Archivo de la categoría: Artículo

Ganemos, una visión desde la ecología política

Rosa Martínez, coportavoz de EQUO y Florent Marcellesi, futuro eurodiputado de EQUO – Primavera Europea

Artículo publicado en Revista Transversales (número 33 octubre 2014-enero 2015)

En nuestro país la política local ha replicado el modelo político existente a nivel nacional. En muchos casos, especialmente en las grandes ciudades, la política local se ha alejado de la ciudadanía y de sus necesidades directas. Se ha apostado por inversiones millonarias en proyectos insostenibles y de poco o nulo valor social, poniendo el acento en los intereses económicos y no en sus habitantes. No es de extrañar, por tanto, que sean Barcelona y Madrid las ciudades en las que sus dos iniciativas ciudadanas municipalistas han abanderando el movimiento ciudadano para recuperar el protagonismo de la política local y cambiarla profundamente.

Sin embargo, más allá de las pésimas políticas locales de los últimos años, los diferentes Ganemos surgidos por toda la geografía son hijos del momento de hartazgo político en el que vivimos. La indignación empieza a transformarse en acción con el 15M. El empoderamiento ciudadano y la toma de conciencia de la responsabilidad individual que cada uno tenemos en la transformación social han permitido que desde 2011 muchas personas canalicen su activismo político en movimientos ciudadanos de todo tipo (contra los desahucios, por un nuevo modelo energético, por una democracia real…), pero también en nuevos partidos políticos que apuestan por nuevas formas de hacer política (EQUO, Partido X, Podemos…).

En estos años hemos entendido que la acción y transformación desde abajo son imprescindibles para el cambio. De la misma manera, la negligencia e incompetencia de los poderes públicos ante la urgencia democrática, social y ecológica (así como su connivencia con el poder económico) nos ha demostrado que la presencia en política es igualmente irrenunciable. Es decir, necesitamos tener un pie en la calle y otro en las instituciones. Lo innovador de estos movimientos de participación política es que surgen como espacios de confluencia entre el activismo social y local y el activismo político.

Pero, ¿quiénes son los Ganemos?

«Somos la gente» decía Ada Colau en la presentación de Guanyem Barcelona. Y eso es lo que son estos movimientos, la ciudadanía, personas: afiliadas a partidos políticos o no, activistas sociales y locales, personas sin adscripción que no militan ni participan en ninguna organización, con o sin ideología política. Gente que comparte un deseo: acceder al poder institucional para rescatar a las personas y el Planeta.

Y ese es el alma de los Ganemos. Personas que se reúnen en espacios de confluencia en torno a una causa común. Están surgiendo por todo el territorio, siempre en clave local y respondiendo a las características ciudadanas, políticas y militantes de cada lugar. No hay fórmulas universalmente a­pli­cables para organizar óptimamente estos espacios. La experiencia de Guanyem Bar­celona o Ganemos Madrid surgida des­de la ciudadanía y los movimientos sociales pue­de no ser replicable en ciudades don­de no exista ese humus de activismo social más o menos organizado ni tradición de autogestión o autoorganización de la ciudadanía.

En estos casos, pueden ser los partidos po­lí­ticos (evidentemente, aquellos que comparten el objetivo de recuperar la política para la ciudadanía) los que sirvan de catalizador para el lanzamiento de un Ganemos.

Sería un error fijarnos sólo en el origen o grupo promotor de cada uno de los movimientos para decidir si es un movimiento ciudadano o la tan temible «sopa de siglas de partidos». Consideremos en cambio si tienen una actitud incluyente o excluyente, cómo se toman las decisiones, cómo se organizan sus integrantes (partidos políticos, movimientos sociales y personas sin adscripción), sus normas de funcionamiento interno, su compromiso con la igualdad de género y la radicalidad democrática, y por supuesto unos principios y causas comunes irrenunciables que deben ser asumidos por todas las partes. Nuestra apuesta: ecología política, democracia, equidad y feminismo.

El reto de hacer política sin parecerse a la política que queremos cambiar

Los Ganemos se integran en (y han integrado) las exigencias de regeneración democrática que la sociedad está reclamando. La distancia entre la clase política y la ciudadanía, el secuestro del interés general en nombre del beneficio de unos pocos y los escándalos de corrupción son los elementos que se quieren desterrar en las «nuevas formas de hacer política».

En primer lugar, se exige una mayor participación ciudadana y una democratización de la toma de decisiones y del funcionamiento interno de los partidos políticos. Esto, trasladado a los Ganemos, ha de traducirse en una organización horizontal donde las decisiones se tomen de forma asamblearia y que la delegación de responsabilidades se asiente en estrictos procesos de rendición de cuentas. Además de la horizontalidad organizativa, deben ofrecer mecanismos de participación ciudadana en su desarrollo: contactos y consultas con asociaciones vecinales, reuniones abiertas en torno a temas de interés, etc.

En este sentido, una de las claves es la elección de las listas electorales. A estas alturas, nadie duda ya de que deben hacerse a través de primarias abiertas en las que participe toda la ciudadanía. No deben pactarse puestos de salida entre las organizaciones más fuertes (sean partidos políticos o mo­vimientos sociales), pero sí puede ser de­seable en algunos casos establecer ciertos mecanismos que aseguren la diversidad del movimiento. Lo que sí nos parece necesario es establecer criterios organizativos que garanticen la igualdad de oportunidades entre todas las personas candidatas con independencia de los recursos con los que cuente la organización en la que milita.

Otra cuestión irrenunciable es la paridad y, desde nuestro punto de vista, las listas cremallera. De hecho, la participación de las mujeres es otro de los grandes retos democráticos y participativos de estos espacios de confluencia entre activismo social y político. Los Ganemos pueden ser el canal ideal para fomentar y animar a las mujeres activistas en movimientos sociales y organizaciones locales a dar el paso a la política institucional en su pueblo o ciudad. Tienen que asegurar que se recoge la experiencia en política no institucional de las mujeres y que éstas son parte activa y visible de los movimientos: queremos movimientos ciudadanos liderados por mujeres. En este sen­­tido que Ada Colau e Inés Sabanés sean una de las cabezas más visibles y mediáticas de Guanyem Barcelona y Ganemos Ma­drid, son dos excelentes ejemplos y un modelo impagable de liderazgo de mujeres en política local. Al mismo tiempo, hay que hacer un trabajo de base y sistemático que haga de estos nuevos espacios de participación políticos lugares amables para las mujeres, en los que no encuentren los tradicionales impedimentos y condicionantes que o bien limitan su participación o bien la desmotivan.

Por último, sólo mostrando coherencia en el discurso y en las prácticas relativas a la regeneración democrática se puede recuperar confianza de la ciudadanía en la política. La transparencia en el funcionamiento de la plataforma hacia el exterior debe ser irrenunciable y rigurosa (publicación de actas, documentos, presupuestos, reuniones, etc.) Además debe mostrarse una tolerancia cero con la corrupción y la financiación debe ser transparente e independiente de los bancos. No se puede olvidar, tal y co­mo establece EQUO en su resolución de apoyo a los movimientos ciudadanos, un compromiso de control ciudadano de los cargos electos y un código ético que sea cumplido escrupulosamente en lo referente a ingresos, contrataciones de cargos técnicos o la actividad en plenos.

¿Qué puede aportar la ecología política a los Ganemos?

