Archivos Mensuales: diciembre 2014

Mujeres de Mongolia

Rosa Martínez y Guillermo Rodríguez

Artículo publicado en el blog de Guillermo Rodríguez Desde el Este (29/12/2014)

De la convivencia con familias nómadas mongolas puedes contar muchas cosas, revivir experiencias únicas e incluso sacar lecciones de vida. Sin embargo, elegimos compartir nuestras impresiones sobre el papel de la mujer en la sociedad de Mongolia. En los miles de kilómetros recorridos por estepas y desiertos, fuimos testigos de la invisibilidad y el silencio de muchas mujeres. Asumían la responsabilidad del hogar, del ganado, de la alimentación y del bienestar de los huéspedes, pero lo hacían desde la discreción, desde un segundo plano, que no era evidente, ni grosero, ni manifiestamente discriminatorio. Y sin embargo, para nosotros, viajeros occidentales con gafas violetas, la vida cotidiana de las mujeres en los ger no dejaba de sacudirnos una y otra vez en cada familia y en cualquier momento del día: no oíamos su voz, no compartían ni la conversación ni el momento de descanso que los hombres de la casa (maridos, padres, hermanos) disfrutaban con nosotros, los huéspedes, en el centro de la estancia, mientras ellas se movían en la sombra y el silencio de la periferia del hogar siempre ocupadas.

Y sin embargo, habíamos leído sobre el empoderamiento de la mujer en Mongolia. En los últimos años, las tasas universitarias de las mujeres han sido entre un 60% y un 70% mayores que las de los hombres. Quienes emprenden en Mongolia son ellas, en la medida en que los hombres se quedan con el ganado y abandonan la formación, y comprobamos que los negocios –tiendas, comercios o restaurantes– en núcleos urbanos como la capital o los polvorientos pueblos en medio del desierto eran gestionados mayoritariamente por mujeres.

Pensando en lo que vivimos en Europa, nos preguntábamos si esa liberación que percibíamos en las zonas urbanas tendría un impacto en el hogar y en la relación con sus parejas, si las familias de esas emprendedoras serían diferentes a las que habíamos conocido en la Mongolia rural: ¿sería la emancipación económica un primer paso hacia la emancipación real, como lo había supuesto en Occidente?

Foto de Rosa Martínez
Foto de Rosa Martínez

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Hemos de confesar que, en realidad, después de reflexionar sobre esa evidente invisibilidad de las mujeres, no éramos capaces de enumerar grandes diferencias con lo que hasta hace bien poco han vivido las mujeres españolas y siguen viviendo en muchos contextos: El desequilibrio en la carga de trabajo, la sumisión y el servicio a los demás (hombres, familia, huéspedes), el nulo valor o reconocimiento al trabajo de cuidados, la ausencia de voz… Es verdad que en nuestra sociedad se han producido cambios, y que en una gran parte de la sociedad la evidencia ha dejado paso a la sutileza en las formas de discriminación de la mujer. Pero la realidad es que la opresión y discriminación de la mujer hoy en Occidente viene dada precisamente por las aparentes conquistas de empoderamiento y libertad, que se han convertido en parte de los elementos sustentadores del patriarcado del siglo XXI: el trabajo remunerado fuera de casa que se convierte en doble jornada; la libertad para vestirse y mostrar el cuerpo que se ha convertido en la principal herramienta de objetivación sexual de la mujer; o la libertad sexual, que a menudo se ha subordinado a la sexualidad masculina.

El sometimiento de la mujer en las familias nómadas nos fue evidente. Y esto nos hizo por una parte darnos cuenta de que en realidad eran situaciones para nada extrañas o impensables en nuestra sociedad; y por otra recelar de la libertad y emancipación que la independencia económica puede traer a las mujeres mongolas, tal y como ha supuesto a las mujeres en Occidente. En realidad, lejos de hacernos sentir satisfechos por el camino recorrido, esta experiencia nos ha hecho pensar en la profundidad que todavía tiene la discriminación de la mujer en nuestra cultura. Y por supuesto, nos ha recordado la necesidad de continuar la lucha por la igualdad real de las mujeres, tanto allí como aquí.

