido, una de las claves es la elección de las listas electorales. A estas alturas, nadie duda ya de que deben hacerse a través de primarias abiertas en las que participe toda la ciudadanía. No deben pactarse puestos de salida entre las organizaciones más fuertes (sean partidos políticos o mo­vimientos sociales), pero sí puede ser de­seable en algunos casos establecer ciertos mecanismos que aseguren la diversidad del movimiento. Lo que sí nos parece necesario es establecer criterios organizativos que garanticen la igualdad de oportunidades entre todas las personas candidatas con independencia de los recursos con los que cuente la organización en la que milita.

Otra cuestión irrenunciable es la paridad y, desde nuestro punto de vista, las listas cremallera. De hecho, la participación de las mujeres es otro de los grandes retos democráticos y participativos de estos espacios de confluencia entre activismo social y político. Los Ganemos pueden ser el canal ideal para fomentar y animar a las mujeres activistas en movimientos sociales y organizaciones locales a dar el paso a la política institucional en su pueblo o ciudad. Tienen que asegurar que se recoge la experiencia en política no institucional de las mujeres y que éstas son parte activa y visible de los movimientos: queremos movimientos ciudadanos liderados por mujeres. En este sen­­tido que Ada Colau e Inés Sabanés sean una de las cabezas más visibles y mediáticas de Guanyem Barcelona y Ganemos Ma­drid, son dos excelentes ejemplos y un modelo impagable de liderazgo de mujeres en política local. Al mismo tiempo, hay que hacer un trabajo de base y sistemático que haga de estos nuevos espacios de participación políticos lugares amables para las mujeres, en los que no encuentren los tradicionales impedimentos y condicionantes que o bien limitan su participación o bien la desmotivan.

Por último, sólo mostrando coherencia en el discurso y en las prácticas relativas a la regeneración democrática se puede recuperar confianza de la ciudadanía en la política. La transparencia en el funcionamiento de la plataforma hacia el exterior debe ser irrenunciable y rigurosa (publicación de actas, documentos, presupuestos, reuniones, etc.) Además debe mostrarse una tolerancia cero con la corrupción y la financiación debe ser transparente e independiente de los bancos. No se puede olvidar, tal y co­mo establece EQUO en su resolución de apoyo a los movimientos ciudadanos, un compromiso de control ciudadano de los cargos electos y un código ético que sea cumplido escrupulosamente en lo referente a ingresos, contrataciones de cargos técnicos o la actividad en plenos.

¿Qué puede aportar la ecología política a los Ganemos?

La lógica de los Ganemos, y así lo están sabiendo ver todos sus actores, es la de llevar y defender en las instituciones a las que llegue una política orientada hacia las personas. Deben saber articular su propuesta más allá de la indignación y de una simple reacción contra las política de recortes y neoliberales. Deben ser propuestas en positivo e ilusionantes, que reflejen un cambio de modelo en la ciudad. Tal y como hizo Guanyem en su manifiesto, sería un acierto introducir transversalmente democracia, justicia y ecología para darle un contenido y una trascendencia política potente al proyecto político que representan.

Por su parte, la ecología política debe alimentar estos movimientos ciudadanos. Entre otras cosas, puede ayudar a construir programas coherentes y alternativos, y que den soluciones completas, creíbles y a largo plazo a los retos sociales, democráticos y medioambientales. Integrar los tres aspectos en las políticas locales es clave para invertir en un modelo socioeconómico que ponga a las personas en el centro, siempre respetando los límites del Planeta. Porque si bien se trata de ganar y llegar al poder, hay que hacerlo con un rumbo e ideas claras. Hay que ganar el poder para enfrentarnos al derrumbe progresivo de la sociedad productivista y consumista, imaginar juntos una sociedad alternativa y de­seable, y avanzar hacia un nuevo modelo de ciudad.

En este sentido, la ecología política juega un papel fundamental porque nos muestra que:

1. La era del crecimiento, la del consumo de masas, con energía barata y abundante, basada en el tener más para vivir mejor, ha terminado. Para siempre, porque no es posible que vuelva y porque tampoco es deseable. El crecimiento se ha convertido en una obsesión patológica moderna, es decir un factor de crisis que genera falsas expectativas, obstaculiza la búsqueda de bienestar y amenaza el planeta. El crecimiento ya no es la solución, es un problema central (1).