La lógica de los Ganemos, y así lo están sabiendo ver todos sus actores, es la de llevar y defender en las instituciones a las que llegue una política orientada hacia las personas. Deben saber articular su propuesta más allá de la indignación y de una simple reacción contra las política de recortes y neoliberales. Deben ser propuestas en positivo e ilusionantes, que reflejen un cambio de modelo en la ciudad. Tal y como hizo Guanyem en su manifiesto, sería un acierto introducir transversalmente democracia, justicia y ecología para darle un contenido y una trascendencia política potente al proyecto político que representan.

Por su parte, la ecología política debe alimentar estos movimientos ciudadanos. Entre otras cosas, puede ayudar a construir programas coherentes y alternativos, y que den soluciones completas, creíbles y a largo plazo a los retos sociales, democráticos y medioambientales. Integrar los tres aspectos en las políticas locales es clave para invertir en un modelo socioeconómico que ponga a las personas en el centro, siempre respetando los límites del Planeta. Porque si bien se trata de ganar y llegar al poder, hay que hacerlo con un rumbo e ideas claras. Hay que ganar el poder para enfrentarnos al derrumbe progresivo de la sociedad productivista y consumista, imaginar juntos una sociedad alternativa y de­seable, y avanzar hacia un nuevo modelo de ciudad.

En este sentido, la ecología política juega un papel fundamental porque nos muestra que:

1. La era del crecimiento, la del consumo de masas, con energía barata y abundante, basada en el tener más para vivir mejor, ha terminado. Para siempre, porque no es posible que vuelva y porque tampoco es deseable. El crecimiento se ha convertido en una obsesión patológica moderna, es decir un factor de crisis que genera falsas expectativas, obstaculiza la búsqueda de bienestar y amenaza el planeta. El crecimiento ya no es la solución, es un problema central (1).

2. Dentro de este nuevo paradigma «post-crecimiento», las ciudades -cunas de los Ganemos- son nudos gordianos. Las ciudades consumieron en 2006 en torno al 67% de la energía primaria mundial y fueron responsables del 71% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionados

con los combustibles fósiles. Por tanto, para garantizar la supervivencia civilizada de la humanidad, es urgente cambiar de raíz nuestras ciudades, puesto que ellas son a la vez el reflejo de un modelo socio-económico insostenible e injusto y un sujeto activo del cambio global.

3. Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización. Como bien analiza el manifiesto Última Llamada (2), «es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. (…) Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo».

Para generar respuestas a la altura del desa­fío social, económico y ecológico actual, es primordial que los Ganemos asuman estos puntos de partida y que consigan trasladar a nivel local la necesidad de esta gran transición: «de la ciudad de la expansión ilimitada a la ciudad adaptada a los límites de biocapacidad glocal» (3), es decir hacia una ciudad de la justicia social y ambiental. Para construir esta ciudad donde seamos capaces de vivir bien y felices dentro de los límites ecológicos del Planeta y de forma democrática y solidaria, la ecología política aporta una serie de ideas clave (4).

– Adecuar la ciudad y su territorio a su biocapacidad: cada ciudad, o mejor dicho co­marca, debe tener en cuenta la capacidad de carga de su territorio para la reorientación de su organización socio-económica. En particular, hay que calcular la cantidad de tierra agrícola necesaria para abastecer a la población y compararla con los usos actuales para determinar cuál es la necesidad de superficie agraria y crear una reserva de suelo al respecto.

– Parar el crecimiento de las ciudades: Es preciso poner fin a la expansión urbana y tener un plan de contención de la urbanización y la artificialización del suelo. Al mismo tiempo, también es preciso poner fin a la construcción de grandes infraestructuras de transporte que conllevan el «sprawl» urbano, el uso intenso de energía fósil o del coche.

– Reciclar y revalorizar las ciudades existentes: no existe necesidad de construir más sino de repartir mejor el stock de viviendas (hay más de 3 millones de viviendas vacías en España), sin aumentar la presión sobre el suelo y además haciendo efectivo el derecho a la vivienda para todas y todos. Por otro lado, la rehabilitación se sitúa como un eje prioritario 1) ecológico, puesto que permite grandes reducciones del consumo energético y de la emisión de CO2, 2) socio-económico porque es una enorme fuente de empleo verde (5).

– Relocalizar las actividades: debemos construir un modelo económico donde primen las distancias cortas, es decir donde produzcamos localmente lo que consumimos localmente: huertos urbanos, descentralización de la producción de energía renovables, puesta en marcha de monedas locales que favorecen el comercio de cercanía, cooperativas o grupos de consumo que relacionen sin intermediarios a personas productoras y consumidoras a nivel local y privilegien un modo de vida ecológico.

– Favorecer una movilidad sostenible: Significa apostar prioritariamente por el peatón y la bici, así como el transporte colectivo, reduciendo el uso del coche. Su­po­ne a su vez construir ciudades policéntricas, donde se supere el urbanismo funcionalista (que separa por sus funciones las diferentes zonas de la ciudad: comerciales, dormitorios, actividades económicas, ocio; y que requiere el coche como elemento vertebrador) y se apueste por la mezcla de actividades y usos en nuestros barrios.

– Reequilibrar ciudad y campo: esto supone por un lado fomentar la reconversión de tierras hoy dedicadas al monocultivo (como puede ser el agroforestal) en tierras cultivables. Además de ser una fuente de empleo importante (6), implica revalorizar también el trabajo en el campo y el papel del campesinado en nuestra sociedad, y plan­tear un reequilibrio progresivo del re­parto de población entre campo y ciudad.

– Democratizar la ciudad: el tamaño desmedido de las ciudades aleja considerablemente la ciudadanía de los ámbitos de decisión. Sin embargo, ciudades como Porto Alegre (un millón de habitantes) han puesto en marcha presupuestos participativos que siguen, en teoría, un sistema abajo-arriba donde las asambleas de barrio discuten las propuestas y sus representantes las a­cuer­dan en asambleas del conjunto urbano. Para ello, se requiere una ciudad o un territorio policéntricos: a escala humana (es de­cir a pie o en bici) y de democracia directa, que luego se coordine de forma supralocal (comarca, cuenca hidrográfica, región, Es­tado, Europa) a través de mecanismos también democráticos y transparentes.

– Cambiar de valores y de mentalidad: No habrá disminución radical de la huella ecológica sin un cambio de mentalidad y de hábitos de consumo. En el ámbito de la movilidad sostenible, un buen ejemplo es el «Car sharing», o desde una visión global, las cooperativas de viviendas, que practican la cesión de uso, ponen en común espacios y electrodomésticos entre los habitantes, apuestan por la biorehabilitación y fijan precios asequibles y justos.

Creemos que con estas condiciones, las iniciativas ciudadanas municipalistas estarán dando respuesta a la demanda ciudadana de cooperación frente a las políticas neoliberales y de recortes. Pero además, lo hacen con el valor añadido de no ceñirse a los partidos políticos, sino que suman e integran a otras organizaciones sociales y, lo que es más importante, a la ciudadanía. Y to­do ello, cooperando por una causa común: ganar la política local para las personas.

Notas

1. Véase Gadrey, Marcellesi, Barragué (2013): Adiós al crecimiento. Vivir en un mundo solidario y sostenible (El Viejo Topo) o el artículo Marcellesi (2013): «De la sociedad del crecimiento a la sociedad del vivir bien»

2. Véase en su web

3. Esta transición nos tendría que permitir al mismo tiempo alcanzar un decrecimiento del 45% de la huella ecológica media de las ciudades calculada para el año 2005 y mantener un Índice de Desarrollo Humano alto (es decir superior a 0,8 según Naciones Unidas). Véase Orcáriz, J., Prats, F. (2009):Informe Global España 2020/50. Programa ciudades. Hacia un pacto de las ciudades españolas ante el cambio global. Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental.