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2014: un año muy EQUO

10257856_720760601280061_8157344797434988953_nPues en vez de resumir el año con Facebook o con las aplicaciones varias que nos inundan desde hace días, yo vuelvo no al tradicional lápiz y papel sino a la eterna palabra. Si 2014 merece un reconocimiento especial hecho a base de palabras es porque todo lo que ha significado, está significando y probablemente vaya a significar en las próximas etapas de vida.

Empecé el año saliendo de mi zona de confort, en lo personal y en lo político, y he ido aprendiendo a avanzar en lo desconocido sin tener claro el camino que pisaba, a dar pasos sin ni siquiera saber si habría suelo donde apoyar el pie. Me he dado cuenta de que es absurdo el miedo a caerse, que a lo que a lo que debemos temer es a no saber levantarnos. Quiero pensar que la lección de este 2014 es que la seguridad en nosotras mismas es lo único seguro que tenemos en esta vida, y que con ella en la mochila nos atreveremos a transitar caminos nuevos que no nos hubieramos imaginado o simplemente no nos hubieramos atrevido.

Cuando en diciembre de 2013 decido presentarme a las primarias para las elecciones europeas y abrirme (¡por fin!) una cuenta de twitter ni se me pasó por la cabeza la sucesión de hechos y circunstancias que supondrían verme, un año después, de coportavoz federal de Equo. Quedan lejos ya las primarias, los actos y debates como candidata en campaña electoral, la alegría de lo conseguido y el ahora qué. Un poco más cerca la Uni Verde, mi candidatura a la coportavocía y la Asamblea Federal. Y ya es parte de mi día a día ejercer de coportavoz, contribuyendo al proyecto global de cambio, de justicia social y ambiental, en el que la democracia y la transparencia sean los principios irrenunciables de funcionamiento. Siento que mi aventura política lo ha teñido todo y que aún no he llegado a ningún sitio, sino que acabo de empezar a andar. El reto de transformar radicalmente el sistema, la sociedad y los valores que lo rigen está ahí mismo, delante de mi, y no tendré ningún temor ni reparo en afrontarlo.

Ha sido un año intenso en experiencias y emociones, que me han demostrado la subestimada capacidad de aprendizaje y adaptación que tiene el ser humano. Echo la vista atrás y me encuentro con personas, muchas personas. Algunas ya estaban, otras llegaron con el año, y otras muchas se han ido sumando para quedarse. Miro hacia atrás y en los momentos importantes del año veo las mismas caras, y solo deseo que en 2015 sigan ahí conmigo. Gracias a quienes me habéis acompañado, apoyado, querido, enseñado e incluso cabreado a veces, en la política y en la vida.

Y por si todo esto fuera poco, en 2014 he cumplido un sueño que tenía casi olvidado, dándome cuenta de que todos los sueños están hechos para cumplirse. Quien sabe si en 2015 otro sueño de esos que erróneamente clasificamos como “incumplibles” entrará a formar parte de mi vida. Es un bonito deseo en todo caso.10257856_720760601280061_8157344797434988953_n

Ganemos, una visión desde la ecología política

Rosa Martínez, coportavoz de EQUO y Florent Marcellesi, futuro eurodiputado de EQUO – Primavera Europea

Artículo publicado en Revista Transversales (número 33 octubre 2014-enero 2015)

En nuestro país la política local ha replicado el modelo político existente a nivel nacional. En muchos casos, especialmente en las grandes ciudades, la política local se ha alejado de la ciudadanía y de sus necesidades directas. Se ha apostado por inversiones millonarias en proyectos insostenibles y de poco o nulo valor social, poniendo el acento en los intereses económicos y no en sus habitantes. No es de extrañar, por tanto, que sean Barcelona y Madrid las ciudades en las que sus dos iniciativas ciudadanas municipalistas han abanderando el movimiento ciudadano para recuperar el protagonismo de la política local y cambiarla profundamente.

Sin embargo, más allá de las pésimas políticas locales de los últimos años, los diferentes Ganemos surgidos por toda la geografía son hijos del momento de hartazgo político en el que vivimos. La indignación empieza a transformarse en acción con el 15M. El empoderamiento ciudadano y la toma de conciencia de la responsabilidad individual que cada uno tenemos en la transformación social han permitido que desde 2011 muchas personas canalicen su activismo político en movimientos ciudadanos de todo tipo (contra los desahucios, por un nuevo modelo energético, por una democracia real…), pero también en nuevos partidos políticos que apuestan por nuevas formas de hacer política (EQUO, Partido X, Podemos…).

