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Feliz Día del Trabajo (de todos los trabajos)

Artículo publicado originalmente en el blog Más de la Mitad de 20 Minutos (01/05/2015)

Manifestación por los derechos de las limpiadoras del hogar. (C) Territorio doméstico

Hoy me levanté pensando “Qué bien que hoy no trabajo” y de repente me di cuenta que tenía que recoger la casa, vestir a los niños, ir a la compra, pasar por casa de mis padres, etc. Nunca nos paramos a pensar en todo el trabajo que hay que hacer, y que sin embargo nadie considera un trabajo, pero ¿Qué pasaría si esta semana me declaro en huelga y no hago nada de eso? ¿Y si todas las mujeres nos declarásemos en huelga?

Me gustaría que cuando hablemos del Día del Trabajo, tuviéramos en mente todos los trabajos. Sí, también ese que la sociedad no valora, no remunera y ni siquiera reconoce: el de los cuidados, el reproductivo, el de sacar la vida adelante.

Ese trabajo que realizan mayoritariamente las mujeres en todo el mundo, ese que es imprescindible y que no aparece en ninguna estadística ni indicador de progreso o riqueza. Así somos. En nuestra sociedad tiene más reconocimiento el gerente de una fábrica de armas o el banquero que desahucia a la gente de sus casas, que las mujeres que se ocupan de sus criaturas o de sus familiares dependientes.

Ellos (porque en ese tipo de puestos son mayoritaria y aplastantemente ellos) cobran algo más que un buen sueldo, tienen prestigio y estatus social; se les reconoce su contribución a la sociedad y a la economía. Ellas tienen más riesgo de caer en la pobreza y sufrir violencia, y su trabajo no es valorado ni social, ni económicamente.

Para el sistema no existe la mitad de la población, sin embargo somos imprescindibles. Son las mujeres en todo el mundo las que trabajan a diario y asumen la responsabilidad de la crianza, la alimentación, la salud, la limpieza, la educación… En definitiva del cuidado de su familia.

Nuestro modelo de sociedad, producción y consumo está basado precisamente en esa fuerza de trabajo gratuita que somos las mujeres y que realizamos las tareas básicas para la vida. Si tuviéramos que pagar ese trabajo en la sombra el sistema se colapsaría

Estos días estamos hablando, y mucho, de trabajo. Lo que fue un castigo divino, hoy es un regalo del cielo. Somos conscientes de la transformación profunda que el sistema necesita para crear empleos dignos y sostenibles. Pero cualquier cambio de nuestro modelo productivo quedará incompleto si no aborda el reparto de trabajo reproductivo. La conciliación no basta, acaba siendo una trampa para las mujeres ¿os suena la doble jornada? Y hasta triple. Hay que trabajar por la corresponsabilidad, los hombres y las instituciones deben asumir su parte en este trabajo esencial para la sociedad.

Porque no nos engañemos, la desigualdad social, económica y política de las mujeres tiene su origen y es consecuencia de asumir sin remuneración, sin visibilización y sin reconocimiento el trabajo más básico que necesitamos como sociedad: el de cuidar de la vida

Feliz Día del Trabajo, de todos los trabajos.

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Nos acordamos del agua

Artículo publicado originalmente en Eldiario.es (19/04/2015) 11078092_817201934995651_2188747313206450403_n

El pasado 3 de abril  Jose Luis Gallego escribía un artículo más que pertinente sobre la ausencia del agua en la agenda política. Argumentaba que más allá de la reinvindicación del acceso al agua como un derechos humano básico, nadie se acuerda del agua ni habla de ella como un bien imprescindible en el equilibro ecológico del planeta.

Estando muy de acuerdo con el planteamiento, no me resisto a hacer dos precisiones. La primera es que sí hay un partido político que defienda el agua y la incluya en su programa electoral; de hecho en el programa de las europeas de EQUO hay un punto específico sobre aplicación de la Directiva del Agua, algo que se ha incluido también en el  programa marco de las municipales de mayo 2015.