4. Para más detalles, véase «Ciudad y decrecimiento: los retos ecológicos de la urbe del siglo XXI» (Marcellesi, 2013).

5. Según un informe del Conama, la reforma de 10 millones de viviendas en el Estado español hasta 2050 para reducir su gasto de calefacción un 80% y cubrir un 60% de las necesidades de agua caliente puede generar unos 130.000 al año empleos nuevos en una primera fase de aquí a 2020.

6. Según varias hipótesis, se necesitaría en torno a un 30% más de trabajo si se pasara de la agricultura industrial a una agricultura mayoritariamente ecológica. Por otro lado, la relocalización de la producción y una apuesta decidida por la soberanía alimentaria es una gran fuente de empleo. Por ejemplo, en Euskadi si se planteara un objetivo de autoabastecimiento agrícola del 20% (hoy es del 5%), esto supondría la dedicación de más de 330.000 Ha. y el aumento de la población activa de 1.5% hasta el 5% (25.000 puestos de trabajo).

 

La Intocable del 78: renovarse o morir

Artículo publicado en La Marea (06/12/2014)

Permítanme ser directa. A día de hoy tenemos dos opciones: seguir andando en círculos o crear colectivamente un nuevo camino. Con la primera opción nos acabaremos mordiendo en el culo, si no nos caemos antes mareadas y asqueadas. Con la segunda, al menos se abre un horizonte al que dirigirnos. La primera es la opción de los que se niegan a ver que el régimen del 78 está agotado, hablo de Rajoy, hablo de Pedro Sánchez y hablo de Mariló Montero. La segunda es la de todas las que pensamos que el origen de la crisis política, económica y ecológica se encuentra, precisamente, en los puntos negros de nuestra actual Constitución.

La Constitución de 1978, la Intocable, ha creado un sistema incapaz de regenerarse o corregirse, y que además hace tiempo que ha olvidado el objetivo principal para el que fue creado: servir a los intereses de la ciudadanía. Las nuevas generaciones tenemos el derecho y el deber de exigir la revisión y la reconstrucción de los pactos del pasado. La ciudadanía votó sí (aunque hoy eso represente apenas el 30% de la población actual), pero no participó. La legitimidad de entonces está en entredicho, tanto por las demandas de las generaciones más jóvenes, como por las tensiones y distorsiones que el régimen salido de la transición provoca en nuestra sociedad.

Recordemos que, muy a pesar de algunos, los de siempre, ya tenemos sobre la mesa el primer elemento necesario –aunque no suficiente- para todo proceso constituyente: un consenso ciudadano amplio sobre la necesidad de cambio. Y aunque se niegue, somos muchas ya las que creemos inaplazable actualizar la Constitución del 78, la Intocable, porque se está desangrando desde hace demasiado tiempo. Las hemorragias internas se han convertido con la crisis en heridas visibles y escandalosas, solucionadas con tiritas neoliberales todavía más escandalosas e injustas, como la reforma del artículo 135. La Intocable ha entrado en este último año en la UCI por culpa de un infarto soberanista y un trasplante urgente de monarca.

El diagnóstico es claro: hay que empezar a debatir una nueva Constitución que siente las bases para atajar de raíz la crisis política, económica y ecológica en la que estamos empantanados. Esto no se hace de un día para otro, y sin embargo nada urge más que la refundación de nuestra sociedad a partir de un nuevo marco normativo. Debemos avanzar hacia la reformulación de un Estado en consonancia con los valores de democracia, igualdad, participación y colaboración.

La apuesta de EQUO es un Estado republicano, federal y laico; cuyos principios rectores sean la transparencia, la rendición de cuentas y la revocación de cargos públicos como herramientas de lucha contra la corrupción. Es inaplazable igualmente la reforma de la Justicia para garantizar su independencia y asegurar la protección de los derechos que deberán ser ampliados asegurando el buen vivir de las personas. Y por último, debe afrontarse una reforma del sistema electoral que sea efectivamente proporcional y garantice al mismo tiempo la representación territorial.

Y todo este debate puede darse de dos maneras. Tal y como se hizo en 1978: 7 hombres encerrados en una habitación en representación de los partidos políticos para decidir la organización política del país. O por el contrario, un proceso constituyente abierto, participativo y transparente en el que la ciudadanía sea protagonista.

En el proceso constituyente que ponga fin al régimen corrupto, injusto y obsoleto de la Intocable, los partidos deberán ser un actor más, una herramienta para la participación. Es imprescindible involucrar a representantes de la sociedad civil y a personas sin adscripción a ningún tipo de organización. Las consultas y los debates deben ser abiertos a toda la ciudadanía; con una escrupulosa rendición de cuentas y transparencia de las negociaciones y los procesos de decisión. Esta es la forma de hacer política que nosotros defendemos desde nuestros inicios. Y es exactamente la misma que está demandando la sociedad española en estos momentos y que se está practicando por toda la geografía española en los espacios de confluencia ciudadana.

La soberanía, el poder de decisión, reside en la ciudadanía. Nadie puede negarnos el debate y estamos en nuestro derecho de dotarnos de una nueva Constitución que dé respuesta a los retos y necesidades del siglo XXI. Quédense con estas palabras: proceso constituyente. No sólo van a ocupar el centro del debate político en 2015, sino que es el único camino hacia la regeneración democrática.

#Cofrentes17: La lucha por poder luchar

Cuando la noCofrentes17ticia es que quien lucha por un mundo mejor se sienta en el banquillo de los acusados, sientes que algo está mal, muy mal. Sientes que no puedes llamar justicia a un sistema en el que las acciones pacíficas de protesta se convierte en un riesgo para la integridad de los participantes o simplemente son delito.

Algo no funciona, cuando la única manera que tiene la ciudadanía para expresar su descontento con el sistema es realizar acciones llamativas para poner en el centro del debate político cuestiones de máximo calado para nuestro presente y nuestro futuro. Si los medios de comunicación no respaldan el debate, si las autoridades emprenden políticas sin oir a la ciudadanía, si no hay foros de discusión y participación en la toma de decisiones estratégicas ¿qué nos queda para hacernos oir?

La acción de la armada en Canarias y el juicio a los activistas de Cofrentes se enmarcan dentro de la gran tradicción activista y de protesta de Greenpeace en defensa del medio ambiente y despertando conciencias sobre las consecuencias que la acción de la humanidad tiene sobre nuestro entorno. Pero no son los únicos, personas de toda condición y edad están sufriendo también los recortes en derechos fundamentales como la libertad de expresión o de manifestación. Las cargas policiales, las multas, la denegación de permisos, las detenciones… todo es parte de una estrategia de miedo y disuasión a la protesta que se verá reforzada y sancionada con rango de ley si finalmente se aprueba la llamada Ley Mordaza.

#Cofrentes17 es un símbolo de la lucha antinuclear, sí, pero también de quienes arriesgan por ir a contracorriente, por denunciar los abusos del sistema, por representar opiniones contrarias a la política y a la economía de los poderosos.

