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La ecología interesa. Reflexiones de la campaña en Andalucía

Durante más de una semana, desde Getafe a Almonte, pasando por Cartagena, Jaen, Motril, Córdoba, Mijas y Rota he hablado principalmente de economía, ecología y buen vivir. Con diferentes matices, enfoques, nivel de detalle y propuestas concretas, pero siempre con el foco puesto en la necesidad de transformar el modelo, el respeto a los límites del Planeta, los derechos de las personas y la necesaria contribución personal al proceso.

En este periplo, he tenido la oportunidad de trasmitir este mensaje tan EQUO a un público desconocedor de la ecología política, ni siquiera afin o interesado en las propuestas verdes. Personas que van a escuchar a Monedero, que quieren saber como los de abajo van a vencer a los de arriba, que quieren oir sobre el poder de la gente corriente, y en medio del fervor del “sí se puede” llega alguien que les dice: “Yo vengo a hablar de ecología”. Y resulta que funciona.

El silencio, la expectación, los asentimientos, los aplausos y sobre todo los comentarios tras las intervenciones me dicen que la ecología interesa, que el mensaje se entiende y que se ve necesaria e imprescindible en el cambio. Y esto es muy significativo, ya que contradice al menos en parte, algunas de las autolimitaciones y justificaciones que solemos invocar tratando de justificar la escasa penetración de nuestro mensaje en la opinión pública.

Creo que hay que empezar a ver los espacios de confluencia o de colaboración política, o como queramos llamar al trabajo conjunto con otros partidos y colectivos, como una ventana de oportunidad para hablar de nosotras y de nuestras propuestas. Si de algo ha servido la campaña andaluza ha sido para que cientos, si no miles de personas que jamás hubieran asistido a un acto de EQUO, hayan oido lo que proponemos para mejorar sus vidas. Y esto desde luego, ha sido gracias al esfuerzo de nuestras candidatas que se han recorrido los pueblos de sus respectivas provincias para asegurar la visibilidad de EQUO en los diferentes actos de campaña.

El impacto y el rendimiento de esto es obviamente difícil de medir objetivamente, pero para mí, llegar a gente a la que no solemos llegar, es una pieza importante de este rompecabezas que intentamos resolver día a día, ese de cómo hacemos llegar nuestro mensaje.

Llamadme ilusa si queréis, pero yo regalo ilusión. De la que me ha generado esta parte de mi experiencia en Andalucía. Para muestra un botón: Al salir del cierre de campaña de Dos Hermanas, se acercan dos mujeres a saludarme, habían estado en el acto de Mijas (el video que comparto) y una de ellas me dice con una palmada en la espalda: “Ojalá te sigan dejando hablar de ecología

Y si no nos dejan, habrá que hacerse hueco igual. ¿A que es para ilusionarse?

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La transformación que la gente pide y Andalucía necesita

Rosa Martínez y Carmen Molina Cañadas, coportavoz de EQUO Andalucía

Articulo publicado en Eldiario.es Andalucia (25/02/2015)

Andalucía: 34,2% de tasa de paro (59% en jóvenes menores de 25 años); más de 3 millones de personas en riesgo de pobreza; desertificación de zonas agrícolas; corrupción galopante…

Estas son sólo algunas de las razones para la confluencia, para trabajar conjuntamente. El momento social y político que vivimos no deja margen para heróicas luchas individuales sino para sumar y trabajar por la transformación. Porque es transformación lo que Andalucía necesita; ni cambio, ni reformas, ni parches: transformación radical de las políticas que se llevan a cabo, primero, y de la forma de hacer política, después.

No olvidemos que el PSOE lleva 35 años ocupando el Gobierno de la Junta de Andalucía, con lo todo lo que ello supone. Prácticas irregulares, o cuando menos anómalas, son la norma y el funcionamiento general de la administración y las instituciones que se van degradando sin que eso sea noticia ya.