La segunda precisión es sobre la falsa dicotomía entre el derecho al agua de las personas y el agua de la naturaleza. Efectivamente, defender el acceso a un agua de calidad, con una gestión eficiente y transparente, sin tener en cuenta los condicionantes ecológicos del lugar donde viven esas personas es irresponsable. Eso comprometería seriamente el presente y el futuro del derecho que precisamente se quiere defender.

La separación ficticia entre sociedad y naturaleza está anclada en nuestra visión del mundo desde hace siglos. Aceptemos y reconozcamos que somos parte del medio ambiente, incluso las ciudades hormigonadas y asfaltadas en las que vivimos son naturaleza: tienen aire, se asientan sobre suelo y en ellas hay agua.

El agua efectivamente es imprescindible en nuestras vidas y nuestra sociedad. Y la gestión del agua debe ser algo transversal en todas y cada una de las políticas que se lleven a cabo desde las instituciones. Por ejemplo, la apuesta de modelo productivo que hagamos es clave para la sostenibilidad de nuestros recursos hídricos: la agricultura intensiva, la explotación de ciertos recursos energéticos (fracking o minería de uranio), la industria química o la siderurgia son sectores muy intensivos en agua o con procesos y residuos altamente contaminantes para el agua.

El agua que bebemos, el agua que defendemos como derecho humano, es el agua de la naturaleza: la de nuestros ríos, nuestros acuíferos, nuestros humedales, nuestros océanos, nuestra lluvia. No es posible garantizar ese derecho universal si no garantizamos el equilibrio y la calidad ecológica del agua que nos rodea.

Justicia social y justicia ambiental van de la mano. El buen vivir de las personas es precisamente eso: que todas las personas tengan sus necesidades básicas cubiertas, sus derechos garantizados, hoy y mañana en equilibrio con la naturaleza. En el siglo XXI hablar de derechos es hablar de ecología. Por eso nos acordamos del agua, porque como muchos otros derechos depende de políticas verdes para que efectivamente lo sea.

La ecología interesa. Reflexiones de la campaña en Andalucía

Durante más de una semana, desde Getafe a Almonte, pasando por Cartagena, Jaen, Motril, Córdoba, Mijas y Rota he hablado principalmente de economía, ecología y buen vivir. Con diferentes matices, enfoques, nivel de detalle y propuestas concretas, pero siempre con el foco puesto en la necesidad de transformar el modelo, el respeto a los límites del Planeta, los derechos de las personas y la necesaria contribución personal al proceso.

En este periplo, he tenido la oportunidad de trasmitir este mensaje tan EQUO a un público desconocedor de la ecología política, ni siquiera afin o interesado en las propuestas verdes. Personas que van a escuchar a Monedero, que quieren saber como los de abajo van a vencer a los de arriba, que quieren oir sobre el poder de la gente corriente, y en medio del fervor del “sí se puede” llega alguien que les dice: “Yo vengo a hablar de ecología”. Y resulta que funciona.

El silencio, la expectación, los asentimientos, los aplausos y sobre todo los comentarios tras las intervenciones me dicen que la ecología interesa, que el mensaje se entiende y que se ve necesaria e imprescindible en el cambio. Y esto es muy significativo, ya que contradice al menos en parte, algunas de las autolimitaciones y justificaciones que solemos invocar tratando de justificar la escasa penetración de nuestro mensaje en la opinión pública.

Creo que hay que empezar a ver los espacios de confluencia o de colaboración política, o como queramos llamar al trabajo conjunto con otros partidos y colectivos, como una ventana de oportunidad para hablar de nosotras y de nuestras propuestas. Si de algo ha servido la campaña andaluza ha sido para que cientos, si no miles de personas que jamás hubieran asistido a un acto de EQUO, hayan oido lo que proponemos para mejorar sus vidas. Y esto desde luego, ha sido gracias al esfuerzo de nuestras candidatas que se han recorrido los pueblos de sus respectivas provincias para asegurar la visibilidad de EQUO en los diferentes actos de campaña.

El impacto y el rendimiento de esto es obviamente difícil de medir objetivamente, pero para mí, llegar a gente a la que no solemos llegar, es una pieza importante de este rompecabezas que intentamos resolver día a día, ese de cómo hacemos llegar nuestro mensaje.