Apoyo a #Cofrentes17, y a todas y a cada una de las personas que se arriesgan, cada día un poco más, por hacer llegar su lucha allí donde el poder no les deja: a los medios de comunicación y al debate político. Tenemos derecho a protestar, y seguiremos haciéndolo, pacífica y constantemente.

Por qué es imprescindible una política feminista

Rosa Martínez, coportavoz de EQUO y Carmen Muñoz, Red Equo Mujeres

Artículo publicado en Eldiario.es  (20/11/2014)

No deja de resultar curioso que en una sociedad donde la palabra feminismo aún ponga a la defensiva casi por igual a hombres y mujeres, izquierdas y derechas, nos encontremos de repente debatiendo en los medios de comunicación sobre el grado feminismo de los partidos políticos. Saquemos el “feministómetro” y pongámonos a medir: cómo de paritarios son los órganos de dirección, número de feministas por cada 100 militantes, referencias a políticas de la mujer en el programa, etc. Y esto, ¿de verdad importa?

Pues importa muchísimo. Primero porque demuestra que la conciencia sobre la desigualdad estructural entre hombres y mujeres ha salido de las esferas estrictamente feministas y ha llegado nada menos que a la política; y segundo porque se reconoce que hablar de mujer en términos de igualdad y con perspectiva de género es hacerlo desde el feminismo.

Sin duda, esta situación es parte del momento político en el que nos encontramos y en el que la ciudadanía quiere sacudirse las cargas de un sistema agotado política y socialmente. La transformación que se busca parte de los principios de igualdad y democracia. Algo que pasa inevitablemente por que la mitad de la población tengamos la mitad de todo . Históricamente en todas las luchas sociales y políticas se ha priorizado la lucha contra el sistema, con la promesa de ocuparse luego de las mujeres. Y así estamos, esperando desde la Revolución Francesa. No, las mujeres somos parte del todo y sólo incorporando el feminismo a la política evitaremos reproducir las desigualdades que queremos combatir. Ha llegado el momento de hacer política feminista, hacia dentro y hacia fuera. Sin duda, eso es parte de la nueva política.

Lo cierto es que, a pesar de que no esté bajo el foco mediático, EQUO lleva funcionando desde sus inicios de la manera en que la sociedad española pide hoy a gritos. Además de la horizontalidad, transparencia y democracia interna, funciona de forma feminista desde sus inicios. La paridad es una de nuestras señas de identidad: desde la coportavocía a cualquier órgano territorial.

Y sin embargo, no nos conformamos. La paridad ha de ser también política no sólo cuantitativa. Por eso, uno de los objetivos políticos que nos hemos marcado en esta nueva etapa es dar respuesta a los dos grandes retos que existen hoy en política desde el punto de vista feminista: lograr que más mujeres participen en política y fomentar y apoyar los liderazgos femeninos. La visibilidad pública de las mujeres en política, más allá de la foto en actos y ruedas de prensa, y su participación en los ámbitos de decisión, es decir allí donde está el poder, es condición sine qua nonpara una política feminista.

Pero esto no es suficiente. Nosotras creemos que los partidos políticos somos una herramienta de transformación social al servicio de la ciudadanía, y que el feminismo debe trascender nuestra propia casa. Un partido político será más o menos feminista en la medida en que las acciones y medidas políticas propuestas lo sean.

Aunque no se analicen como deberían, todas y cada una de las acciones políticas de las instituciones tienen un impacto positivo o negativo sobre la igualdad de género. Estos días ha aparecido una denuncia en los medios referida a que el estudio sobre el impacto de género de los presupuestos del Estado es insuficiente, no establece ningún tipo de recomendación, y además no utiliza la perspectiva de género. Exactamente a esto nos referimos: una política feminista analizaría las acciones planeadas desde la perspectiva de género, vería en que medida afecta a la igualdad social, económica o política de las mujeres y adoptaría las medidas correctoras necesarias, llegando incluso a desestimarlas si contribuyen a aumentar la desigualdad.

Si algo nos ha enseñado el feminismo es a mirar con otros ojos la realidad, a detectar y a luchar contra la discriminación y la desigualdad. Aplicado a la política, el feminismo nos muestra, por ejemplo, cómo el dinero público está contribuyendo a crear o reproducir desigualdades de género y con ello a perpetuar esterotipos sexistas.

No podemos dejar pasar la oportunidad de cambio que estamos viviendo para transformar radicalmente el sistema, no aceptamos parches cortoplacistas ni remedios parciales. En EQUO creemos que para que el nuevo modelo sea sostenible y socialmente justo debe incluir en sus planteamientos los límites del Planeta y el feminismo. Esta visión, apoyada en tres años de trabajo hacia dentro y hacia fuera, con unas propuestas serias y coherentes, creemos que nos convierte en un actor imprescindible para el cambio. Un cambio, que o será feminista, o no será. Al menos para la mitad de la población, algo que nos afecta a todas y todos en su globalidad.

La oportunidad política ante el cambio climático

Florent Marcellesi, Portavoz de EQUO – Primavera Europea en el Parlamento Europeo, Rosa Martínez y Juantxo López de Uralde, Coportavoces de EQUO

 Artículo publicado en Público, el 07-11-2014

Avestruz-Cambio-climático

“La ciencia demuestra con una seguridad del 95% que la actividad humana es la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX”. Así comienza el Informe 2014 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) que acaba de publicarse. Es la acción humana la causante y la única capaz de frenar el calentamiento global.

Este documento, que debería ser lectura de cabecera de los líderes políticos mundiales, es probable que acabe en el despacho de algún técnico de segunda o tercera línea. Es también probable que tenga poco o nulo impacto en las políticas nacionales y europeas, tal y como ha venido sucediendo en anteriores ocasiones, en una inercia irresponsable de quienes gobiernan a golpe de portada, tarjeta y pelotazo.

Como señala el IPCC en este informe, de forma todavía si cabe más contundente que en anteriores ocasiones, es imprescindible actuar contra el cambio climático hoy. Y en vista de que gobiernos, instituciones internacionales y poderes financieros siguen relegando la lucha contra el cambio climático a un segundo plano, la única opción de la ciudadanía es alzar la voz y sumar poder hasta que este tema sea una prioridad en todas las agendas sociales y políticas.

Hace un mes, en la marcha de Nueva York contra el calentamiento global, centenares de miles de personas guardaron un minuto de silencio por las víctimas del cambio climático. El cambio climático es, además de un asunto ecológico clave y una cuestión de supervivencia civilizada de nuestra especie, una cuestión de justicia social.

Sequías, desertificación, pérdidas de cosechas, subida de precios de alimentos básicos… son algunas de las consecuencias directas de un cambio climático que se están cobrando ya hoy cientos de miles de vidas por todo el planeta, y está reduciendo drásticamente el bienestar de decenas de millones. Aunque no sea portada de ningún periódico, hoy sabemos que el cambio climático ya es la primera causa de los movimientos migratorios mundiales. Son, y serán, las personas que menos tienen, las que se vean obligados a abandonar su tierra y su modo de vida. Y lo que es todavía más grave, como bien lo explica el presidente del IPCC, “muchas de las personas más vulnerables al cambio climático apenas han contribuido y contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero”.

Es cierto que cada vez hay más personas conscientes del cambio climático y de la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Personas que contribuyen individualmente con cambios en su vida doméstica a reducir las emisiones, utilizando una movilidad más sostenible, a través del consumo responsable, contratando energía verde, o reduciendo el consumo de carne en su dieta, entre otras. Estas buenas prácticas, siendo imprescindibles, no son suficientes para afrontar el reto que hemos de enfrentar en estos momentos.