Para Equo y Podemos la prioridad absoluta es darle otro rumbo a la política andaluza. Una apuesta por las personas y sus derechos, por una economía que cree empleo sin comprometer el futuro y una regeneración democrática que ponga fin a 4 décadas de amiguismo y corrupción. Para que esta transformación por la que apostamos sea posible, debemos sumar. Las resistencias van a ser duras, pero hay que dejar claro que tras las propuestas hay una gran mayoría social que apoya y desea una nueva política.

La crisis económica, social, política y ecológica que nos sacude, ha atizado igualmente nuestra conciencia política. Las plataformas ciudadanas de confluencia han sido los primeros espacios en los que se han dado los primeros pasos para un entendimiento y colaboración entre agentes políticos y sociales para dar un giro a la política. Esta visión compartida, que no idéntica, tiene la suficiente fuerza como para lanzar un proyecto común para Andalucía.

El momento de excepcionalidad política exige nuevas formas de entender las alianzas y los acuerdos, primando la colaboración sobre la competencia, para trabajar por el objetivo común de recuperar la política para las personas, pensando en la sostenibilidad de nuestra sociedad y recuperando la calidad democrática.

Siempre hemos considerado EQUO como una herramienta de transformación social y participación. Queremos que nuestras propuestas de cambio de modelo de producción y consumo, de buen vivir y de democracia participativa sean parte de la ola de transformación que ya está en marcha. Y después de las elecciones seguiremos trabajando en cada pueblo y en cada municipio por lograr la confluencia y defender la justicia social y ambiental.

Estamos viviendo un momento excepcional, trascendente y novedoso. Seamos conscientes también de que muchas miradas están puestas en Andalucía, que seremos pioneros en demostrar que la nueva forma de hacer política, basada en la generosidad y el interés de la sociedad por encima de egos personales y colectivos.

Y en este proceso de transformación es imprescindible la participación y el compromiso de todos y de todas, no sólo de los agentes políticos, sino también de la ciudadanía. Contamos con sumar votos, sí, pero también apoyos, ilusiones, fuerza y legitimidad para hacer viable la alternativa que Andalucía necesita y se merece.

2014: un año muy EQUO

10257856_720760601280061_8157344797434988953_nPues en vez de resumir el año con Facebook o con las aplicaciones varias que nos inundan desde hace días, yo vuelvo no al tradicional lápiz y papel sino a la eterna palabra. Si 2014 merece un reconocimiento especial hecho a base de palabras es porque todo lo que ha significado, está significando y probablemente vaya a significar en las próximas etapas de vida.

Empecé el año saliendo de mi zona de confort, en lo personal y en lo político, y he ido aprendiendo a avanzar en lo desconocido sin tener claro el camino que pisaba, a dar pasos sin ni siquiera saber si habría suelo donde apoyar el pie. Me he dado cuenta de que es absurdo el miedo a caerse, que a lo que a lo que debemos temer es a no saber levantarnos. Quiero pensar que la lección de este 2014 es que la seguridad en nosotras mismas es lo único seguro que tenemos en esta vida, y que con ella en la mochila nos atreveremos a transitar caminos nuevos que no nos hubieramos imaginado o simplemente no nos hubieramos atrevido.

Cuando en diciembre de 2013 decido presentarme a las primarias para las elecciones europeas y abrirme (¡por fin!) una cuenta de twitter ni se me pasó por la cabeza la sucesión de hechos y circunstancias que supondrían verme, un año después, de coportavoz federal de Equo. Quedan lejos ya las primarias, los actos y debates como candidata en campaña electoral, la alegría de lo conseguido y el ahora qué. Un poco más cerca la Uni Verde, mi candidatura a la coportavocía y la Asamblea Federal. Y ya es parte de mi día a día ejercer de coportavoz, contribuyendo al proyecto global de cambio, de justicia social y ambiental, en el que la democracia y la transparencia sean los principios irrenunciables de funcionamiento. Siento que mi aventura política lo ha teñido todo y que aún no he llegado a ningún sitio, sino que acabo de empezar a andar. El reto de transformar radicalmente el sistema, la sociedad y los valores que lo rigen está ahí mismo, delante de mi, y no tendré ningún temor ni reparo en afrontarlo.