2. Dentro de este nuevo paradigma “post-crecimiento”, las ciudades -cunas de los Ganemos- son nudos gordianos. Las ciudades consumieron en 2006 en torno al 67% de la energía primaria mundial y fueron responsables del 71% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionados

con los combustibles fósiles. Por tanto, para garantizar la supervivencia civilizada de la humanidad, es urgente cambiar de raíz nuestras ciudades, puesto que ellas son a la vez el reflejo de un modelo socio-económico insostenible e injusto y un sujeto activo del cambio global.

3. Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización. Como bien analiza el manifiesto Última Llamada (2), “es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. (…) Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo”.

Para generar respuestas a la altura del desa­fío social, económico y ecológico actual, es primordial que los Ganemos asuman estos puntos de partida y que consigan trasladar a nivel local la necesidad de esta gran transición: “de la ciudad de la expansión ilimitada a la ciudad adaptada a los límites de biocapacidad glocal” (3), es decir hacia una ciudad de la justicia social y ambiental. Para construir esta ciudad donde seamos capaces de vivir bien y felices dentro de los límites ecológicos del Planeta y de forma democrática y solidaria, la ecología política aporta una serie de ideas clave (4).

– Adecuar la ciudad y su territorio a su biocapacidad: cada ciudad, o mejor dicho co­marca, debe tener en cuenta la capacidad de carga de su territorio para la reorientación de su organización socio-económica. En particular, hay que calcular la cantidad de tierra agrícola necesaria para abastecer a la población y compararla con los usos actuales para determinar cuál es la necesidad de superficie agraria y crear una reserva de suelo al respecto.

– Parar el crecimiento de las ciudades: Es preciso poner fin a la expansión urbana y tener un plan de contención de la urbanización y la artificialización del suelo. Al mismo tiempo, también es preciso poner fin a la construcción de grandes infraestructuras de transporte que conllevan el “sprawl” urbano, el uso intenso de energía fósil o del coche.

– Reciclar y revalorizar las ciudades existentes: no existe necesidad de construir más sino de repartir mejor el stock de viviendas (hay más de 3 millones de viviendas vacías en España), sin aumentar la presión sobre el suelo y además haciendo efectivo el derecho a la vivienda para todas y todos. Por otro lado, la rehabilitación se sitúa como un eje prioritario 1) ecológico, puesto que permite grandes reducciones del consumo energético y de la emisión de CO2, 2) socio-económico porque es una enorme fuente de empleo verde (5).

– Relocalizar las actividades: debemos construir un modelo económico donde primen las distancias cortas, es decir donde produzcamos localmente lo que consumimos localmente: huertos urbanos, descentralización de la producción de energía renovables, puesta en marcha de monedas locales que favorecen el comercio de cercanía, cooperativas o grupos de consumo que relacionen sin intermediarios a personas productoras y consumidoras a nivel local y privilegien un modo de vida ecológico.

– Favorecer una movilidad sostenible: Significa apostar prioritariamente por el peatón y la bici, así como el transporte colectivo, reduciendo el uso del coche. Su­po­ne a su vez construir ciudades policéntricas, donde se supere el urbanismo funcionalista (que separa por sus funciones las diferentes zonas de la ciudad: comerciales, dormitorios, actividades económicas, ocio; y que requiere el coche como elemento vertebrador) y se apueste por la mezcla de actividades y usos en nuestros barrios.

– Reequilibrar ciudad y campo: esto supone por un lado fomentar la reconversión de tierras hoy dedicadas al monocultivo (como puede ser el agroforestal) en tierras cultivables. Además de ser una fuente de empleo importante (6), implica revalorizar también el trabajo en el campo y el papel del campesinado en nuestra sociedad, y plan­tear un reequilibrio progresivo del re­parto de población entre campo y ciudad.