Necesitamos un cambio político y de políticas

Se avecinan tiempos de cambios, una nueva generación política se abre paso sobre los escombros de un pacto social roto por la miseria moral de las élites que han gobernado durante los últimos 30 años. Estamos a las puertas de un gran vuelco en el panorama político español y es el momento de conseguir que el cambio climático esté en el centro de la agenda, con compromisos concretos.

Es el momento de implementar una política profundamente transformadora, que parta de tres ejes:

1) Cambiar el modelo energético, de uno basado en la barra libre de combustibles fósiles a otro basado en el ahorro, la eficiencia y las renovables.

2) Pasar de un modelo productivista, especulativo, e intensivo en el uso de los recursos a otro que apueste por sectores bajos en consumo energético y materias primas, que genere tejido económico local y que priorice la satisfacción de las necesidades socioambientales de la mayoría.

3) Terminar con las puertas giratorias y la corrupción, es decir, con la connivencia y los conflictos de intereses entre élites políticas y económicas que sólo benefician a una minoría pudiente.

La paradoja es que estas políticas, además de reducir el impacto de la actividad humana en el medio ambiente, ayudarían a superar la crisis económica, social y ética en la que nos encontramos. Eso es, crearían millones empleos de calidad, no deslocalizables y mejorarían la calidad de vida de las personas reduciendo los niveles de contaminación. Sin embargo, a pesar de estas razones de sentido y bien común, la mayoría de los gobiernos giran la cabeza y prefieren mirar para otro lado. Están secuestrados por los intereses de las grandes multinacionales del petróleo o el gas y los grandes grupos financieros.

Pero cuando los conflictos y la pobreza en España, en Europa y en el mundo aumenten de forma exponencial por el cambio climático ¿se seguirán escudando en otras urgencias? ¿Nos dirán que hemos contaminado por encima de nuestras posibilidades? ¿Estaremos a tiempo de mandar al banquillo a los responsables de este expolio de la vida del planeta?

Gobiernos y administraciones a todos los niveles han de sentir nuestra presión y nuestro aliento: el cambio climático no se frena con promesas. Es el momento de la acción social y política responsable con el planeta que habitamos. Al igual que la Marea Blanca ha conseguido paralizar la privatización de la Sanidad en Madrid y las protestas feministas han logrado tumbar la reforma de la ley del aborto, es la hora de una marea ciudadana y política contra la inacción ante lo evidente.

Luchar contra el cambio climático está profundamente vinculado con prioridades de la sociedad como el empleo, los derechos sociales o la corrupción. Luchar contra el cambio climático es dejar atrás la vieja política. Por eso, implica cambiar el modelo energético, productivo e institucional. El cambio político que venga sólo será mejor que este que se resiste a morir, si es más democrático, justo y sostenible.

Un partido con alma

22M_3Estoy echando algunas cosas de menos en el intenso debate que estamos teniendo sobre las funciones y organización de la CEF. Por supuesto el funcionamiento y las cuestiones organizativas son claves para sacar el partido adelante, pero para mí es importante que tengamos una dirección que seguir, algo que sustente el proyecto y que a la vez, se proyecte hacia fuera.

Yo no quiero una CEF que únicamente sea vista y valorada por sus labores de gestión, quiero una CEF y dos coportavoces que sean capaces de liderar una manera de trabajar y de hacer política, y que trasmitan una actitud y un convencimiento que sean nuestra tarjeta de presentación. No quiero una organización muy eficiente y vacía de contenido. Quiero un partido con alma.

Un alma tejida de ilusión. Primero desde dentro, ilusionándonos nosotras mismas por ser parte del cambio y por todo lo que tenemos que aportar; y segundo ser capaces de trasmitirlo hacia fuera. No quiero un proyecto pesimista ni derrotista; ni me gustaría movilizar por la desesperación y la frustración. El EQUO que me imagino trasmite ilusión en sus propuestas y por su manera cercana y amable de hacer política. Y digo amable, que no blanda. La ilusión viene de la firmeza, de la dureza de la crítica y del convencimiento (y el ejemplo) de que las cosas se pueden hacer de otra manera.

Quiero que el alma de EQUO mire con orgullo hacia atrás, y valore lo que hemos conseguido en estos tres años como partido. Pero que no pierda la humildad al pensar en quienes somos. Tenemos un alma grande en un cuerpo chiquito que tiene que hacerse hueco a base de altura política y habilidad para reivindicar su contribución, muy necesaria, al momento político que estamos viviendo. La humildad, no está reñida con la ambición: desde lo que somos tenemos que aspirar a crecer, a ilusionar y a convencer a la mayoría social.

Y por supuesto un alma verde. Cuando en Junio de 2011 leí el manifiesto de EQUO “Es el Momento”, sentí que por fin alguien ofrecía una respuesta completa a todas mis inquietudes y preocupaciones. Me cuadraba la manera en la que se hilaba y exponía la relación entre crisis económica, social y ambiental y la necesidad de repensar completamente el modelo para garantizar la justicia social y ambiental, hoy y mañana. Sólo meses después, cuando ya era militante y activista en EQUO aprendí que esa manera que yo tenía de ver las cosas se llamaba Ecología Política.

La grandeza de la Ecología Política es que acoge y recoge cualquier tipo de preocupación o reto que pueda surgir en nuestra sociedad. Y ofrece, además, una respuesta coherente con los derechos de las personas y del medio ambiente a todas las demandas y problemas derivados de la crisis de civilización en la que nos hallamos. Así pues, los derechos, el cambio climático, la pobreza, la regeneración democrática, la creación de empleo, la igualdad de la mujer, los derechos de los animales, el estado de bienestar, el modelo energético, la biodiversidad y muchos más, tienen cabida y son parte de las propuestas de la Ecología Política.

EQUO es un partido hecho de personas, cada una con sus intereses, su experiencia, sus afinidades y sus preferencias a la hora de trabajar más o menos intensamente por uno de los múltiples problemas a los que la política debería dar respuesta y no la está dando. La diversidad entendida como riqueza es una de los pilares del pensamiento verde: respetar, defender y valorar las diferentes líneas de trabajo que ofrece la Ecología Política para cambiar el modelo nos fortalece y nos enriquece.

El debate por lo tanto es estratégico, no ideológico: qué queremos comunicar, cómo queremos posicionarnos para llegar, primero, a esa gran masa social que piensa en clave de Ecología Política y no lo sabe; y en segundo lugar a la mayoría social, que sufre las consecuencias de un sistema devorador de recursos naturales y personas, y que sigue creyendo que la cuestión ambiental está reñida con sus derechos.

Asi que con ilusión, sintiéndonos orgullosos de dónde venimos y lo que hemos conseguido, con humildad pero siendo ambiciosos en nuestros objetivos, definamos nuestra estrategia y nuestro modelo de partido para conseguir eso por lo que estamos todas aquí: para cambiar las cosas desde el poder institucional.

Y por supuesto, disfrutando en el camino: “Si no puedo bailar, no es mi revolución” (Emma Goodman)

Razones y reflexiones de una candidatura

JLF_2014-05-18_MG_8121Pues ya está, toca hacerlo público: presento mi candidatura a ser miembro de la Comisión Ejecutiva Federal y coportavoz de EQUO. El como me siento ahora es un intenso compendio de todas las impresiones, emociones y reflexiones que me han traído hasta aquí. Ha sido un proceso complejo y emocionante de asimilación, empoderamiento, evaluación, preparación y sobre todo de reflexión, personal y política.