Ha sido un año intenso en experiencias y emociones, que me han demostrado la subestimada capacidad de aprendizaje y adaptación que tiene el ser humano. Echo la vista atrás y me encuentro con personas, muchas personas. Algunas ya estaban, otras llegaron con el año, y otras muchas se han ido sumando para quedarse. Miro hacia atrás y en los momentos importantes del año veo las mismas caras, y solo deseo que en 2015 sigan ahí conmigo. Gracias a quienes me habéis acompañado, apoyado, querido, enseñado e incluso cabreado a veces, en la política y en la vida.

Y por si todo esto fuera poco, en 2014 he cumplido un sueño que tenía casi olvidado, dándome cuenta de que todos los sueños están hechos para cumplirse. Quien sabe si en 2015 otro sueño de esos que erróneamente clasificamos como “incumplibles” entrará a formar parte de mi vida. Es un bonito deseo en todo caso.10257856_720760601280061_8157344797434988953_n

Un partido con alma

22M_3Estoy echando algunas cosas de menos en el intenso debate que estamos teniendo sobre las funciones y organización de la CEF. Por supuesto el funcionamiento y las cuestiones organizativas son claves para sacar el partido adelante, pero para mí es importante que tengamos una dirección que seguir, algo que sustente el proyecto y que a la vez, se proyecte hacia fuera.

Yo no quiero una CEF que únicamente sea vista y valorada por sus labores de gestión, quiero una CEF y dos coportavoces que sean capaces de liderar una manera de trabajar y de hacer política, y que trasmitan una actitud y un convencimiento que sean nuestra tarjeta de presentación. No quiero una organización muy eficiente y vacía de contenido. Quiero un partido con alma.

Un alma tejida de ilusión. Primero desde dentro, ilusionándonos nosotras mismas por ser parte del cambio y por todo lo que tenemos que aportar; y segundo ser capaces de trasmitirlo hacia fuera. No quiero un proyecto pesimista ni derrotista; ni me gustaría movilizar por la desesperación y la frustración. El EQUO que me imagino trasmite ilusión en sus propuestas y por su manera cercana y amable de hacer política. Y digo amable, que no blanda. La ilusión viene de la firmeza, de la dureza de la crítica y del convencimiento (y el ejemplo) de que las cosas se pueden hacer de otra manera.

Quiero que el alma de EQUO mire con orgullo hacia atrás, y valore lo que hemos conseguido en estos tres años como partido. Pero que no pierda la humildad al pensar en quienes somos. Tenemos un alma grande en un cuerpo chiquito que tiene que hacerse hueco a base de altura política y habilidad para reivindicar su contribución, muy necesaria, al momento político que estamos viviendo. La humildad, no está reñida con la ambición: desde lo que somos tenemos que aspirar a crecer, a ilusionar y a convencer a la mayoría social.

Y por supuesto un alma verde. Cuando en Junio de 2011 leí el manifiesto de EQUO “Es el Momento”, sentí que por fin alguien ofrecía una respuesta completa a todas mis inquietudes y preocupaciones. Me cuadraba la manera en la que se hilaba y exponía la relación entre crisis económica, social y ambiental y la necesidad de repensar completamente el modelo para garantizar la justicia social y ambiental, hoy y mañana. Sólo meses después, cuando ya era militante y activista en EQUO aprendí que esa manera que yo tenía de ver las cosas se llamaba Ecología Política.

La grandeza de la Ecología Política es que acoge y recoge cualquier tipo de preocupación o reto que pueda surgir en nuestra sociedad. Y ofrece, además, una respuesta coherente con los derechos de las personas y del medio ambiente a todas las demandas y problemas derivados de la crisis de civilización en la que nos hallamos. Así pues, los derechos, el cambio climático, la pobreza, la regeneración democrática, la creación de empleo, la igualdad de la mujer, los derechos de los animales, el estado de bienestar, el modelo energético, la biodiversidad y muchos más, tienen cabida y son parte de las propuestas de la Ecología Política.