– Democratizar la ciudad: el tamaño desmedido de las ciudades aleja considerablemente la ciudadanía de los ámbitos de decisión. Sin embargo, ciudades como Porto Alegre (un millón de habitantes) han puesto en marcha presupuestos participativos que siguen, en teoría, un sistema abajo-arriba donde las asambleas de barrio discuten las propuestas y sus representantes las a­cuer­dan en asambleas del conjunto urbano. Para ello, se requiere una ciudad o un territorio policéntricos: a escala humana (es de­cir a pie o en bici) y de democracia directa, que luego se coordine de forma supralocal (comarca, cuenca hidrográfica, región, Es­tado, Europa) a través de mecanismos también democráticos y transparentes.

– Cambiar de valores y de mentalidad: No habrá disminución radical de la huella ecológica sin un cambio de mentalidad y de hábitos de consumo. En el ámbito de la movilidad sostenible, un buen ejemplo es el “Car sharing”, o desde una visión global, las cooperativas de viviendas, que practican la cesión de uso, ponen en común espacios y electrodomésticos entre los habitantes, apuestan por la biorehabilitación y fijan precios asequibles y justos.

Creemos que con estas condiciones, las iniciativas ciudadanas municipalistas estarán dando respuesta a la demanda ciudadana de cooperación frente a las políticas neoliberales y de recortes. Pero además, lo hacen con el valor añadido de no ceñirse a los partidos políticos, sino que suman e integran a otras organizaciones sociales y, lo que es más importante, a la ciudadanía. Y to­do ello, cooperando por una causa común: ganar la política local para las personas.

Notas

1. Véase Gadrey, Marcellesi, Barragué (2013): Adiós al crecimiento. Vivir en un mundo solidario y sostenible (El Viejo Topo) o el artículo Marcellesi (2013): “De la sociedad del crecimiento a la sociedad del vivir bien”

2. Véase en su web

3. Esta transición nos tendría que permitir al mismo tiempo alcanzar un decrecimiento del 45% de la huella ecológica media de las ciudades calculada para el año 2005 y mantener un Índice de Desarrollo Humano alto (es decir superior a 0,8 según Naciones Unidas). Véase Orcáriz, J., Prats, F. (2009):Informe Global España 2020/50. Programa ciudades. Hacia un pacto de las ciudades españolas ante el cambio global. Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental.

4. Para más detalles, véase “Ciudad y decrecimiento: los retos ecológicos de la urbe del siglo XXI” (Marcellesi, 2013).

5. Según un informe del Conama, la reforma de 10 millones de viviendas en el Estado español hasta 2050 para reducir su gasto de calefacción un 80% y cubrir un 60% de las necesidades de agua caliente puede generar unos 130.000 al año empleos nuevos en una primera fase de aquí a 2020.

6. Según varias hipótesis, se necesitaría en torno a un 30% más de trabajo si se pasara de la agricultura industrial a una agricultura mayoritariamente ecológica. Por otro lado, la relocalización de la producción y una apuesta decidida por la soberanía alimentaria es una gran fuente de empleo. Por ejemplo, en Euskadi si se planteara un objetivo de autoabastecimiento agrícola del 20% (hoy es del 5%), esto supondría la dedicación de más de 330.000 Ha. y el aumento de la población activa de 1.5% hasta el 5% (25.000 puestos de trabajo).

 

La Intocable del 78: renovarse o morir

Artículo publicado en La Marea (06/12/2014)

Permítanme ser directa. A día de hoy tenemos dos opciones: seguir andando en círculos o crear colectivamente un nuevo camino. Con la primera opción nos acabaremos mordiendo en el culo, si no nos caemos antes mareadas y asqueadas. Con la segunda, al menos se abre un horizonte al que dirigirnos. La primera es la opción de los que se niegan a ver que el régimen del 78 está agotado, hablo de Rajoy, hablo de Pedro Sánchez y hablo de Mariló Montero. La segunda es la de todas las que pensamos que el origen de la crisis política, económica y ecológica se encuentra, precisamente, en los puntos negros de nuestra actual Constitución.