En lo personal he tenido que evaluar no sólo como yo me sentía ante la responsabilidad, sino también lo que supondría en la gestión de mi vida personal, sobre todo como cuidadora principal de mis dos hijos. Pero hay una parte de la reflexión personal, que no deja de ser política. Y es una cuestión que siempre he puesto sobre la mesa cuando he sido candidata (Autonómicas de Euskadi y Europeas): el ser mujer y no tener experiencia política previa. Me dicen por aquí, mis amigos de Ibaiondo, que 3 años de militancia ya empiezan a ser experiencia. Y tienen razón, pero en mi imaginario y lo que se ve día a día en la política, es que los puestos a los que yo me presento suelen ser ocupados por personas, hombres casi siempre, de larga e intensa trayectoria en el partido, lo que no es mi caso al menos a nivel federal.

Esto ha sido por diversas razones (dos ellas con nombre y apellidos que tienen ahora 6 y 4 años), pero creo que esto no debe ser ni inconveniente ni autolimitación. Creo que tengo vivencias y experiencias en otros ámbitos, profesionales y personales que suplen sin problema la breve trayectoria política. Creo que la política no es ni más complicada ni más especial que la mayoría de los espacios sociales en los que nos movemos, y deberíamos pensar si ese aura de actividad específica y especial no le ha sido dada con un interés evidente.

El ser mujer ha condicionado desde el principio mi participación en política. Por una parte como madre ha limitado mi disponibilidad (que os voy a contar del patriarcado que no sepáis), y por otra mis actos y “pasos al frente” siempre han tenido una motivación de visibilizar y hacer presentes a las mujeres en la política. Es lo que tiene la paridad, que a algunas nos ha servido de acicate para participar, y además con el ánimo de no ser un número, sino ser parte activa de lo que tocara. Y esta guerra es parte de lo que me traigo a este proceso y marca mi decisión de presentarme a la coportavocía: dejarme la piel por intentar que EQUO tenga un referente femenino interno y externo. Sé que hay muchos obstáculos en el camino, veremos en que medida soy capaz de lograrlo y si el panaroma político de la izquierda tiene hueco para una mujer feminista y ecologista, pero allá voy. Y lo que puede ser visto como ambición, no es sino parte de mi lucha y de mi contribución para cambiar la política y las políticas.

Reflexión política decía dos parráfos más arriba. Y es que el esfuerzo personal que me supondrá ejercer de coportavoz en el caso de ser elegida me ha exigido volver a mis valores y convincciones políticas, a las más profundas, y confrontarlas con el proyecto político del que formo parte. He querido tener claro lo que quiero y cómo lo quiero, primero por coherencia personal, pero también porque me parecía imprescindible presentar una candidatura con un proyecto político propio. Porque a las personas no debemos elegirlas por su foto, sus motivaciones, lo bien que hablan o lo bien que escriben, sino por su proyecto político. Presentarme bien a la CEF o a la coportavocía sin explicar claramente el partido que quiero, me parecería un poco frívolo, o incompleto, o no del todo honesto. Vamos, que me voy a mojar.

Empecemos por lo más orgánico, por el funcionamiento mismo del partido. He decidido presentarme a la CEF, porque independientemente de los resultados de la elección de la coportavocía,  hay mucho trabajo por hacer, y además de apetecerme, creo que puedo aportar mucho. En este sentido, creo que el funcionamiento interno de la CEF mejoraría si cada persona integrante asumiera una responsabilidad concreta (temática o estratégica), lo que además facilitaría la organización del trabajo, asi como la rendición de cuentas y la valoración de cada miembro y de la CEF en su conjunto. En mi caso, hay dos áreas estratégicas que personalmente me gustaría potenciar e involucrarme: la participación de las mujeres y las relaciones con el PVE.

También creo que hay que seguir trabajando para mejorar la transparencia en los procesos. Para ello se necesita una militancia vigilante, que no beligerante. Las personas que integren la CEF deben sentir por un lado la confianza de quien les ha apoyado, pero por otro también las expectativas de un trabajo riguroso y transparente. Y sin embargo, reinvindico el derecho de las personas que ocupen los cargos federales a cometer errores (sobre todo en nuestras circunstancias mayoritariamente de voluntariado), así como su obligación de escuchar y aceptar las críticas cuando estas sean fundadas, respetuosas y constructivas. Aceptar el disenso y otros puntos de vista, por muy contrarios y opuestos que sean a los nuestros, es la mayor prueba de confianza que podemos y debemos darle a una persona con la que compartimos militancia, y por lo tanto lucha.

Y para más adelante dejo el EQUO que quiero, por dentro y para fuera.

Del activismo social al activismo político

unverdecuadradoConclusiones de la ponencia presentada en la VI Universidad Verde de Verano de la Fundación Equo.

Video (a partir min 46) – Documento completo – Presentación

En el contexto actual de exigencia de regeneración democrática, no debemos menospreciar la mejora de la calidad democrática, entendida como un incremento de oportunidades para la participación política. Y sin duda ésta debe tener en cuenta el incremento de la participación política de las mujeres mediante nuevos canales, mecanismos y condiciones de participación en los que el género / educación y limitaciones impuestas por la sociedad patriarcal no tenga tanto peso e influencia a la hora de decidir libremente la participación política.

Los partidos políticos tienen una gran responsabilidad en este objetivo, ya que como herramientas de acceso a cargos institucionales son los que tienen la llave para ayudar a romper ese “techo de cristal” que las mujeres encontramos también en política.

Los movimientos ciudadanos que se están surgiendo aparecen como espacios alternativos a los partidos políticos como canal de acceso a la representación institucional, siendo el espacio natural de confluencia entre activismo social/local y activismo político. Desde el punto de vista de las mujeres, esto cobra especial relevancia, ya que puede ser el canal ideal para fomentar y animar a las mujeres activistas en movimientos sociales y organizaciones locales a dar el paso a la política institucional en su pueblo o ciudad.

Que los movimientos ciudadanos deben ser, por supuesto, espacios paritarios no lo duda nadie, pero deben dar un paso más porque las mujeres no somos números a rellenar en una lista. Tienen que asegurar que se recoge la experiencia en política no institucional de las mujeres y que estas son parte activa y visible de los movimientos: queremos moviemientos ciudadanos liderados por mujeres. En este sentido que Ada Colau e Inés Sabanés sean una de las cabezas más visibles y mediáticas de Guanyem Barcelona y Ganemos Madrid, no sólo es un excelente ejemplo y un modelo impagable de liderazgo de mujeres en política local, sino también de confluencia natural del activismo social y política institucional.