En estos años hemos entendido que la acción y transformación desde abajo son imprescindibles para el cambio. De la misma manera, la negligencia e incompetencia de los poderes públicos ante la urgencia democrática, social y ecológica (así como su connivencia con el poder económico) nos ha demostrado que la presencia en política es igualmente irrenunciable. Es decir, necesitamos tener un pie en la calle y otro en las instituciones. Lo innovador de estos movimientos de participación política es que surgen como espacios de confluencia entre el activismo social y local y el activismo político.

Pero, ¿quiénes son los Ganemos?

“Somos la gente” decía Ada Colau en la presentación de Guanyem Barcelona. Y eso es lo que son estos movimientos, la ciudadanía, personas: afiliadas a partidos políticos o no, activistas sociales y locales, personas sin adscripción que no militan ni participan en ninguna organización, con o sin ideología política. Gente que comparte un deseo: acceder al poder institucional para rescatar a las personas y el Planeta.

Y ese es el alma de los Ganemos. Personas que se reúnen en espacios de confluencia en torno a una causa común. Están surgiendo por todo el territorio, siempre en clave local y respondiendo a las características ciudadanas, políticas y militantes de cada lugar. No hay fórmulas universalmente a­pli­cables para organizar óptimamente estos espacios. La experiencia de Guanyem Bar­celona o Ganemos Madrid surgida des­de la ciudadanía y los movimientos sociales pue­de no ser replicable en ciudades don­de no exista ese humus de activismo social más o menos organizado ni tradición de autogestión o autoorganización de la ciudadanía.

En estos casos, pueden ser los partidos po­lí­ticos (evidentemente, aquellos que comparten el objetivo de recuperar la política para la ciudadanía) los que sirvan de catalizador para el lanzamiento de un Ganemos.

Sería un error fijarnos sólo en el origen o grupo promotor de cada uno de los movimientos para decidir si es un movimiento ciudadano o la tan temible “sopa de siglas de partidos”. Consideremos en cambio si tienen una actitud incluyente o excluyente, cómo se toman las decisiones, cómo se organizan sus integrantes (partidos políticos, movimientos sociales y personas sin adscripción), sus normas de funcionamiento interno, su compromiso con la igualdad de género y la radicalidad democrática, y por supuesto unos principios y causas comunes irrenunciables que deben ser asumidos por todas las partes. Nuestra apuesta: ecología política, democracia, equidad y feminismo.

El reto de hacer política sin parecerse a la política que queremos cambiar

Los Ganemos se integran en (y han integrado) las exigencias de regeneración democrática que la sociedad está reclamando. La distancia entre la clase política y la ciudadanía, el secuestro del interés general en nombre del beneficio de unos pocos y los escándalos de corrupción son los elementos que se quieren desterrar en las “nuevas formas de hacer política”.

En primer lugar, se exige una mayor participación ciudadana y una democratización de la toma de decisiones y del funcionamiento interno de los partidos políticos. Esto, trasladado a los Ganemos, ha de traducirse en una organización horizontal donde las decisiones se tomen de forma asamblearia y que la delegación de responsabilidades se asiente en estrictos procesos de rendición de cuentas. Además de la horizontalidad organizativa, deben ofrecer mecanismos de participación ciudadana en su desarrollo: contactos y consultas con asociaciones vecinales, reuniones abiertas en torno a temas de interés, etc.

En este sentido, una de las claves es la elección de las listas electorales. A estas alturas, nadie duda ya de que deben hacerse a través de primarias abiertas en las que participe toda la ciudadanía. No deben pactarse puestos de salida entre las organizaciones más fuertes (sean partidos políticos o mo­vimientos sociales), pero sí puede ser de­seable en algunos casos establecer ciertos mecanismos que aseguren la diversidad del movimiento. Lo que sí nos parece necesario es establecer criterios organizativos que garanticen la igualdad de oportunidades entre todas las personas candidatas con independencia de los recursos con los que cuente la organización en la que milita.