EQUO es un partido hecho de personas, cada una con sus intereses, su experiencia, sus afinidades y sus preferencias a la hora de trabajar más o menos intensamente por uno de los múltiples problemas a los que la política debería dar respuesta y no la está dando. La diversidad entendida como riqueza es una de los pilares del pensamiento verde: respetar, defender y valorar las diferentes líneas de trabajo que ofrece la Ecología Política para cambiar el modelo nos fortalece y nos enriquece.

El debate por lo tanto es estratégico, no ideológico: qué queremos comunicar, cómo queremos posicionarnos para llegar, primero, a esa gran masa social que piensa en clave de Ecología Política y no lo sabe; y en segundo lugar a la mayoría social, que sufre las consecuencias de un sistema devorador de recursos naturales y personas, y que sigue creyendo que la cuestión ambiental está reñida con sus derechos.

Asi que con ilusión, sintiéndonos orgullosos de dónde venimos y lo que hemos conseguido, con humildad pero siendo ambiciosos en nuestros objetivos, definamos nuestra estrategia y nuestro modelo de partido para conseguir eso por lo que estamos todas aquí: para cambiar las cosas desde el poder institucional.

Y por supuesto, disfrutando en el camino: “Si no puedo bailar, no es mi revolución” (Emma Goodman)

Razones y reflexiones de una candidatura

JLF_2014-05-18_MG_8121Pues ya está, toca hacerlo público: presento mi candidatura a ser miembro de la Comisión Ejecutiva Federal y coportavoz de EQUO. El como me siento ahora es un intenso compendio de todas las impresiones, emociones y reflexiones que me han traído hasta aquí. Ha sido un proceso complejo y emocionante de asimilación, empoderamiento, evaluación, preparación y sobre todo de reflexión, personal y política.

En lo personal he tenido que evaluar no sólo como yo me sentía ante la responsabilidad, sino también lo que supondría en la gestión de mi vida personal, sobre todo como cuidadora principal de mis dos hijos. Pero hay una parte de la reflexión personal, que no deja de ser política. Y es una cuestión que siempre he puesto sobre la mesa cuando he sido candidata (Autonómicas de Euskadi y Europeas): el ser mujer y no tener experiencia política previa. Me dicen por aquí, mis amigos de Ibaiondo, que 3 años de militancia ya empiezan a ser experiencia. Y tienen razón, pero en mi imaginario y lo que se ve día a día en la política, es que los puestos a los que yo me presento suelen ser ocupados por personas, hombres casi siempre, de larga e intensa trayectoria en el partido, lo que no es mi caso al menos a nivel federal.

Esto ha sido por diversas razones (dos ellas con nombre y apellidos que tienen ahora 6 y 4 años), pero creo que esto no debe ser ni inconveniente ni autolimitación. Creo que tengo vivencias y experiencias en otros ámbitos, profesionales y personales que suplen sin problema la breve trayectoria política. Creo que la política no es ni más complicada ni más especial que la mayoría de los espacios sociales en los que nos movemos, y deberíamos pensar si ese aura de actividad específica y especial no le ha sido dada con un interés evidente.

El ser mujer ha condicionado desde el principio mi participación en política. Por una parte como madre ha limitado mi disponibilidad (que os voy a contar del patriarcado que no sepáis), y por otra mis actos y “pasos al frente” siempre han tenido una motivación de visibilizar y hacer presentes a las mujeres en la política. Es lo que tiene la paridad, que a algunas nos ha servido de acicate para participar, y además con el ánimo de no ser un número, sino ser parte activa de lo que tocara. Y esta guerra es parte de lo que me traigo a este proceso y marca mi decisión de presentarme a la coportavocía: dejarme la piel por intentar que EQUO tenga un referente femenino interno y externo. Sé que hay muchos obstáculos en el camino, veremos en que medida soy capaz de lograrlo y si el panaroma político de la izquierda tiene hueco para una mujer feminista y ecologista, pero allá voy. Y lo que puede ser visto como ambición, no es sino parte de mi lucha y de mi contribución para cambiar la política y las políticas.