Llamadme ilusa si queréis, pero yo regalo ilusión. De la que me ha generado esta parte de mi experiencia en Andalucía. Para muestra un botón: Al salir del cierre de campaña de Dos Hermanas, se acercan dos mujeres a saludarme, habían estado en el acto de Mijas (el video que comparto) y una de ellas me dice con una palmada en la espalda: “Ojalá te sigan dejando hablar de ecología

Y si no nos dejan, habrá que hacerse hueco igual. ¿A que es para ilusionarse?

8M: Mayor participación política

Artículo publicado en El Diario de Córdoba (04/03/2015)

Como todos los años por estas fechas los medios se llenan de artículos y reportajes sobre la mujer y su situación en el mundo. Existe una marea informativa que pone excepcionalmente los derechos de las mujeres en todas las portadas.

A punto de comenzar la campaña electoral en Andalucía, nos parece más que relevante aprovechar este hueco que los medios nos dejan a las mujeres para poner sobre la mesa el problema. Sí, porque, lo queramos ver o no, la menor participación política de las mujeres es un problema de democracia y de igualdad.

Siendo la mitad de la población, en un contexto donde la educación y los valores sociales fueran igualitarios, por pura estadística los partidos políticos, los ministerios, el congreso, los sindicatos y los movimientos sociales deberían estar mucho más equilibrados en cuanto a número de hombres y mujeres. Y no lo están, no solo en el número, sino también y más escandalosamente en los puestos de responsabilidad y poder. Se ha hablado mucho de la ausencia de mujeres en el Gobierno de Grecia, pero ¿y aquí? ¿Podemos afirmar que seamos un ejemplo de igualdad en cuanto a la participación política de las mujeres? No lo creo.

Se ha escrito mucho sobre las razones de la menor presencia de las mujeres en política, desde el estereotipo del “menor interés de las mujeres por las cuestiones públicas” o el eterno lastre de las mujeres para conquistar el espacio público: “la conciliación”. No es una cuestión baladí y por ello debemos recordar por qué es importante fomentar y asegurar una participación de la mujer en la política institucional.

Mientras el porcentaje de participación de la mujer no se aproxime a su peso porcentual en el total de la población (¡51%!) habrá que seguir hablando de barreras y desigualdad. Si realmente queremos una nueva cultura política, hay que poner los medios necesarios para eliminar obstáculos y facilitar esa participación.

A día de hoy, la principal vía de acceso a la política son los partidos políticos. Por este motivo, son los propios partidos los que tienen la responsabilidad y el deber de trabajar para facilitar la presencia de las mujeres en sus filas, no sólo en número sino también en visibilidad, responsabilidad y liderazgo. La paridad en los órganos de gestión y dirección sigue siendo una excepción en nuestro sistema político, y solo EQUO funciona con una doble portavocía paritaria.

El próximo día 22 Andalucía votará su Parlamento y con él, la Presidencia de la Junta. De los principales partidos con representación parlamentaria o posibilidades de obtenerla sólo hay dos mujeres candidatas: Susana Díaz (PSOE) y Teresa Rodríguez (Podemos). Y de estos mismos grupos, solo IU y Podemos presentan el mismo número de cabeza de lista mujeres que hombres.

En una sociedad donde las mujeres parten de una desigualdad tan clara en tantos ámbitos de la vida, lo raro sería que precisamente fueran iguales en el acceso al poder desde el que poder revertir esta situación. Si hablamos de derechos e igualdad de las mujeres, hemos de hacerlo también desde el derecho a participar y contribuir desde la política institucional. En plena campaña electoral, reivindicamos mayor participación política de las mujeres. Porque la menor presencia en número y cargos de responsabilidad no es fruto del azar o de la menor preparación, sino otra manifestación de la desigualdad que las mujeres sufrimos por el mero hecho de serlo.