Otra cuestión irrenunciable es la paridad y, desde nuestro punto de vista, las listas cremallera. De hecho, la participación de las mujeres es otro de los grandes retos democráticos y participativos de estos espacios de confluencia entre activismo social y político. Los Ganemos pueden ser el canal ideal para fomentar y animar a las mujeres activistas en movimientos sociales y organizaciones locales a dar el paso a la política institucional en su pueblo o ciudad. Tienen que asegurar que se recoge la experiencia en política no institucional de las mujeres y que éstas son parte activa y visible de los movimientos: queremos movimientos ciudadanos liderados por mujeres. En este sen­­tido que Ada Colau e Inés Sabanés sean una de las cabezas más visibles y mediáticas de Guanyem Barcelona y Ganemos Ma­drid, son dos excelentes ejemplos y un modelo impagable de liderazgo de mujeres en política local. Al mismo tiempo, hay que hacer un trabajo de base y sistemático que haga de estos nuevos espacios de participación políticos lugares amables para las mujeres, en los que no encuentren los tradicionales impedimentos y condicionantes que o bien limitan su participación o bien la desmotivan.

Por último, sólo mostrando coherencia en el discurso y en las prácticas relativas a la regeneración democrática se puede recuperar confianza de la ciudadanía en la política. La transparencia en el funcionamiento de la plataforma hacia el exterior debe ser irrenunciable y rigurosa (publicación de actas, documentos, presupuestos, reuniones, etc.) Además debe mostrarse una tolerancia cero con la corrupción y la financiación debe ser transparente e independiente de los bancos. No se puede olvidar, tal y co­mo establece EQUO en su resolución de apoyo a los movimientos ciudadanos, un compromiso de control ciudadano de los cargos electos y un código ético que sea cumplido escrupulosamente en lo referente a ingresos, contrataciones de cargos técnicos o la actividad en plenos.

¿Qué puede aportar la ecología política a los Ganemos?

La lógica de los Ganemos, y así lo están sabiendo ver todos sus actores, es la de llevar y defender en las instituciones a las que llegue una política orientada hacia las personas. Deben saber articular su propuesta más allá de la indignación y de una simple reacción contra las política de recortes y neoliberales. Deben ser propuestas en positivo e ilusionantes, que reflejen un cambio de modelo en la ciudad. Tal y como hizo Guanyem en su manifiesto, sería un acierto introducir transversalmente democracia, justicia y ecología para darle un contenido y una trascendencia política potente al proyecto político que representan.

Por su parte, la ecología política debe alimentar estos movimientos ciudadanos. Entre otras cosas, puede ayudar a construir programas coherentes y alternativos, y que den soluciones completas, creíbles y a largo plazo a los retos sociales, democráticos y medioambientales. Integrar los tres aspectos en las políticas locales es clave para invertir en un modelo socioeconómico que ponga a las personas en el centro, siempre respetando los límites del Planeta. Porque si bien se trata de ganar y llegar al poder, hay que hacerlo con un rumbo e ideas claras. Hay que ganar el poder para enfrentarnos al derrumbe progresivo de la sociedad productivista y consumista, imaginar juntos una sociedad alternativa y de­seable, y avanzar hacia un nuevo modelo de ciudad.

En este sentido, la ecología política juega un papel fundamental porque nos muestra que:

1. La era del crecimiento, la del consumo de masas, con energía barata y abundante, basada en el tener más para vivir mejor, ha terminado. Para siempre, porque no es posible que vuelva y porque tampoco es deseable. El crecimiento se ha convertido en una obsesión patológica moderna, es decir un factor de crisis que genera falsas expectativas, obstaculiza la búsqueda de bienestar y amenaza el planeta. El crecimiento ya no es la solución, es un problema central (1).

2. Dentro de este nuevo paradigma “post-crecimiento”, las ciudades -cunas de los Ganemos- son nudos gordianos. Las ciudades consumieron en 2006 en torno al 67% de la energía primaria mundial y fueron responsables del 71% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionados

con los combustibles fósiles. Por tanto, para garantizar la supervivencia civilizada de la humanidad, es urgente cambiar de raíz nuestras ciudades, puesto que ellas son a la vez el reflejo de un modelo socio-económico insostenible e injusto y un sujeto activo del cambio global.

3. Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización. Como bien analiza el manifiesto Última Llamada (2), “es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. (…) Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo”.