La Constitución de 1978, la Intocable, ha creado un sistema incapaz de regenerarse o corregirse, y que además hace tiempo que ha olvidado el objetivo principal para el que fue creado: servir a los intereses de la ciudadanía. Las nuevas generaciones tenemos el derecho y el deber de exigir la revisión y la reconstrucción de los pactos del pasado. La ciudadanía votó sí (aunque hoy eso represente apenas el 30% de la población actual), pero no participó. La legitimidad de entonces está en entredicho, tanto por las demandas de las generaciones más jóvenes, como por las tensiones y distorsiones que el régimen salido de la transición provoca en nuestra sociedad.

Recordemos que, muy a pesar de algunos, los de siempre, ya tenemos sobre la mesa el primer elemento necesario –aunque no suficiente- para todo proceso constituyente: un consenso ciudadano amplio sobre la necesidad de cambio. Y aunque se niegue, somos muchas ya las que creemos inaplazable actualizar la Constitución del 78, la Intocable, porque se está desangrando desde hace demasiado tiempo. Las hemorragias internas se han convertido con la crisis en heridas visibles y escandalosas, solucionadas con tiritas neoliberales todavía más escandalosas e injustas, como la reforma del artículo 135. La Intocable ha entrado en este último año en la UCI por culpa de un infarto soberanista y un trasplante urgente de monarca.

El diagnóstico es claro: hay que empezar a debatir una nueva Constitución que siente las bases para atajar de raíz la crisis política, económica y ecológica en la que estamos empantanados. Esto no se hace de un día para otro, y sin embargo nada urge más que la refundación de nuestra sociedad a partir de un nuevo marco normativo. Debemos avanzar hacia la reformulación de un Estado en consonancia con los valores de democracia, igualdad, participación y colaboración.

La apuesta de EQUO es un Estado republicano, federal y laico; cuyos principios rectores sean la transparencia, la rendición de cuentas y la revocación de cargos públicos como herramientas de lucha contra la corrupción. Es inaplazable igualmente la reforma de la Justicia para garantizar su independencia y asegurar la protección de los derechos que deberán ser ampliados asegurando el buen vivir de las personas. Y por último, debe afrontarse una reforma del sistema electoral que sea efectivamente proporcional y garantice al mismo tiempo la representación territorial.

Y todo este debate puede darse de dos maneras. Tal y como se hizo en 1978: 7 hombres encerrados en una habitación en representación de los partidos políticos para decidir la organización política del país. O por el contrario, un proceso constituyente abierto, participativo y transparente en el que la ciudadanía sea protagonista.

En el proceso constituyente que ponga fin al régimen corrupto, injusto y obsoleto de la Intocable, los partidos deberán ser un actor más, una herramienta para la participación. Es imprescindible involucrar a representantes de la sociedad civil y a personas sin adscripción a ningún tipo de organización. Las consultas y los debates deben ser abiertos a toda la ciudadanía; con una escrupulosa rendición de cuentas y transparencia de las negociaciones y los procesos de decisión. Esta es la forma de hacer política que nosotros defendemos desde nuestros inicios. Y es exactamente la misma que está demandando la sociedad española en estos momentos y que se está practicando por toda la geografía española en los espacios de confluencia ciudadana.

La soberanía, el poder de decisión, reside en la ciudadanía. Nadie puede negarnos el debate y estamos en nuestro derecho de dotarnos de una nueva Constitución que dé respuesta a los retos y necesidades del siglo XXI. Quédense con estas palabras: proceso constituyente. No sólo van a ocupar el centro del debate político en 2015, sino que es el único camino hacia la regeneración democrática.

Por qué es imprescindible una política feminista

Rosa Martínez, coportavoz de EQUO y Carmen Muñoz, Red Equo Mujeres

Artículo publicado en Eldiario.es  (20/11/2014)

No deja de resultar curioso que en una sociedad donde la palabra feminismo aún ponga a la defensiva casi por igual a hombres y mujeres, izquierdas y derechas, nos encontremos de repente debatiendo en los medios de comunicación sobre el grado feminismo de los partidos políticos. Saquemos el “feministómetro” y pongámonos a medir: cómo de paritarios son los órganos de dirección, número de feministas por cada 100 militantes, referencias a políticas de la mujer en el programa, etc. Y esto, ¿de verdad importa?