Reflexión política decía dos parráfos más arriba. Y es que el esfuerzo personal que me supondrá ejercer de coportavoz en el caso de ser elegida me ha exigido volver a mis valores y convincciones políticas, a las más profundas, y confrontarlas con el proyecto político del que formo parte. He querido tener claro lo que quiero y cómo lo quiero, primero por coherencia personal, pero también porque me parecía imprescindible presentar una candidatura con un proyecto político propio. Porque a las personas no debemos elegirlas por su foto, sus motivaciones, lo bien que hablan o lo bien que escriben, sino por su proyecto político. Presentarme bien a la CEF o a la coportavocía sin explicar claramente el partido que quiero, me parecería un poco frívolo, o incompleto, o no del todo honesto. Vamos, que me voy a mojar.

Empecemos por lo más orgánico, por el funcionamiento mismo del partido. He decidido presentarme a la CEF, porque independientemente de los resultados de la elección de la coportavocía,  hay mucho trabajo por hacer, y además de apetecerme, creo que puedo aportar mucho. En este sentido, creo que el funcionamiento interno de la CEF mejoraría si cada persona integrante asumiera una responsabilidad concreta (temática o estratégica), lo que además facilitaría la organización del trabajo, asi como la rendición de cuentas y la valoración de cada miembro y de la CEF en su conjunto. En mi caso, hay dos áreas estratégicas que personalmente me gustaría potenciar e involucrarme: la participación de las mujeres y las relaciones con el PVE.

También creo que hay que seguir trabajando para mejorar la transparencia en los procesos. Para ello se necesita una militancia vigilante, que no beligerante. Las personas que integren la CEF deben sentir por un lado la confianza de quien les ha apoyado, pero por otro también las expectativas de un trabajo riguroso y transparente. Y sin embargo, reinvindico el derecho de las personas que ocupen los cargos federales a cometer errores (sobre todo en nuestras circunstancias mayoritariamente de voluntariado), así como su obligación de escuchar y aceptar las críticas cuando estas sean fundadas, respetuosas y constructivas. Aceptar el disenso y otros puntos de vista, por muy contrarios y opuestos que sean a los nuestros, es la mayor prueba de confianza que podemos y debemos darle a una persona con la que compartimos militancia, y por lo tanto lucha.

Y para más adelante dejo el EQUO que quiero, por dentro y para fuera.

La identidad mueve el mundo

Green-is-the-New-Red-41430163939A raíz de reflexionar conjuntamente con Florent Marcellesi sobre las iniciativas ciudadanas municipales (Diario Público 04/07/2014), algunas ideas se han quedado aferradas a mi cabeza enlazando con uno de mis temas favoritos de reflexión: la identidad y la memoria (no en vano llevo trabajando con estos conceptos 4 años en diferentes proyectos de educación).

La motivación y la participación en cualquier proyecto colectivo pasa por una identificación individual con los objetivos comunes: o los siento como míos, o no me involucro en luchar por ellos. En esa palabra tan compleja y tan manida, que es la identidad, está la clave. Las principales iniciativas ciudadanas que están surgiendo en toda la geografía se están construyendo entorno a dos identidades: la local y la política.

La local es una de las identidades colectivas que las personas sentimos como más fuertes (por encima de la regional y la nacional) y es clave en la acción política. La mayoría de las personas se movilizan por causas inmediatas en su entorno. Guanyem lo plantea claramente “nos han robado Barcelona, y queremos recuperarla”. Es un objetivo que muchas personas sentirán como suyo y al que priorizarán por encima de otros objetivos de políticos, personales o de grupo. El caracter local, creo que es clave, y se me hace difícil imaginar este tipo de iniciativas a nivel autónomico. Pienso en “Ganemos Castilla y León” por ejemplo, o “Ganemos Euskadi”, y creo que por razones obvias y distintas no funcionarían de la misma manera.

El segundo ingrediente identitario, es por supuesto el político. “No cabemos todos” decía Ada Colau. Se busca la unidad y la identidad en la diferencia y la oposición al otro: los recortes y la corrupción. El hecho de que no se posicionen en ninguno de los espacios políticos tradicionales de nuestro país es desde mi punto de vista una de sus fortalezas como movimiento ciudadano. Construyen su identidad en el futuro y no en la tradición ni la memoria política.