* Coportavoz federal de EQUO. Firma también este artículo Carmen Molina, coportavoz de EQUO Andalucía y candidata de Podemos por Málaga

La transformación que la gente pide y Andalucía necesita

Rosa Martínez y Carmen Molina Cañadas, coportavoz de EQUO Andalucía

Articulo publicado en Eldiario.es Andalucia (25/02/2015)

Andalucía: 34,2% de tasa de paro (59% en jóvenes menores de 25 años); más de 3 millones de personas en riesgo de pobreza; desertificación de zonas agrícolas; corrupción galopante…

Estas son sólo algunas de las razones para la confluencia, para trabajar conjuntamente. El momento social y político que vivimos no deja margen para heróicas luchas individuales sino para sumar y trabajar por la transformación. Porque es transformación lo que Andalucía necesita; ni cambio, ni reformas, ni parches: transformación radical de las políticas que se llevan a cabo, primero, y de la forma de hacer política, después.

No olvidemos que el PSOE lleva 35 años ocupando el Gobierno de la Junta de Andalucía, con lo todo lo que ello supone. Prácticas irregulares, o cuando menos anómalas, son la norma y el funcionamiento general de la administración y las instituciones que se van degradando sin que eso sea noticia ya.

Para Equo y Podemos la prioridad absoluta es darle otro rumbo a la política andaluza. Una apuesta por las personas y sus derechos, por una economía que cree empleo sin comprometer el futuro y una regeneración democrática que ponga fin a 4 décadas de amiguismo y corrupción. Para que esta transformación por la que apostamos sea posible, debemos sumar. Las resistencias van a ser duras, pero hay que dejar claro que tras las propuestas hay una gran mayoría social que apoya y desea una nueva política.

La crisis económica, social, política y ecológica que nos sacude, ha atizado igualmente nuestra conciencia política. Las plataformas ciudadanas de confluencia han sido los primeros espacios en los que se han dado los primeros pasos para un entendimiento y colaboración entre agentes políticos y sociales para dar un giro a la política. Esta visión compartida, que no idéntica, tiene la suficiente fuerza como para lanzar un proyecto común para Andalucía.

El momento de excepcionalidad política exige nuevas formas de entender las alianzas y los acuerdos, primando la colaboración sobre la competencia, para trabajar por el objetivo común de recuperar la política para las personas, pensando en la sostenibilidad de nuestra sociedad y recuperando la calidad democrática.

Siempre hemos considerado EQUO como una herramienta de transformación social y participación. Queremos que nuestras propuestas de cambio de modelo de producción y consumo, de buen vivir y de democracia participativa sean parte de la ola de transformación que ya está en marcha. Y después de las elecciones seguiremos trabajando en cada pueblo y en cada municipio por lograr la confluencia y defender la justicia social y ambiental.

Estamos viviendo un momento excepcional, trascendente y novedoso. Seamos conscientes también de que muchas miradas están puestas en Andalucía, que seremos pioneros en demostrar que la nueva forma de hacer política, basada en la generosidad y el interés de la sociedad por encima de egos personales y colectivos.

Y en este proceso de transformación es imprescindible la participación y el compromiso de todos y de todas, no sólo de los agentes políticos, sino también de la ciudadanía. Contamos con sumar votos, sí, pero también apoyos, ilusiones, fuerza y legitimidad para hacer viable la alternativa que Andalucía necesita y se merece.

El Buen Vivir: una alternativa al capitalismo

Resumen de la ponencia en la III Asamblea de Equo Asturias. 12 Claves de Futuro
Publicado en la web de Equo Asturias (15/02/2015)

Si en los años 60 los movimientos de lucha y reivindicación se les consideraban subversivos, era porque efectivamente buscaban subvertir el sistema y sustituirlo por otro diferente. En los últimos 15-20 años, lo que se ha buscado es consolidar y expandir nuestro concepto de desarrollo basado en la acumulación material. Esto se ha hecho sin tener en cuenta dos aspectos:

  1. Los límites el Planeta, no estamos teniendo en cuenta la imposibilidad material de que toda la población mundial produzca y consuma en los niveles que los países occidentales lo estamos haciendo en nombre del desarrollo;

  2. No cuestionamos el modelo ni el concepto de desarrollo, aunque esa acumulación material no está asegurada para la mayoría de la población, y aunque su mantenimiento es una amenaza para la seguridad, la libertad y la identidad de miles de millones de personas en el mundo.