Pues importa muchísimo. Primero porque demuestra que la conciencia sobre la desigualdad estructural entre hombres y mujeres ha salido de las esferas estrictamente feministas y ha llegado nada menos que a la política; y segundo porque se reconoce que hablar de mujer en términos de igualdad y con perspectiva de género es hacerlo desde el feminismo.

Sin duda, esta situación es parte del momento político en el que nos encontramos y en el que la ciudadanía quiere sacudirse las cargas de un sistema agotado política y socialmente. La transformación que se busca parte de los principios de igualdad y democracia. Algo que pasa inevitablemente por que la mitad de la población tengamos la mitad de todo . Históricamente en todas las luchas sociales y políticas se ha priorizado la lucha contra el sistema, con la promesa de ocuparse luego de las mujeres. Y así estamos, esperando desde la Revolución Francesa. No, las mujeres somos parte del todo y sólo incorporando el feminismo a la política evitaremos reproducir las desigualdades que queremos combatir. Ha llegado el momento de hacer política feminista, hacia dentro y hacia fuera. Sin duda, eso es parte de la nueva política.

Lo cierto es que, a pesar de que no esté bajo el foco mediático, EQUO lleva funcionando desde sus inicios de la manera en que la sociedad española pide hoy a gritos. Además de la horizontalidad, transparencia y democracia interna, funciona de forma feminista desde sus inicios. La paridad es una de nuestras señas de identidad: desde la coportavocía a cualquier órgano territorial.

Y sin embargo, no nos conformamos. La paridad ha de ser también política no sólo cuantitativa. Por eso, uno de los objetivos políticos que nos hemos marcado en esta nueva etapa es dar respuesta a los dos grandes retos que existen hoy en política desde el punto de vista feminista: lograr que más mujeres participen en política y fomentar y apoyar los liderazgos femeninos. La visibilidad pública de las mujeres en política, más allá de la foto en actos y ruedas de prensa, y su participación en los ámbitos de decisión, es decir allí donde está el poder, es condición sine qua nonpara una política feminista.

Pero esto no es suficiente. Nosotras creemos que los partidos políticos somos una herramienta de transformación social al servicio de la ciudadanía, y que el feminismo debe trascender nuestra propia casa. Un partido político será más o menos feminista en la medida en que las acciones y medidas políticas propuestas lo sean.

Aunque no se analicen como deberían, todas y cada una de las acciones políticas de las instituciones tienen un impacto positivo o negativo sobre la igualdad de género. Estos días ha aparecido una denuncia en los medios referida a que el estudio sobre el impacto de género de los presupuestos del Estado es insuficiente, no establece ningún tipo de recomendación, y además no utiliza la perspectiva de género. Exactamente a esto nos referimos: una política feminista analizaría las acciones planeadas desde la perspectiva de género, vería en que medida afecta a la igualdad social, económica o política de las mujeres y adoptaría las medidas correctoras necesarias, llegando incluso a desestimarlas si contribuyen a aumentar la desigualdad.

Si algo nos ha enseñado el feminismo es a mirar con otros ojos la realidad, a detectar y a luchar contra la discriminación y la desigualdad. Aplicado a la política, el feminismo nos muestra, por ejemplo, cómo el dinero público está contribuyendo a crear o reproducir desigualdades de género y con ello a perpetuar esterotipos sexistas.

No podemos dejar pasar la oportunidad de cambio que estamos viviendo para transformar radicalmente el sistema, no aceptamos parches cortoplacistas ni remedios parciales. En EQUO creemos que para que el nuevo modelo sea sostenible y socialmente justo debe incluir en sus planteamientos los límites del Planeta y el feminismo. Esta visión, apoyada en tres años de trabajo hacia dentro y hacia fuera, con unas propuestas serias y coherentes, creemos que nos convierte en un actor imprescindible para el cambio. Un cambio, que o será feminista, o no será. Al menos para la mitad de la población, algo que nos afecta a todas y todos en su globalidad.