Y esto es positivo, pues se busca afrontar nuevos retos desde nuevas identidades. Los partidos políticos en España, tanto de derechas, izquierdas y los nacionalistas, están atrapados en su propia memoria histórica y política. Justifican su hoy y su mañana por lo que han sido y lo que han defendido: en la dictadura, en la transición o en las últimas décadas. Es cierto, que para legitimar una identidad es necesario el pasado, pero no debe condicionar el futuro. Y desde luego, en todos los partidos tradicionales e históricos estatales o autónomicos el peso de la tradición hace poco o nada creibles sus propuestas de futuro.

Quiero pararme en dos partidos nuevos que se encuentran en diferente situación respecto a la memoria y la identidad política: Podemos y EQUO (¿qué sorpresa, no?) Podemos ha sabido jugar muy bien al juego de la identidad. Le ha hecho una operación de estética a la arraigadísima identidad anticapitalista y de lucha clases, adaptando el mensaje y las formas. Y además, ha incorporado elementos del siglo XXI que faciliten la identificación de las personas de hoy con esa ideología del XIX. Pero paradójicamente, además de venderse como novedad política, no dudan en legitimarse reinvicando ser parte de la lucha antifranquista, o sea reclamando parte de la memoria política histórica para sí (Pablo Iglesias 05/02/2014 – Min 1)

EQUO sin embargo, además de ser un partido político nuevo está creando un espacio político que no existe en España. La ecología, lo verde, no se considera una identidad política. La memoria política de los partidos verdes es prácticamente inexistente o desconocida. El que hecho de no haber estado presentes en los referentes más fuertes de nuestra memoria política, la dictadura y la transición, pesa demasiado en el imaginario colectivo. Pero los verdes sí estuvieron, pero no como partido.

Cuando oigo a un compañero de 70 años contar las palizas que le daban en la comisaría de Bilbao en los años 70, me doy cuenta, no sin cierta rabia, que esa memoria nos es negada desde el punto de vista colectivo. Nuestras memorias individuales de lucha política y de activismo social no cuentan para legitimarnos identitariamente en el espacio político colectivo. Carecemos de referentes de peso, que ayuden a que la gente nos perciba como una etiqueta política y no como una etiqueta social.

Por eso, que movimientos políticos como las iniciativas ciudadanas consigan movilizar e ilusionar a tanta gente con una identidad política diferente a las tradicionales me hace pensar que hay cosas que se están moviendo. La ciudadanía empieza a buscar su identidad en el presente y en el futuro y no en un pasado más o menos lejano, que no está dando respuesta a sus necesidades.

Y en este contexto de búsqueda de nuevas identidades, lo que era una debilidad (no ser parte de la memoria política de este país) puede ser una ventaja si conseguimos lograr trasmitir la identidad verde: Nuestro objetivo son las personas, y trabajamos por ellas teniendo en cuenta siempre, y en cada una de nuestras propuestas el medio ambiente y la democracia participativa. Importa el a dónde vamos, no de dónde venimos.

La identidad mueve el mundo, porque todas y cada una de las identidades de un individuo están en el origen de su motivación y sus esfuerzos. Sólo por eso, merece la pena que nos paremos a pensar como construir una identidad política verde potente que haga que nuestros objetivos de justicia social y ambiental sean objetivos colectivos prioritarios en nuestra sociedad.

Emociones europeas

ep_electionsCreo que la lectura (y escritura!) compulsiva de análisis y opiniones sobre los resultados de las elecciones está siendo una ocupación común dentro del entorno de Equo. En un ciclo que se retroalimenta, y que puede durar, no sólo hasta que esté todo dicho (aunque…¿cuándo ha parado eso una bola de opinión?) sino como mínimo hasta agosto, que nos vayamos todos de vacaciones. Y aún y todo, con las tablets y portátiles nos veo en el chiringuito legalizado por la Ley de Costas de Cañete dándole aún vueltas al tema.