Para generar respuestas a la altura del desa­fío social, económico y ecológico actual, es primordial que los Ganemos asuman estos puntos de partida y que consigan trasladar a nivel local la necesidad de esta gran transición: “de la ciudad de la expansión ilimitada a la ciudad adaptada a los límites de biocapacidad glocal” (3), es decir hacia una ciudad de la justicia social y ambiental. Para construir esta ciudad donde seamos capaces de vivir bien y felices dentro de los límites ecológicos del Planeta y de forma democrática y solidaria, la ecología política aporta una serie de ideas clave (4).

– Adecuar la ciudad y su territorio a su biocapacidad: cada ciudad, o mejor dicho co­marca, debe tener en cuenta la capacidad de carga de su territorio para la reorientación de su organización socio-económica. En particular, hay que calcular la cantidad de tierra agrícola necesaria para abastecer a la población y compararla con los usos actuales para determinar cuál es la necesidad de superficie agraria y crear una reserva de suelo al respecto.

– Parar el crecimiento de las ciudades: Es preciso poner fin a la expansión urbana y tener un plan de contención de la urbanización y la artificialización del suelo. Al mismo tiempo, también es preciso poner fin a la construcción de grandes infraestructuras de transporte que conllevan el “sprawl” urbano, el uso intenso de energía fósil o del coche.

– Reciclar y revalorizar las ciudades existentes: no existe necesidad de construir más sino de repartir mejor el stock de viviendas (hay más de 3 millones de viviendas vacías en España), sin aumentar la presión sobre el suelo y además haciendo efectivo el derecho a la vivienda para todas y todos. Por otro lado, la rehabilitación se sitúa como un eje prioritario 1) ecológico, puesto que permite grandes reducciones del consumo energético y de la emisión de CO2, 2) socio-económico porque es una enorme fuente de empleo verde (5).

– Relocalizar las actividades: debemos construir un modelo económico donde primen las distancias cortas, es decir donde produzcamos localmente lo que consumimos localmente: huertos urbanos, descentralización de la producción de energía renovables, puesta en marcha de monedas locales que favorecen el comercio de cercanía, cooperativas o grupos de consumo que relacionen sin intermediarios a personas productoras y consumidoras a nivel local y privilegien un modo de vida ecológico.

– Favorecer una movilidad sostenible: Significa apostar prioritariamente por el peatón y la bici, así como el transporte colectivo, reduciendo el uso del coche. Su­po­ne a su vez construir ciudades policéntricas, donde se supere el urbanismo funcionalista (que separa por sus funciones las diferentes zonas de la ciudad: comerciales, dormitorios, actividades económicas, ocio; y que requiere el coche como elemento vertebrador) y se apueste por la mezcla de actividades y usos en nuestros barrios.

– Reequilibrar ciudad y campo: esto supone por un lado fomentar la reconversión de tierras hoy dedicadas al monocultivo (como puede ser el agroforestal) en tierras cultivables. Además de ser una fuente de empleo importante (6), implica revalorizar también el trabajo en el campo y el papel del campesinado en nuestra sociedad, y plan­tear un reequilibrio progresivo del re­parto de población entre campo y ciudad.

– Democratizar la ciudad: el tamaño desmedido de las ciudades aleja considerablemente la ciudadanía de los ámbitos de decisión. Sin embargo, ciudades como Porto Alegre (un millón de habitantes) han puesto en marcha presupuestos participativos que siguen, en teoría, un sistema abajo-arriba donde las asambleas de barrio discuten las propuestas y sus representantes las a­cuer­dan en asambleas del conjunto urbano. Para ello, se requiere una ciudad o un territorio policéntricos: a escala humana (es de­cir a pie o en bici) y de democracia directa, que luego se coordine de forma supralocal (comarca, cuenca hidrográfica, región, Es­tado, Europa) a través de mecanismos también democráticos y transparentes.

– Cambiar de valores y de mentalidad: No habrá disminución radical de la huella ecológica sin un cambio de mentalidad y de hábitos de consumo. En el ámbito de la movilidad sostenible, un buen ejemplo es el “Car sharing”, o desde una visión global, las cooperativas de viviendas, que practican la cesión de uso, ponen en común espacios y electrodomésticos entre los habitantes, apuestan por la biorehabilitación y fijan precios asequibles y justos.

