Archivos Mensuales: enero 2015

Sin ecología no hay futuro, sin mujeres no hay democracia

B7dwdYgCUAAXrzbEste post recoge algunas ideas de mi intervención en el I Foro del Sur de Europa, donde partidos verdes y de izquierda nos reunimos para intercambiar puntos de vista sobre las alternativas a las políticas de austeridad y neoliberales que se han impuesto a los estados del Sur de Europa.

 

La transformación radical del sistema a la que aspiramos debe tener como punto de partida la democracia y los derechos, pero con dos perspectivas claves: la ecológica y la feminista.

Para establecer este sistema social y económico han tenido que desmontar la democracia. Revertirlo pasa inevitablemente por reconstruirla. Esto significa una regeneración democrática del sistema y los partidos; y una verdadera democracia participativa en la que la ciudadanía sea agente activo en la toma de decisiones políticas. Sin embargo, no podremos llamarle democracia mientras la mitad de la población esté infra-representada en la política. No hablo sólo de porcentajes o de cuotas, sino de visibilidad, liderazgo, responsabilidad, poder. No hay más vieja política que la hecha exclusivamente por hombres.

Por su parte, los derechos deben ser la base, el objetivo y la guía de todas las políticas. Recuperar la política para las personas significa defender, asegurar y promover los derechos humanos y sociales. Sin embargo, la lucha por los derechos debe evolucionar con la sociedad, y debemos incorporar nuevos derechos claves en el siglo XXI, ambientales y digitales, y asegurar los derechos a colectivos a los que aún se les niega, LGTBi+, por ejemplo.

Hoy en día hablar de exclusión social es asumir la violación sistemática de los derechos humanos de las personas que en ella se encuentran. Las mujeres sufren en mayor número y con mayor fuerza la pobreza en nuestra sociedad, y gran parte de las personas que intentan atravesar las fronteras sur de Europa en busca de una oportunidad son refugiados climáticos (así en masculino, porque las mujeres migran mucho menos, y cuando lo hacen son doblemente explotadas por las mafias).

Estas breves ideas, son una pequeña muestra de que cualquier propuesta, alternativa, fuerza, coalición o visión de cambio sólo será realmente transformadora si:

  • incluye los derechos y la justicia ambiental. La lucha del siglo XXI será por el control de los recursos: energía, agua, alimentos ( necesidades básicas de las personas)
  • incorpora la lucha feminista, ya que no hay mayor opresión que la del patriarcado y no se puede obviar los derechos de la mitad de la población mundial.

A la hora de formar gobierno Alexis Tsipras ha tenido en cuenta la primera parte. Ha nombrado secretario de estado de Medio Ambiente a un miembro del partido ecologista que era parte de Syriza. Veremos que margen de maniobra tiene dentro del macro-ministerio de producción, pero el gesto es simbólico y asegura que al menos se dará la lucha en el gobierno por asegurar que la transción de la economía griega se haga con criterios ecológicos.

Sin embargo, una vez más, las mujeres se han quedado fuera de la revolución. Ni una mujer entre sus 11 ministros. ¿Significa eso que no hay mujeres capaces de dirigir un ministerio en Grecia o que Tsipras no ha querido mirar más allá de los tradicionales círculos de poder masculinos? La izquierda nos debe a las mujeres la lucha feminista desde que existe. En Grecia, esta deuda sigue aumentando.

Ojalá que aquí lo sepamos entender: sin ecología no hay futuro, sin mujeres no hay democracia.

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Educación para la sostenibilidad: un motor para el cambio global

Articulo publicado en el Green European Journal, originalmente en inglés (04/12/2014) y traducido a castellano (08/01/2015)
En medio de la crisis global nadie se atreve a discutir que vivimos en un mundo cambiante y lleno de desafíos, especialmente en relación al medio ambiente. No son solo los Verdes los que lo dicen, sino también el Consejo de la Unión Europea: “A comienzos del siglo XXI, la Unión Europea hace frente a un número considerable de retos interrelacionados, entre ellos las consecuencias económicas y sociales de la crisis financiera mundial, el cambio climático, la disminución de los recursos hídricos y energéticos, la pérdida de biodiversidad, las amenazas a la seguridad alimenticia y los riesgos sanitarios” 1

Una cuestión importante es si la ciudadanía tiene el conocimiento, las habilidades y las actitudes necesarias para entender y hacer frente a los retos a los que nos enfrentamos como sociedad. La complejidad del nuestro mundo, que incluye aspectos culturales, sociales, económicos y medioambientales, nos lleva a cuestionarnos directamente el concepto de alfabetización. ¿Es suficiente saber leer y escribir en esta sociedad lleno de desafíos? Obviamente no. Entre las muchas competencias y destrezas que se pueden reclamar como esenciales para entender nuestro mundo, destacamos dos: la alfabetización crítica: lo que permite pensar “diferente” y cuestionar las asunciones universales sobre nuestro mundo; y la alfabetización medioambiental y científica: no se trata de entender lo que la ciencia estudia, sino también aquello por lo que la política debería preocuparse.