Este tipo de desarrollo es el defendido y promovido por el capitalismo, un sistema explotador de personas y recursos que pone la democracia a su servicio con el fin último del crecimiento económico y la creación de riqueza. Pero este sistema en el que vivimos tiene tres grandes limitaciones que son las que están en el origen de la crisis social, económica y ecológica en la que nos encontramos:

  • Su visión economicista de la sociedad y de la actividad humana deja de lado todo aquello que no tiene valor monetario, sin importar el valor social que pueda tener: los trabajos de cuidados, la salud o la calidad del aire que se respira.

  • No redistribuye la riqueza material. El capitalismo genera desigualdades, que suponen la violación continua de derechos lo que inevitablemente mina la democracia.

  • Funciona de espaldas y a expensas de la naturaleza. Ha prevalecido la idea de que la sociedad es algo contrapuesto o que está fuera de la naturaleza, cuando la humanidad es parte de la naturaleza, y que todo nuestro entorno, incluidas las asfaltadas y hormigonadas ciudades son naturaleza.

El Buen Vivir

En este contexto mundial están surgiendo cada vez más iniciativas y propuestas que buscan un modelo diferente. Una de ellas es el concepto de Buen Vivir, que algunos países de Latinoamérica están incluyendo en sus constituciones, recuperando conceptos y filosofías de las comunidades indígenas. Sin embargo, no es algo tan lejano culturalmente ya que el Buen Vivir se nutre y recoge aportaciones de filosofías políticas occidentales como el marxismo, el ecologismo o el feminismo.

El Buen Vivir es otra manera de organizar y vertebrar los objetivos y los recursos de la sociedad de forma que se respeten los derechos de las personas, se construya un nuevo régimen económico y se recuperen las diversas soberanías que hemos ido cediendo a los poderes económicos.

Los derechos humanos, apoyados y ampliados con garantías sociales, económicas, ambientales son la base del Buen Vivir. La base y objetivo de toda acción política deben ser los derechos, pero unos derechos y ampliados que incluyan la justicia social y también la ambiental. Esto incluiría la alimentación, el agua potable, la energía, la vivienda; un acceso universal y gratuito a la sanidad, educación y servicios sociales, el derecho a un medio ambiente sano, y a la cultura y el ocio, siempre desde el respeto a la diversidad.

Respecto al nuevo régimen económico, la primera premisa es que debe estar en armonía con la naturaleza, esto es respetar los límites del Planeta, teniendo como objetivo la dignidad humana y la calidad de vida de las personas. La apuesta es una economía social y solidaria con otros valores que la competencia y el beneficio económico, como por ejemplo la dimensión colectiva de las actividades económicas.

Por último, el Buen Vivir exige el fortalecimiento de la democracia, con una mayor participación y la promoción de las decisiones conjuntas y comunitarias, en detrimento de las minorías que hoy ejercen el poder: élites poĺíticas y económicas.

Otro desarrollo y desmercantilización

Si bien mucho de lo defendido por el Buen Vivir se da o puede darse dentro del capitalismo, hay dos aspectos fundamentales que cuestionan el corazón de la lógica actual del sistema. Una es el concepto de desarrollo. Para el Buen Vivir una sociedad desarrollada es aquella que asegura las mismas posibilidades cuando no se tienen los mismos recursos. La calidad de vida, las oportunidades y las decisiones de las personas no deben ser fruto del azar y de las circunstancias. El desarrollo llegará cuando las condiciones materiales y económicas o culturales o de género, no condicionen las opciones de vida de una persona.

En segundo lugar, el Buen Vivir promueve la desmercantilización de los recursos naturales (agua, alimentación o energía), pero también de las personas. Tanto los recursos como las personas tienen que dejar de ser considerados como meros instrumentos de producción del sistema capitalista. Esto cambiaría la lógica imperante del funcionamiento de la sociedad, la economía y la política, la mercantil, dando paso a la lógica de los derechos.

Una transformación radical del sistema

Aplicar el Buen Vivir supone una transformación radical del sistema. Lo que se busca es un sistema que no genere desigualdad; no viole sistemáticamente los derechos humanos; no ponga en peligro el equilibrio ambiental y no anule a la democracia.

