Archivos Mensuales: mayo 2014

Emociones europeas

ep_electionsCreo que la lectura (y escritura!) compulsiva de análisis y opiniones sobre los resultados de las elecciones está siendo una ocupación común dentro del entorno de Equo. En un ciclo que se retroalimenta, y que puede durar, no sólo hasta que esté todo dicho (aunque…¿cuándo ha parado eso una bola de opinión?) sino como mínimo hasta agosto, que nos vayamos todos de vacaciones. Y aún y todo, con las tablets y portátiles nos veo en el chiringuito legalizado por la Ley de Costas de Cañete dándole aún vueltas al tema.

No me mal interpreten, no me lo tomo a guasa. Intento poner en perspectiva el masivo lanzamiento de datos, porcentajes, hipótesis, teorías, afirmaciones y hasta vaticinios que acompañan a cualquier análisis digno de llamarse así. Y de lo que estoy leyendo, sobre todo lo escrito por Equo, me fijo especialmente en las emociones que los resultados nos han producido.

El objetivo era un eurodiputado y se ha conseguido. Esto es motivo suficiente para que muchas nos sintamos felices y con la sensación del deber cumplido. Sin embargo, el número y porcentaje de votos obtenidos, que en líneas generales no ha supuesto un aumento desde las generales de 2011 (incluso descenso en algunos territorios) nos produce también en paralelo cierta decepción y preocupación.

Es curioso como el logro de un objetivo marcado colectivamente sea capaz de provocar emociones contradictorias en un mismo grupo (¡y en una misma persona!). En un ejercicio de cinismo intelectual, podríamos divertirnos imaginando que aún mejorando considerablemente los resultados en todos los territorios, no hubiéramos conseguido representación. (Ni me molesto en hacer los cálculos matemáticos, es una simple entelequia especulativa, pongan ustedes las condiciones que consideren oportunas) ¿Se sentiría peor quien está contento con los resultados y sería más feliz quien se siente defraudado por el número de votos?

Dicen que la decepción va ligada a las expectativas. ¿Qué esperaba de estas elecciones cada una de las personas que formamos EQUO? ¿De verdad creíamos posible duplicar el número de votos a nivel estatal? ¿Soñábamos con un segundo eurodiputado? Cada una que se responda a sí misma, pero bien es cierto que cuando deseas algo con todas tus fuerzas, cuando dedicas tiempo y esfuerzo a hacer que funcione y cuando te involucras emocionalmente en ello, llega un punto en que el DESEAR algo y el CREER QUE VA A OCURRIR se confunden. En realidad no tienes indicios racionales para creerlo, pero lo deseas con tanta fuerza que lo conviertes en certeza (desde una oferta de trabajo a la persona amada) ¿Teníamos realmente motivos objetivos para preveer un aumento considerable de votos?

Cada una sabrá lo que tenía en la cabeza, aunque sí que es verdad que todo el trabajo hecho y las buenas sensaciones que nos llegaban de la campaña nos ha llevado quizá a pensar que íbamos a dar el salto. Si ha sido esto, quizá no hemos tenido en cuenta dos aspectos: el limitadísimo impacto cuantitativo de las mesas, charlas y actos varios en los que se ha basado principalmente nuestra campaña,  (además de la más que modesta presencia mediática); y la dificultad de transformar la simpatía en voto en dos semanas.

Y como no hay escrito sobre las elecciones que se precie sin mencionar a Podemos, pues ahí voy: Si nuestros propios resultados dan lugar a emociones divergentes, los de Podemos dan para cubrir todo el “emocionario”: asombro, alegría, decepción, ilusión, envidia, admiración, incomprensión, enfado, hostilidad, entusiasmo… creo que podemos encontrar un poco de todo y en diferente medida. Y me queda la duda de cómo hubieramos reaccionado emocionalmente cada una de las personas de EQUO, ante nuestros mismos resultados en un escenario con resultados menos abrumadores para Podemos. Otra entelequia para la reflexión.

Si he querido hablar de las emociones, es porque EQUO, y sobre todo esta campaña la hemos hecho las personas. Por encima de la racionalidad de datos y argumentos políticos, están las emociones que todo eso nos provoca. Poco podemos hacer con ellas salvo reconocerlas, intentar entenderlas y respetarlas. Hecho esto, pues entonces quizás estaremos en condiciones de analizar y evaluar los datos puramente políticos para extraer lo mejor de ellos para el futuro, en vez de usarlos para justificar nuestras propias emociones.

Y la segunda derivada, que nos obliga a hilar más fino: ¿cómo reacciono ante emociones opuestas a las mías generadas por los mismos resultados? ¿Siento desconfianza? ¿Soy capaz de empatizar? ¿Me aleja de esa persona?

Habrá a quien esto le parezca una chorrada. “Allá cuidaos”, que dice mi abuela.

 

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