En este sentido, hemos visto en la última década como el concepto de Educación para la Sostenibilidad o Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS) se ha generalizado. La ONU declaró la 2005 – 2014 como la década de la EDS, la mayor parte de los currículos nacionales incluyen el concepto de sostenibilidad y en todo el mundo existe una gran oferta de educación no-formal y programas de concienciación. Pero, ¿están siendo estos esfuerzos e iniciativas eficientes? En otras palabras, ¿está teniendo la actual Educación para la Sostenibilidad un impacto en el cambio de comportamiento y actitudes? Y sobre todo, ¿están logrando concienciar sobre la necesidad de un nuevo modelo económico y social para hacer frente a este reto?

Estas preguntas deberían responderse teniendo en cuenta la respuesta de otra pregunta: ¿cuál es el objetivo de la educación? ¿Qué queremos conseguir con la educación de las personas? Teniendo en cuenta la importancia de los retos a los que nos enfrentamos, la educación debería ser considerada como agente del cambio socio-cultural y no simplemente un eje de la economía o un transmisor de valores culturales. La pedagogía crítica, fundada por el educador brasileño Paulo Freire, considera la educación como una herramienta emancipadora, en oposición al concepto “bancario” de la educación, en la que la persona es considerada como una cuenta bancaria vacía en la que el profesorado deposita el conocimiento. La educación crítica quiere mostrar que el cambio es posible y que las realidades sociales que vivimos no tienen porqué ser como son.

Desde este pensamiento crítico y analítico, la pedagogía ha dado un paso más hacia el llamado aprendizaje transformador. Inicialmente, este concepto nació para hacer al alumnado cuestionarse sus asunciones o hábitos de pensamiento. Sin embargo, este concepto está actualmente ligado a los grandes retos del cambio social y la sostenibilidad. Basándose en el concepto de aprendizaje transformador, algunos autores han identificado 3 niveles de EDS:

ESD 1 – Promueve y facilita cambios e lo que hacemos y cómo vivimos. Se aprende para un desarrollo sostenible. Implica concienciación sobre la necesidad de reducir la huella de carbono de nuestras actividades. Se basa en un enfoque conductista: se explica los hechos del cambio climático y las acciones a llevar a cabo. Trata de hacer las cosas mejor.

ESD 2 – Habilitar y hacer realidad una forma de vida sostenible: Trabaja sobre la capacidad de pensar críticamente lo que dicen los expertos. Busca explorar las contradicciones del modelo y a cuestionarse los valores. Su objetivo no es tener un impacto ambiental sino emponderar a la gente para aceptar la responsabilidad de tomar decisiones para el cambio. Trata de hacer cosas mejores.

ESD 3 – Transformar la visión del mundo. Busca llevar a ver las cosas de diferente manera. El alumnado cuestiona paradigmas y deconstruye valores y asunciones para crear una nueva forma de ver el mundo y por ende transformarlo.
La mayor parte de la Educación para el Desarrollo Sostenible ofrecida en el mundo corresponde al primer nivel: es la visión de la UNESCO; la que define la década de ESD de la ONU; el principal enfoque utilizado en la educación formal y para la mayor parte de actividades educativas. Se ha demostrado que este enfoque apenas cambia comportamientos. El alumnado entiende las razones y reconocen las soluciones propuestas (hechos), pero no encuentra la motivación para pasar a la acción, ni busca las razones para hacerlo. La ESD 2 quiere que el alumnado piense por sí mismo, analice las alternativas y tome sus decisiones. Este enfoque es más importante para nuestro futuro, ya que depende más de nuestra capacidad de análisis y de construir alternativas, que en nuestra aceptación en que se nos diga lo que tenemos que hacer. Por último, la EDS 3 es el paradigma del cambio. Estos tres tipos de ESD no son ni opuestos ni mutuamente excluyentes, se complementan y cada uno tiene su función en construir un mundo más sostenible.