Para lograr esta transformación es imprescindible poner la ética en el centro de nuestras acciones: el respeto y cuidado de la vida debe ser el objetivo de la sociedad, no la economía. El crecimiento económico y el beneficio económico deben dejar paso a conceptos como libertad, igualdad, equidad, solidaridad como principios rectores del funcionamiento del sistema. Inevitablemente necesitamos construir, de forma democrática, sociedades democráticas que recuperen lo público, lo universal y lo gratuito.

El Buen Vivir es por tanto lo opuesto a lo que nos ha traído aquí y es, sin duda, el horizonte al que nos debemos dirigir para salir de aquí.

Sin ecología no hay futuro, sin mujeres no hay democracia

B7dwdYgCUAAXrzbEste post recoge algunas ideas de mi intervención en el I Foro del Sur de Europa, donde partidos verdes y de izquierda nos reunimos para intercambiar puntos de vista sobre las alternativas a las políticas de austeridad y neoliberales que se han impuesto a los estados del Sur de Europa.

 

La transformación radical del sistema a la que aspiramos debe tener como punto de partida la democracia y los derechos, pero con dos perspectivas claves: la ecológica y la feminista.

Para establecer este sistema social y económico han tenido que desmontar la democracia. Revertirlo pasa inevitablemente por reconstruirla. Esto significa una regeneración democrática del sistema y los partidos; y una verdadera democracia participativa en la que la ciudadanía sea agente activo en la toma de decisiones políticas. Sin embargo, no podremos llamarle democracia mientras la mitad de la población esté infra-representada en la política. No hablo sólo de porcentajes o de cuotas, sino de visibilidad, liderazgo, responsabilidad, poder. No hay más vieja política que la hecha exclusivamente por hombres.

Por su parte, los derechos deben ser la base, el objetivo y la guía de todas las políticas. Recuperar la política para las personas significa defender, asegurar y promover los derechos humanos y sociales. Sin embargo, la lucha por los derechos debe evolucionar con la sociedad, y debemos incorporar nuevos derechos claves en el siglo XXI, ambientales y digitales, y asegurar los derechos a colectivos a los que aún se les niega, LGTBi+, por ejemplo.

Hoy en día hablar de exclusión social es asumir la violación sistemática de los derechos humanos de las personas que en ella se encuentran. Las mujeres sufren en mayor número y con mayor fuerza la pobreza en nuestra sociedad, y gran parte de las personas que intentan atravesar las fronteras sur de Europa en busca de una oportunidad son refugiados climáticos (así en masculino, porque las mujeres migran mucho menos, y cuando lo hacen son doblemente explotadas por las mafias).

Estas breves ideas, son una pequeña muestra de que cualquier propuesta, alternativa, fuerza, coalición o visión de cambio sólo será realmente transformadora si:

  • incluye los derechos y la justicia ambiental. La lucha del siglo XXI será por el control de los recursos: energía, agua, alimentos ( necesidades básicas de las personas)
  • incorpora la lucha feminista, ya que no hay mayor opresión que la del patriarcado y no se puede obviar los derechos de la mitad de la población mundial.

A la hora de formar gobierno Alexis Tsipras ha tenido en cuenta la primera parte. Ha nombrado secretario de estado de Medio Ambiente a un miembro del partido ecologista que era parte de Syriza. Veremos que margen de maniobra tiene dentro del macro-ministerio de producción, pero el gesto es simbólico y asegura que al menos se dará la lucha en el gobierno por asegurar que la transción de la economía griega se haga con criterios ecológicos.

Sin embargo, una vez más, las mujeres se han quedado fuera de la revolución. Ni una mujer entre sus 11 ministros. ¿Significa eso que no hay mujeres capaces de dirigir un ministerio en Grecia o que Tsipras no ha querido mirar más allá de los tradicionales círculos de poder masculinos? La izquierda nos debe a las mujeres la lucha feminista desde que existe. En Grecia, esta deuda sigue aumentando.

Ojalá que aquí lo sepamos entender: sin ecología no hay futuro, sin mujeres no hay democracia.