Creemos que con estas condiciones, las iniciativas ciudadanas municipalistas estarán dando respuesta a la demanda ciudadana de cooperación frente a las políticas neoliberales y de recortes. Pero además, lo hacen con el valor añadido de no ceñirse a los partidos políticos, sino que suman e integran a otras organizaciones sociales y, lo que es más importante, a la ciudadanía. Y to­do ello, cooperando por una causa común: ganar la política local para las personas.

Notas

1. Véase Gadrey, Marcellesi, Barragué (2013): Adiós al crecimiento. Vivir en un mundo solidario y sostenible (El Viejo Topo) o el artículo Marcellesi (2013): “De la sociedad del crecimiento a la sociedad del vivir bien”

2. Véase en su web

3. Esta transición nos tendría que permitir al mismo tiempo alcanzar un decrecimiento del 45% de la huella ecológica media de las ciudades calculada para el año 2005 y mantener un Índice de Desarrollo Humano alto (es decir superior a 0,8 según Naciones Unidas). Véase Orcáriz, J., Prats, F. (2009):Informe Global España 2020/50. Programa ciudades. Hacia un pacto de las ciudades españolas ante el cambio global. Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental.

4. Para más detalles, véase “Ciudad y decrecimiento: los retos ecológicos de la urbe del siglo XXI” (Marcellesi, 2013).

5. Según un informe del Conama, la reforma de 10 millones de viviendas en el Estado español hasta 2050 para reducir su gasto de calefacción un 80% y cubrir un 60% de las necesidades de agua caliente puede generar unos 130.000 al año empleos nuevos en una primera fase de aquí a 2020.

6. Según varias hipótesis, se necesitaría en torno a un 30% más de trabajo si se pasara de la agricultura industrial a una agricultura mayoritariamente ecológica. Por otro lado, la relocalización de la producción y una apuesta decidida por la soberanía alimentaria es una gran fuente de empleo. Por ejemplo, en Euskadi si se planteara un objetivo de autoabastecimiento agrícola del 20% (hoy es del 5%), esto supondría la dedicación de más de 330.000 Ha. y el aumento de la población activa de 1.5% hasta el 5% (25.000 puestos de trabajo).

 

La Intocable del 78: renovarse o morir

Artículo publicado en La Marea (06/12/2014)

Permítanme ser directa. A día de hoy tenemos dos opciones: seguir andando en círculos o crear colectivamente un nuevo camino. Con la primera opción nos acabaremos mordiendo en el culo, si no nos caemos antes mareadas y asqueadas. Con la segunda, al menos se abre un horizonte al que dirigirnos. La primera es la opción de los que se niegan a ver que el régimen del 78 está agotado, hablo de Rajoy, hablo de Pedro Sánchez y hablo de Mariló Montero. La segunda es la de todas las que pensamos que el origen de la crisis política, económica y ecológica se encuentra, precisamente, en los puntos negros de nuestra actual Constitución.

La Constitución de 1978, la Intocable, ha creado un sistema incapaz de regenerarse o corregirse, y que además hace tiempo que ha olvidado el objetivo principal para el que fue creado: servir a los intereses de la ciudadanía. Las nuevas generaciones tenemos el derecho y el deber de exigir la revisión y la reconstrucción de los pactos del pasado. La ciudadanía votó sí (aunque hoy eso represente apenas el 30% de la población actual), pero no participó. La legitimidad de entonces está en entredicho, tanto por las demandas de las generaciones más jóvenes, como por las tensiones y distorsiones que el régimen salido de la transición provoca en nuestra sociedad.

Recordemos que, muy a pesar de algunos, los de siempre, ya tenemos sobre la mesa el primer elemento necesario –aunque no suficiente- para todo proceso constituyente: un consenso ciudadano amplio sobre la necesidad de cambio. Y aunque se niegue, somos muchas ya las que creemos inaplazable actualizar la Constitución del 78, la Intocable, porque se está desangrando desde hace demasiado tiempo. Las hemorragias internas se han convertido con la crisis en heridas visibles y escandalosas, solucionadas con tiritas neoliberales todavía más escandalosas e injustas, como la reforma del artículo 135. La Intocable ha entrado en este último año en la UCI por culpa de un infarto soberanista y un trasplante urgente de monarca.