Sin embargo, estamos de acuerdo en que reducir la ESD a una simple explicación de hechos y acciones no es suficiente para afrontar de forma efectiva los retos medioambientales. ¿Qué aspectos deberían incluirse en la ESD para conseguir dotar a las personas con el conocimiento y las habilidades necesarias para entender y construir una alternativa a la actual crisis ecológica?

El documento mencionado anteriormente del Consejo de la Unión Europea señala algunos aspectos que contribuirían realmente a mejorar el impacto de la ESD, tanto en el medio ambiente como en un cambio de valores:

Una perspectiva de aprendizaje a lo largo de la vida, esto es incluir la EDS en todos los niveles de educación y formación formal y no-formal.
Un aprendizaje basado en valores, tales como la justicia, la equidad, la tolerancia, la suficiencia y la responsabilidad hacia las generaciones futuras.
Pensamiento sistémico, necesario para entender la complejidad de un mundo, en el que todo está conectado a otras cosas.
Una llamada a la acción, no hay que entender sino también actuar.

En lo que se refiere al último punto, es importante que el alumnado encuentre una motivación para la acción. Los conocimientos y capacidades se adquieren mejor a través de la experiencia personal (cuando el aprendizaje es relevante y cercano). En este sentido, hay otros aspectos que sugerimos incluir en la ESD:

Un enfoque constructivista en el que el alumnado construya su propio aprendizaje y juegue un papel activo en el proceso (frente al enfoque conductista que dice lo que hay que hacer y aprender)
Usar un tono positivo, que huya de mensajes pesimistas y catastrofistas y pida a al alumnado que propongan sus propias acciones (pensamiento creativo e innovación)
Introducir la dimensión local de los retos globales, subrayando el rol de las comunidades locales y las personas en encontrar soluciones al cambio climático.

Desde un punto de vista educativo, este tipo de EDS se ajustaría a los elementos que la didáctica más innovadora apuntan como el futuro de la educación: enfoque centrado en el alumnado, temas y contextos importantes para el alumnado, énfasis en el pensamiento crítico y la resolución de problemas, creatividad, etc. En lo que se refiere a la sostenibilidad, la concienciación sobre el cambio climático y sus consecuencias se incrementaría tratando cuestiones locales y buscando la motivación de actuar en algo directamente relacionado con sus sentimientos y su identidad.

Un ejemplo de este tipo de ESD es Schools for Resilience (www.schools-for-resilience.eu), un proyecto en marcha financiado por el Programa de Aprendizaje Permanente de la UE. Liderado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, en él participan diferentes actores educativos de Reino Unido, Irlanda, Dinamarca, Italia y Letonia. Su objetivo es desarrollar materiales educativos para una educación para la sostenibilidad transformadora:
que busca entender y responder positivamente a los cambios globales con soluciones locales
a través de la cual el alumnado construirá su propia contribución a la sostenibilidad según las necesidades de su entorno.

El proyecto se basa en tres ideas claves: pensamiento sistémico, resilencia personal y comunitaria y valores:
Crear comunidades que sean compatibles con los procesos de la naturaleza para una vida sostenible, requiere conocimientos básicos de ecología.
Actuar de forma resiliente en cualquier contexto o situación exige conocimiento y habilidades personales, de construcción de equipo y sostenibilidad.
Los valores son claves para promover formas de pensar sostenibles. El proyecto busca trabajar tres valores principales: respeto por la naturaleza y cuidado de nuestro planeta, igualdad de oportunidades para que todas las personas pueda decidir cómo vivir su vida y respecto por generaciones futuras.
Es un proyecto piloto que está trabajando en el desarrollo de una secuencia didáctica para secundaria, pero apunta en la buena dirección con una educación para la sostenibilidad holística y transformadora basada en metodologías didácticas innovadoras (i.e. aprendizaje fuera del aula).

Pero, ¿existen actualmente este tipo de programas en Europa? Sí, en algunos países. Sin embargo, hay una gran diferencia a nivel nacional principalmente relativa a la conciencia sobre sostenibilidad que tiene cada país, pero también en lo referente a la cultura y la tradición educativa de cada sistema. Desde luego, sería interesante analizar las diferentes formas en las que la educación para la sostenibilidad se enfoca en cada país, y ver la relación con las actitudes y valores de la sociedad hacia el cambio climático y la sostenibilidad. La concienciación de la gente, la comprensión y la percepción sobre el cambio climático y la crisis ecológica no deben menospreciarse en la acción global por la sostenibilidad y la justicia ambiental. No menospreciemos la educación como motor del cambio global.