Sin embargo, hay que hacer un trabajo de base y sistemático que haga de estos nuevos espacios de participación politicos lugares amables para las mujeres, en los que no encuentren los tradicionales impedimentos y condicionantes que o bien limitan su participación o bien la desmotivan. En este sentido, hay tres acciones claras que deberían llevarse a cabo en los moviemientos ciudadanos de confluencia, y por supuesto en cualquier organización política (institucional, social o de base):

  1. Asegurar un funcionamiento abierto, horizontal y transparente. Ha quedado en evidencia que la participación de las mujeres es mayor en este tipo de espacios en los que además, prima la cooperación por encima de la competitividad. Está por ver el impacto de las nuevas forma de hacer política en el acceso al poder político de las mujeres: a) si la paridad obligatoria, se traduce en liderazgos compartidos y figuras femeninas fuertes no sólo dentro del colectivo sino como referentes externos mediáticos y de opinión; y b) si la configuración de la listas por primarias supondrá un incremento del número de cabezas de lista mujeres, lo que dependerá en gran medida de la primera premisa

  2. Definir unas nuevas formas de participación en debates y asambleas que aseguren que se escucha la voz de las mujeres. Esto implicaría entre otros aspectos: moderación y turnos de palabra, límites de tiempo, respetando los tiempos de cada cual, priorizar grupos pequeños y dináminas participativas frente a los debates abiertos, etc. En este punto debemos de concienciarnos personal y grupalmente de la necesidad de ir hacia formas de participación más abiertas e inclusivas. Siendo conscientes de que hay que dejar “espacio”, lo que implica una gran dosis de generosidad y de compromiso real con la democracia y la igualdad real.

  3. Diseñar y llevar a cabo estrategias concretas, que no solo fomenten la participación de las mujeres dentro de los movimientos ciudadanos, sino que ayuden a las mujeres a empoderarse y a asumir puestos de responsabilidad y visiblidad pública. Este aspecto es clave. Los aspectos organizacionales y formales ayudan e influyen a cambiar los problemas estructurales, pero se necesita algo más para cambiar las cosas e invertir una tendencia que se modifica poco a poco, y en todo caso demasiado despacio para lo que supone en términos de igualdad. Se trata de promocionar la participación de la mujer, y por supuesto de mantenerla, pero sobre todo de crear liderazgos femeninos que sirvan de modelo a otras mujeres, que rompan estereotipos (más mujeres diferentes, más modelos) y que poco a poco traigan un cambio en la manera de hacer política.

Por último, queda hacer un llamamiento al empoderamiento personal de todas y cada una de las mujeres que participamos en política, bien como activistas sociales o de base, o activistas políticas. A pesar de las circunstancias, no podemos esperar a que los partidos politicos, los espacios de confluencia o los instrumentos de participación institucional se conformen de manera que las mujeres nos sintamos cómodas y motivadas en la participación activa y en la asunción de liderazgos.

Tenemos que dar un paso al frente, reclamar el espacio que durante siglos socialmente se nos ha negado. Tenemos que aprender a querer el poder1, a desearlo, a quitarnos el pudor y luchar por él, porque para eso militamos en un partido político: para llegar a puestos de decision desde donde influir y cambiar las cosas y para que se oiga nuestra voz en las instituciones.

Pero aún a riesgo de repetirme, debemos tener en cuenta que el empoderamiento de las mujeres, sin un apoyo explícito de la organización en la que militen, no es suficiente. Y si queremos merecer el adjetivo feminista en EQUO, tenemos que apoyar a las mujeres que estén dispuestas a dar un paso y a las que no, para que puedan darlo si lo desean. Y debemos hacerlo internamente como organización, pero también asegurar, sin ningun tipo de excusa, esta perspectiva de género, en los movimientos ciudadanos locales en los que participemos.

1Durante el turno de preguntas se cuestionó el sentido de la palabra poder tal y como aparece aquí utilizado. Jean François Caron, alcalde de Loos-en-Gohelle por el partido Europe Écologie–Les Vert matizó la diferencia entre el “poder de” y el “poder sobre”. Indudablemente aquí hablamos del “poder de” influir, cambiar las cosas, tener un impacto en la política.

La identidad mueve el mundo

Green-is-the-New-Red-41430163939A raíz de reflexionar conjuntamente con Florent Marcellesi sobre las iniciativas ciudadanas municipales (Diario Público 04/07/2014), algunas ideas se han quedado aferradas a mi cabeza enlazando con uno de mis temas favoritos de reflexión: la identidad y la memoria (no en vano llevo trabajando con estos conceptos 4 años en diferentes proyectos de educación).

La motivación y la participación en cualquier proyecto colectivo pasa por una identificación individual con los objetivos comunes: o los siento como míos, o no me involucro en luchar por ellos. En esa palabra tan compleja y tan manida, que es la identidad, está la clave. Las principales iniciativas ciudadanas que están surgiendo en toda la geografía se están construyendo entorno a dos identidades: la local y la política.

La local es una de las identidades colectivas que las personas sentimos como más fuertes (por encima de la regional y la nacional) y es clave en la acción política. La mayoría de las personas se movilizan por causas inmediatas en su entorno. Guanyem lo plantea claramente “nos han robado Barcelona, y queremos recuperarla”. Es un objetivo que muchas personas sentirán como suyo y al que priorizarán por encima de otros objetivos de políticos, personales o de grupo. El caracter local, creo que es clave, y se me hace difícil imaginar este tipo de iniciativas a nivel autónomico. Pienso en “Ganemos Castilla y León” por ejemplo, o “Ganemos Euskadi”, y creo que por razones obvias y distintas no funcionarían de la misma manera.

El segundo ingrediente identitario, es por supuesto el político. “No cabemos todos” decía Ada Colau. Se busca la unidad y la identidad en la diferencia y la oposición al otro: los recortes y la corrupción. El hecho de que no se posicionen en ninguno de los espacios políticos tradicionales de nuestro país es desde mi punto de vista una de sus fortalezas como movimiento ciudadano. Construyen su identidad en el futuro y no en la tradición ni la memoria política.

Y esto es positivo, pues se busca afrontar nuevos retos desde nuevas identidades. Los partidos políticos en España, tanto de derechas, izquierdas y los nacionalistas, están atrapados en su propia memoria histórica y política. Justifican su hoy y su mañana por lo que han sido y lo que han defendido: en la dictadura, en la transición o en las últimas décadas. Es cierto, que para legitimar una identidad es necesario el pasado, pero no debe condicionar el futuro. Y desde luego, en todos los partidos tradicionales e históricos estatales o autónomicos el peso de la tradición hace poco o nada creibles sus propuestas de futuro.

Quiero pararme en dos partidos nuevos que se encuentran en diferente situación respecto a la memoria y la identidad política: Podemos y EQUO (¿qué sorpresa, no?) Podemos ha sabido jugar muy bien al juego de la identidad. Le ha hecho una operación de estética a la arraigadísima identidad anticapitalista y de lucha clases, adaptando el mensaje y las formas. Y además, ha incorporado elementos del siglo XXI que faciliten la identificación de las personas de hoy con esa ideología del XIX. Pero paradójicamente, además de venderse como novedad política, no dudan en legitimarse reinvicando ser parte de la lucha antifranquista, o sea reclamando parte de la memoria política histórica para sí (Pablo Iglesias 05/02/2014 – Min 1)

EQUO sin embargo, además de ser un partido político nuevo está creando un espacio político que no existe en España. La ecología, lo verde, no se considera una identidad política. La memoria política de los partidos verdes es prácticamente inexistente o desconocida. El que hecho de no haber estado presentes en los referentes más fuertes de nuestra memoria política, la dictadura y la transición, pesa demasiado en el imaginario colectivo. Pero los verdes sí estuvieron, pero no como partido.