El diagnóstico es claro: hay que empezar a debatir una nueva Constitución que siente las bases para atajar de raíz la crisis política, económica y ecológica en la que estamos empantanados. Esto no se hace de un día para otro, y sin embargo nada urge más que la refundación de nuestra sociedad a partir de un nuevo marco normativo. Debemos avanzar hacia la reformulación de un Estado en consonancia con los valores de democracia, igualdad, participación y colaboración.

La apuesta de EQUO es un Estado republicano, federal y laico; cuyos principios rectores sean la transparencia, la rendición de cuentas y la revocación de cargos públicos como herramientas de lucha contra la corrupción. Es inaplazable igualmente la reforma de la Justicia para garantizar su independencia y asegurar la protección de los derechos que deberán ser ampliados asegurando el buen vivir de las personas. Y por último, debe afrontarse una reforma del sistema electoral que sea efectivamente proporcional y garantice al mismo tiempo la representación territorial.

Y todo este debate puede darse de dos maneras. Tal y como se hizo en 1978: 7 hombres encerrados en una habitación en representación de los partidos políticos para decidir la organización política del país. O por el contrario, un proceso constituyente abierto, participativo y transparente en el que la ciudadanía sea protagonista.

En el proceso constituyente que ponga fin al régimen corrupto, injusto y obsoleto de la Intocable, los partidos deberán ser un actor más, una herramienta para la participación. Es imprescindible involucrar a representantes de la sociedad civil y a personas sin adscripción a ningún tipo de organización. Las consultas y los debates deben ser abiertos a toda la ciudadanía; con una escrupulosa rendición de cuentas y transparencia de las negociaciones y los procesos de decisión. Esta es la forma de hacer política que nosotros defendemos desde nuestros inicios. Y es exactamente la misma que está demandando la sociedad española en estos momentos y que se está practicando por toda la geografía española en los espacios de confluencia ciudadana.

La soberanía, el poder de decisión, reside en la ciudadanía. Nadie puede negarnos el debate y estamos en nuestro derecho de dotarnos de una nueva Constitución que dé respuesta a los retos y necesidades del siglo XXI. Quédense con estas palabras: proceso constituyente. No sólo van a ocupar el centro del debate político en 2015, sino que es el único camino hacia la regeneración democrática.

#Cofrentes17: La lucha por poder luchar

Cuando la noCofrentes17ticia es que quien lucha por un mundo mejor se sienta en el banquillo de los acusados, sientes que algo está mal, muy mal. Sientes que no puedes llamar justicia a un sistema en el que las acciones pacíficas de protesta se convierte en un riesgo para la integridad de los participantes o simplemente son delito.

Algo no funciona, cuando la única manera que tiene la ciudadanía para expresar su descontento con el sistema es realizar acciones llamativas para poner en el centro del debate político cuestiones de máximo calado para nuestro presente y nuestro futuro. Si los medios de comunicación no respaldan el debate, si las autoridades emprenden políticas sin oir a la ciudadanía, si no hay foros de discusión y participación en la toma de decisiones estratégicas ¿qué nos queda para hacernos oir?

La acción de la armada en Canarias y el juicio a los activistas de Cofrentes se enmarcan dentro de la gran tradicción activista y de protesta de Greenpeace en defensa del medio ambiente y despertando conciencias sobre las consecuencias que la acción de la humanidad tiene sobre nuestro entorno. Pero no son los únicos, personas de toda condición y edad están sufriendo también los recortes en derechos fundamentales como la libertad de expresión o de manifestación. Las cargas policiales, las multas, la denegación de permisos, las detenciones… todo es parte de una estrategia de miedo y disuasión a la protesta que se verá reforzada y sancionada con rango de ley si finalmente se aprueba la llamada Ley Mordaza.

#Cofrentes17 es un símbolo de la lucha antinuclear, sí, pero también de quienes arriesgan por ir a contracorriente, por denunciar los abusos del sistema, por representar opiniones contrarias a la política y a la economía de los poderosos.

Apoyo a #Cofrentes17, y a todas y a cada una de las personas que se arriesgan, cada día un poco más, por hacer llegar su lucha allí donde el poder no les deja: a los medios de comunicación y al debate político. Tenemos derecho a protestar, y seguiremos haciéndolo, pacífica y constantemente.