No me mal interpreten, no me lo tomo a guasa. Intento poner en perspectiva el masivo lanzamiento de datos, porcentajes, hipótesis, teorías, afirmaciones y hasta vaticinios que acompañan a cualquier análisis digno de llamarse así. Y de lo que estoy leyendo, sobre todo lo escrito por Equo, me fijo especialmente en las emociones que los resultados nos han producido.

El objetivo era un eurodiputado y se ha conseguido. Esto es motivo suficiente para que muchas nos sintamos felices y con la sensación del deber cumplido. Sin embargo, el número y porcentaje de votos obtenidos, que en líneas generales no ha supuesto un aumento desde las generales de 2011 (incluso descenso en algunos territorios) nos produce también en paralelo cierta decepción y preocupación.

Es curioso como el logro de un objetivo marcado colectivamente sea capaz de provocar emociones contradictorias en un mismo grupo (¡y en una misma persona!). En un ejercicio de cinismo intelectual, podríamos divertirnos imaginando que aún mejorando considerablemente los resultados en todos los territorios, no hubiéramos conseguido representación. (Ni me molesto en hacer los cálculos matemáticos, es una simple entelequia especulativa, pongan ustedes las condiciones que consideren oportunas) ¿Se sentiría peor quien está contento con los resultados y sería más feliz quien se siente defraudado por el número de votos?

Dicen que la decepción va ligada a las expectativas. ¿Qué esperaba de estas elecciones cada una de las personas que formamos EQUO? ¿De verdad creíamos posible duplicar el número de votos a nivel estatal? ¿Soñábamos con un segundo eurodiputado? Cada una que se responda a sí misma, pero bien es cierto que cuando deseas algo con todas tus fuerzas, cuando dedicas tiempo y esfuerzo a hacer que funcione y cuando te involucras emocionalmente en ello, llega un punto en que el DESEAR algo y el CREER QUE VA A OCURRIR se confunden. En realidad no tienes indicios racionales para creerlo, pero lo deseas con tanta fuerza que lo conviertes en certeza (desde una oferta de trabajo a la persona amada) ¿Teníamos realmente motivos objetivos para preveer un aumento considerable de votos?

Cada una sabrá lo que tenía en la cabeza, aunque sí que es verdad que todo el trabajo hecho y las buenas sensaciones que nos llegaban de la campaña nos ha llevado quizá a pensar que íbamos a dar el salto. Si ha sido esto, quizá no hemos tenido en cuenta dos aspectos: el limitadísimo impacto cuantitativo de las mesas, charlas y actos varios en los que se ha basado principalmente nuestra campaña,  (además de la más que modesta presencia mediática); y la dificultad de transformar la simpatía en voto en dos semanas.

Y como no hay escrito sobre las elecciones que se precie sin mencionar a Podemos, pues ahí voy: Si nuestros propios resultados dan lugar a emociones divergentes, los de Podemos dan para cubrir todo el “emocionario”: asombro, alegría, decepción, ilusión, envidia, admiración, incomprensión, enfado, hostilidad, entusiasmo… creo que podemos encontrar un poco de todo y en diferente medida. Y me queda la duda de cómo hubieramos reaccionado emocionalmente cada una de las personas de EQUO, ante nuestros mismos resultados en un escenario con resultados menos abrumadores para Podemos. Otra entelequia para la reflexión.

Si he querido hablar de las emociones, es porque EQUO, y sobre todo esta campaña la hemos hecho las personas. Por encima de la racionalidad de datos y argumentos políticos, están las emociones que todo eso nos provoca. Poco podemos hacer con ellas salvo reconocerlas, intentar entenderlas y respetarlas. Hecho esto, pues entonces quizás estaremos en condiciones de analizar y evaluar los datos puramente políticos para extraer lo mejor de ellos para el futuro, en vez de usarlos para justificar nuestras propias emociones.

Y la segunda derivada, que nos obliga a hilar más fino: ¿cómo reacciono ante emociones opuestas a las mías generadas por los mismos resultados? ¿Siento desconfianza? ¿Soy capaz de empatizar? ¿Me aleja de esa persona?

Habrá a quien esto le parezca una chorrada. “Allá cuidaos”, que dice mi abuela.