Cuando oigo a un compañero de 70 años contar las palizas que le daban en la comisaría de Bilbao en los años 70, me doy cuenta, no sin cierta rabia, que esa memoria nos es negada desde el punto de vista colectivo. Nuestras memorias individuales de lucha política y de activismo social no cuentan para legitimarnos identitariamente en el espacio político colectivo. Carecemos de referentes de peso, que ayuden a que la gente nos perciba como una etiqueta política y no como una etiqueta social.

Por eso, que movimientos políticos como las iniciativas ciudadanas consigan movilizar e ilusionar a tanta gente con una identidad política diferente a las tradicionales me hace pensar que hay cosas que se están moviendo. La ciudadanía empieza a buscar su identidad en el presente y en el futuro y no en un pasado más o menos lejano, que no está dando respuesta a sus necesidades.

Y en este contexto de búsqueda de nuevas identidades, lo que era una debilidad (no ser parte de la memoria política de este país) puede ser una ventaja si conseguimos lograr trasmitir la identidad verde: Nuestro objetivo son las personas, y trabajamos por ellas teniendo en cuenta siempre, y en cada una de nuestras propuestas el medio ambiente y la democracia participativa. Importa el a dónde vamos, no de dónde venimos.

La identidad mueve el mundo, porque todas y cada una de las identidades de un individuo están en el origen de su motivación y sus esfuerzos. Sólo por eso, merece la pena que nos paremos a pensar como construir una identidad política verde potente que haga que nuestros objetivos de justicia social y ambiental sean objetivos colectivos prioritarios en nuestra sociedad.

Guanyem y Municipalia: unidad y diversidad por una causa común

Florent Marcellesi, futuro eurodiputado de EQUO – Primavera Europea, y Rosa Martínez, miembro de EQUO

Artículo publicado en Público (07/07/2104)

En nuestro país la política local ha replicado el modelo político existente a nivel nacional. En muchos casos, y especialmente en las grandes ciudades, la política local se ha alejado de la ciudadanía y de sus necesidades directas. Se ha apostado por inversiones millonarias en proyectos insostenibles y de poco o nulo valor social, poniendo el acento en los intereses económicos y no en sus habitantes. No es de extrañar por tanto, que sean Guanyem en Barcelona y Municipalia en Madrid las dos iniciativas ciudadanas municipalistas que estén abanderando el movimiento ciudadano para recuperar el protagonismo la política local y cambiarla profundamente.

Sin embargo, más allá de las pésimas políticas locales de los últimos años, Guanyem y Municipalia son hijas del momento de hartazgo político en el que vivimos. La indignación empieza a transformarse en acción con el 15M. El empoderamiento ciudadano y la toma de conciencia de la responsabilidad individual que cada uno tenemos en la transformación social han permitido que desde 2011 muchas personas canalicen su activismo político en movimientos ciudadanos de todo tipo (contra los desahucios, por un nuevo modelo energético, por una democracia real…), pero también en nuevos partidos políticos que apuestan por nuevas formas de hacer política (EQUO, Partido X, Podemos…).

Lo innovador de estas iniciativas ciudadanas de cara a las próximas elecciones locales es que nacen con el objetivo de hacer confluir la política ciudadana con la política institucional. En estos años hemos entendido que la acción y transformación desde abajo son imprescindibles para el cambio. De la misma manera, la negligencia e incompetencia de los poderes públicos ante la urgencia democrática, social y ecológica (así como su connivencia con el poder económico) nos ha demostrado que la presencia en política es igualmente irrenunciable. Es decir, necesitamos tener un pie en la calle y otro en las instituciones.

Por su parte, la ecología política debe alimentar estos movimientos ciudadanos. Entre otras cosas, puede ayudar a construir programas coherentes y alternativos, y que den soluciones completas, creíbles y a largo plazo a los retos sociales, democráticos y medioambientales. Integrar los tres aspectos en las políticas locales es clave para invertir en un modelo socio-económico que ponga a las personas en el centro, siempre respetando los límites del Planeta. La ecología política nos muestra que hay que pensar global y actuar local, que detrás de cada injusticia social hay una injusticia medioambiental, o que detrás de la crisis de régimen hay una crisis de civilización. No se trata de elegir entre unas u otras, sino que se pueden y se deben afrontar a la vez para que triunfe la dignidad y el buen vivir. Y además, debe hacerse con principios y mecanismos sencillos y directos de participación ciudadana, horizontalidad y transparencia.

En este sentido, la iniciativa Guanyem Barcelona está sabiendo articular muy bien su propuesta más allá de la indignación y de una simple reacción contra las políticas de recortes y neoliberales. Su manifiesto trasmite una visión en positivo e ilusionante del cambio que quiere. Además introduce transversal y acertadamente democracia, justicia y ecología lo que sin duda le da un contenido y una trascendencia política potente. Otro de sus aciertos es darle un papel protagonista a la ciudadanía más allá de la notoriedad pública y liderazgo colectivo de sus promotores. Por último, su proyección más allá del ámbito local la convierte en un estímulo y germen para otras iniciativas parecidas.

Dicho esto, estas iniciativas ciudadanas tienen grandes y apasionantes retos por delante. Principalmente tienen que articular la relación y cooperación entre sus tres tipos de integrantes: movimientos sociales, partidos políticos y personas sin adscripción a ninguna organización. De hecho hay tres ejes de coordinación: 1) entre movimientos sociales y partidos políticos; 2) entre los diferentes partidos políticos; y 3) entre movimientos/partidos y personas independientes. Las interrelaciones se cruzan y se superponen aumentando la complejidad del reto y condicionando los objetivos, funcionamiento y organización de las plataformas. De su correcta articulación, a su vez basada en una buena dosis de creatividad, humildad y generosidad, dependerá su éxito social y político.

En este sentido, será clave como se organicen las listas electorales. A estas alturas, nadie duda ya de que deben hacerse a través de primarias abiertas. Al mismo tiempo, tendrán que diseñarse de manera que la lista sea representativa de la diversidad que caracteriza a estas iniciativas ciudadanas: paridad, pluralidad ideológica, respeto de las minorías, equilibrio y relevo intergeneracional, etc. Y en este punto, no nos resistimos a recordar la responsabilidad que tienen estas iniciativas en asegurar que las mujeres, muy activas y presentes en los movimientos y organizaciones locales de base (asociaciones vecinales, AMPAs, voluntariado, etc.) participen y lideren también la construcción de esta nueva política institucional a la que se aspira.

La forma de articulación y de relación entre sus integrantes es lo que les va a permitir aglutinar más o menos apoyos en su constitución; pero su contenido y su forma de funcionar la que se los dará en las elecciones. Las iniciativas han de tener unos principios y causas comunes irrenunciables que deben ser asumidos por todas las partes. Nuestra apuesta: ecología política, equidad, democracia e igualdad de género. La transparencia en el funcionamiento de la plataforma hacia el exterior y horizontalidad efectiva en el funcionamiento interno deben ser prácticas generales. Sólo mostrando coherencia en el discurso y en las prácticas (tolerancia 0 con la corrupción, financiación transparente e independiente de los bancos, etc.) se puede regenerar confianza en la ciudadanía.

Creemos que con estas condiciones, las iniciativas ciudadanas municipalistas estarán dando respuesta a la demanda ciudadana de cooperación frente a las políticas neoliberales y de recortes. Pero además, lo hacen con el valor añadido de no ceñirse a los partidos políticos, sino que suman e integran a otras organizaciones sociales y lo que es más importante, a la ciudadanía. Y todo ello, cooperando por una causa común: ganar la política local para las personas.